Compras impulsivas: así nos empuja el entorno digital a comprar sin pensar
Ofertas urgentes, anuncios constantes y decisiones rápidas, las claves de un hábito que puede perjudicar a tu bolsillo sin apenas darte cuenta
Seguro que alguna vez te has visto revisando algo en el móvil (mails, redes sociales, WhatsApp, noticias, páginas webs...) y de repente, sin saber bien cómo, has acabado comprando algo. Todo ocurre en solo unos minutos y a este tipo de consumo se le conoce como compras impulsivas.
Relacionadas
Forman parte de la vida acelerada que llevamos, en la que el consumo ya no espera a que lo busquemos, sino que aparece en medio de cualquier otra cosa: mientras descansamos, cuando estamos cansados o simplemente aburridos. Es precisamente en esos momentos de menor atención donde encuentra su terreno más abonado.
El auge del consumo reversible o cómo la Generación Z revoluciona las compras online
Una compra impulsiva es aquella que no responde a una necesidad real ni a una decisión meditada, sino a un estímulo momentáneo. Puede ser una emoción (estrés, euforia, cansancio...) o un contexto que nos empuja a ello (una oferta que parece irrepetible, una cuenta atrás a punto de agotarse, un mensaje que insiste en que quedan pocas unidades...). De esta forma, podemos decir que no se trata tanto de qué compramos, sino de cómo y por qué lo hacemos.
Y es que, detrás de estas compras no hay solo una cuestión de voluntad, sino que el entorno está diseñado precisamente para lo contrario: acortar al máximo la distancia entre el deseo y la compra. En marketing se habla de reducir la "carga cognitiva", es decir, hacer que pensemos lo menos posible antes de decidir porque cuanto menos tiempo haya para dudar, más fácil resultará actuar por impulso.
Un mismo patrón
En este tipo de compras, el proceso suele repetirse con bastante precisión: primero aparece el producto, en un anuncio, una red social o una recomendación que parece cercana; después surge una pequeña reacción emocional, un "lo quiero" casi automático; enseguida llega la justificación, rápida y convincente -"no es caro", "me lo merezco"- y, sin apenas pausa, se realiza la compra. A esto le sigue una breve satisfacción que, en muchos casos, dejará pronto paso al olvido o incluso a un cierto sentimiento de culpa.
Prácticos consejos para no gastar de más al hacer el cambio de armario
Compras online
De un tiempo a esta parte, el entorno digital ha transformado por completo la forma de consumir y tiene mucho que ver en las compras impulsivas. Las redes sociales mezclan contenido, entretenimiento y publicidad de forma que es casi imposible distinguirlos; así, cuando una influencer recomienda un producto, parece más una sugerencia de alguien cercano que un mensaje comercial. Esa sensación de cercanía hace que bajemos la guardia y sea más fácil caer en una compra innecesaria. La repetición también influye y es que, cuanto más vemos algo, más familiar nos resulta y más fácil es confiar en ello, aunque no tengamos un motivo real.
'Bombardeo' de anuncios
El efecto de persecución publicitaria es otra de las cosas que también influye en las compras impulsivas. Basta con mirar un producto una vez para que empiece un auténtico bombardeo de anuncios en cualquier espacio digital. A esto se suman los llamados patrones oscuros, es decir, estrategias de diseño pensadas para empujarnos a tomar decisiones sin que seamos apenas conscientes de ello. Ventanas emergentes, descuentos que caducan en minutos, registros obligatorios, información poco clara o escondida… todo contribuye a que lo fácil sea comprar y lo difícil no hacerlo.
La sensación de escasez o de urgencia, la sobrecarga de información que impide pensar con calma o el uso de diseños que dirigen la atención hacia una opción concreta son algunos mecanismos especialmente eficaces. Incluso la incorporación de dinámicas propias del juego, con recompensas o puntos, convierte la compra en algo más automático y continuo.
Hay que decir que el problema no suele estar en una compra aislada, sino cuando estas se acumulan. Y es que, pequeñas cantidades que apenas se perciben en el momento, pueden acabar perjudicando al bolsillo.
Comprar ahora y pagar después, el consumo que esconde una trampa invisible
Comprar con cabeza
Frente a todo esto, la solución no pasa tanto por no comprar, sino por hacerlo con cabeza. Esperar unas horas o un par de días puede ser suficiente para que la sensación de urgencia desaparezca y la decisión se vea con más claridad. También ayuda ceñirse a una lista, evitar guardar los datos de pago o desactivar notificaciones que actúan como estímulos constantes.
En el fondo, se trata de darse un tiempo para tomar una decisión en un entorno que precisamente empuja justo en la dirección contraria. No se trata tanto de dejar de consumir, sino de hacerlo de una forma algo más consciente, más tranquila y, probablemente, más adecuada a nuestras necesidades.
Temas
Más en Economía doméstica
-
Consejos para comprar una vivienda: 12 preguntas en tu primera visita
-
¿Puedes faltar trabajo si se ha averiado tu coche? El abogado laboralista Juanma Lorente responde
-
'Multitasking': la trampa de la multitarea, un hábito tan extendido como ineficaz
-
¿Te puedes quedar con la fruta de un árbol de tu vecino si sus ramas invaden tu jardín?