No son lo mismo. No son la misma persona. Fernández de las Heras es Súper Mario y Lozán el fontanero. Entre los dos suman un personaje de vídeo juego que ha regresado a la palestra tras seis años de separación. En 2017 se imponían en el Provincial de paleta argentina, único título oficial de Mario Fernández de las Heras, zaguero de 56 años, liberado desde hace un tiempo de Electra Vitoria, Orona hoy en día, súper empresa que se ocupa de llevarnos de arriba abajo y de abajo arriba todo el día. El tipo parece que ya ha hecho lo suficiente y anda tranquilo. Sergio Lozán, erre que erre, todavía se mete en vereda para cuidarse de nuestra fontanería, matándose a guardias, de un lado para otro, pero con tiempo para la argentina, su deporte favorito de toda la vida; en Argentina, fútbol, rugby y paleta argentina –frontón o trinquete, depende del sitio–, acaparan el interés y el tiempo libre de sus jóvenes. Sergio comenzó de chaval, a los 15, pero sólo aguantó cuatro o cinco años, hasta los 20. Luego se vistió de futbolista y con la treintena regresó a la cancha, al trinquete para ser exacto, y ahí sigue. “En Argentina no pasé de un buen tercera y aquí, sin embargo, puedo vanagloriarme de haber conseguido algunas bonitas cosas entre los mejores”, reconoce sin ambages, directo y sincero. Suma varios provinciales con diferentes compañeros, una final del GRABNI junto a Peio Beristain y una final de Liga Vasca en compañía de Ariel Musri, el otro argentino que se sumó a la causa para elevar el nivel de la paleta argentina en nuestra casa. Lozán ha cumplido los 57.

En la antesala del campeonato de Álava de esta temporada Mario y Sergio disputaban juntos el Abierto de Paleta Argentina de Álava, preámbulo del Provincial y laboratorio de ensayo para coger la forma. Una cita menor que los pelotaris aprovecharon para entrenar mientras se celebra el campeonato en pared izquierda. “Mario se deja el corazón como compañero y le quiero muchísimo como persona” descubre Sergio. “Es el compañero perfecto: un peleas, un guerrero, un luchador”, resume; “para un delantero, el compañero perfecto en el que confiar”. En Argentina tuvo a alguien muy parecido al lado, Omar Balbo, “con una personalidad muy afín a la de Mario”.

“Sergio”, es el turno de Mario, “es un delantero técnico con quien me resulta sencillo jugar. Sé dónde colocarme y qué hacer en cada momento. Me olvido de todo lo demás”. Cada uno asume lo suyo. Tan contentos. “Confiamos el uno en el otro y nos decimos lo que haya que decirse porque nunca lo entenderemos del lado malo”, coinciden los dos.

En la final del Irekia se encontraron enfrente a Musri y María Sáez Arzamendi, los favoritos. María, pareja y compañera de Lozán en una edición anterior –“que acabamos ganando”– hizo un partido brillante, como acostumbra, porque es una deportista tenaz, inflexible y muy inteligente. Un hueso duro de roer. Mario aguantó el bombardeo. Sergio y Ariel pelearon delante. Sergio atravesó un momento de desacierto cuando el partido les iba mejor pero se sobrepuso. Sin embargo Ariel no encontró la manera de hacer daño, ni jugando hacia atrás ni a la hora de rematar. María y él habían llegado imbatidos al último partido y se vieron sorprendidos por la entereza y concentración de sus rivales. “Fuimos regulares, ni mejores ni peores”, resumen Mario y Sergio, que repiten experiencia en el campeonato alavés de primera donde “las cosas no van como quisiéramos. Hemos perdido los dos partidos que hemos jugado por un margen muy estrecho, 30-28. El resultado no ha sido bueno pero sí las sensaciones”. En la máxima categoría coinciden 8 parejas “y puede ganar cualquiera. Todo está muy igualado este año”. No obstante, si hay que señalar a los favoritos, “creemos que Ane Ibáñez con Nagore Martín y Ariel con María están quizá un poco por encima del resto”.

En cuanto a la estrategia a seguir, coinciden en que “llevarse bien con tu pareja te lleva al éxito, pero el esfuerzo es innegociable. Tanto como la positividad y no bajar nunca los brazos”. En resumen, la clave está “en no salirte del partido, marchar parejos y apretar a partir del tanto 20”. Una cuestión de actitud, así de sencillo… “y que coincidan las de los dos; predisposición y buena cara”.

Fernández de las Heras llegó tarde al trinquete, a los 35, “aunque –es miembro del grupo de pala de Gamarra– llevo jugando toda la vida a pala, pero en frontón”. La casualidad nos hizo coincidir en Araca a mediados de los ochenta, él más joven, pero todo un veterano cuando llegué yo. Un par de artilleros con un frontón cerca, próximo a las baterías donde nos tocó vivir unos meses. Le recuerdo pequeño, con cara de niño, tranquilo y muy buen chico, de los que se portaba bien con los recién llegados al CIR. Uno de la batería de servicios y el otro destinado a Plana Mayor, ¡cómo sonaba eso! Todavía recuerda –dice, yo no– los paletazos que dimos juntos en aquel frontón, de verde caqui deportivo ambos, “que te ganaba siempre”. Pues no sé. Seguro que sí, pero lo de aquellos años debió quedarse en la nube, con las fotos del celular que nunca más veré. Qué tiempos aquellos. Hoy en día, Mario, la patria y su preocupación caminan por otros derroteros. Mejor. Como miembro activo de la Plataforma Ciudadana por la Libertad y los Derechos Humanos vigila que, lo que Naciones Unidas proclamó en 1948 tras los horrores de la segunda guerra mundial en relación a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, alcance su máximo grado de cumplimiento. Y como resulta que la política y los políticos lo olvidan todo con facilidad, para quedarse casi siempre con las pequeñas cuitas, él y un pequeño número de ciudadanos anónimos, “pellizcan la conciencia general en beneficio del pueblo a partir de la libertad de expresión, de reunión, de acceso al conocimiento, a la cooperación y…”. Súper Mario in vigilando. Ojito.

Lozán opina que un buen delantero debe estar hecho de esta manera: un 40% de buen saque, el otro 40% de buena defensa “en dos asuntos muy propios: el dos paredes y el fraile” y por último, el 20% restante, “ser buen compañero… por encima incluso de rematar bien”.

Para Mario, el buen zaguero debe estar hecho de “consistencia, estrategia correcta, un buen físico y entender de comunicación”. Punto final. A ver cómo les va. Game over. l