Los medallistas vascos en los juegos olímpicos. Medalla 15

Iñaki Urdangarín y la moda del balonmano

12.07.2021 | 00:20
Integrantes del equipo de balonmano que logró la medalla de bronce en Sidney 2000. Foto: Efe

El lateral guipuzcoano, ya casado con la infanta Cristina de Borbón, copó las portadas en el bronce logrado por la selección estatal en Sídney 2000.

si algo bueno tuvo el matrimonio entre Iñaki Urdangarín y Cristina de Borbón es que por fin el balonmano comenzó a contar con la atención mediática que merecía. Con el interés que realmente merecían aquellos jugadores que lograron el bronce olímpico en Atlanta 96, la plata en el Europeo del 98 y de nuevo el bronce en el Europeo del 2000. Y es que, en esos momentos, el balonmano estatal estaba en la cumbre del panorama internacional, tan solo un escalón por debajo de potencias como Rusia, Suecia y Yugoslavia. El navarro Mateo Garralda y el irundarra Josu Olalla se atrevían a tutear a figuras como Magnus Wislander o Erik Hajas. No obstante, ambos volvieron a repetir presencia en la convocatoria de Juan de Dios Román para defender en Sídney el bronce olímpico. Sin embargo, en el 2000, la principal estrella de la selección estatal, el hombre que copaba las portadas, las fotos y la mayor cantidad de líneas era sin duda Urdangarín. Su boda en 1997 con la hija mediana de Juan Carlos I, el por aquel entonces rey de España, puso al balonmano en boca de todos. Y es que el lateral guipuzcoano, ya miembro de la Familia Real, no solo optó por no retirarse, sino que aceptó de nueva gana ser la cara visible de la selección en los Juegos. El deportista plebeyo. Por fin se habló de balonmano. Por fin ocupó telediarios, programas y tertulias. Y, por ello, las expectativas para la cita australiana fueron máximas.

Con todo, aunque pudiera parecer que era Urdangarín el líder sobre la cancha, lo cierto es que en el 40x20 eran realmente Garralda o Guijosa –que acababa de ser proclamado mejor jugador del mundo– quienes llevaban la voz cantante. Aunque con mucha menos publicidad. Al fin y al cabo, los partidos no se ganaban gracias a la fama y España consiguió alcanzar las semifinales, su techo, gracias al trabajo colectivo y al esfuerzo. Mucho esfuerzo. Porque los de Román sufrieron de lo lindo. De hecho, en la fase de grupos ganaron tres partidos. Pero perdieron dos. Es decir, comenzaron con una trabajada victoria ante Túnez (24-22), una de las selecciones más potentes de África; y golearon a Australia (39-23), el oponente más sencillo de esta primera fase. Sin embargo, Francia les puso en su sitio con un igualado 23-25 y Suecia volvió a mostrarse un poco, pero suficiente, superior (27-28). Por ello, aunque España consiguió un tercer triunfo ante Eslovenia (31-28), este no fue suficiente para marchar por la parte sencilla del cuadro. Así que en cuartos tocó Alemania. La selección germana llegaba con los mismos objetivos que los de Román: las semifinales. Y a punto estuvo de lograrlas. Pero la suerte cayó del lado estatal y, en el último minuto de partido, ocurrió lo más improbable: que Alemania dejara marchar su tanto de ventaja, que su extremo Stefan Kretzschmar mandara la pelota al larguero y que Guijosa pusiera el 27-26 que mantuvo a los discípulos de Román con vida. Que los metió en la lucha por las medallas.

Con todo, en las semifinales volvió a tocar Suecia y, de nuevo, ocurrió lo de siempre. No hubo ni opción onírica. 25-32 y a pensar en el bronce. En el último partido de los Juegos de Sídney esperaba Yugoslavia. Un rival mejor sobre el papel, pero al que le pesó la cabeza. Un oponente que no llegó a recuperarse de su derrota en semifinales ante Rusia (28-26) y que se mostró cabizbaja e indolente ante España. Por ello, Garralda, Olalla, Urdangarín y compañía aprovecharon el regalo para endosar un irrebatible 26-22 y reeditar la medalla de bronce que ya consiguieron en los Juegos de Atlanta 96.

Caída y retirada No sería la última medalla olímpica del balonmano estatal, puesto que el idilio de la pega española con los Juegos se mantiene hasta la actualidad; pero sí fue la última presea conseguida con Iñaki Urdangarín. Y es que el por aquel entonces nuevo miembro de la Familia Real anunció su retirada tras Sídney. Se despidió del balonmano sobre la pista olímpica y, como agradecimiento a su labor deportiva y mediática, le escogieron como el abanderado de la delegación estatal para la ceremonia de clausura. Después se centró en la actividad empresarial y volvió a copar portadas por sus escándalos de corrupción. Por un caso Nóos que hizo olvidar y deteriorar sus triunfos sobre el parqué.

Urdangarían, Mateo Garralda y Josu Olalla repitieron en la convocatoria para defender el bronce de los Juegos de Atlanta

El lateral guipuzcoano fue abanderado en la ceremonia de clausura pero el caso Nóos deterioró sus éxitos deportivos

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