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Primeros pasos con altibajos desde las tablas del Principal

La EIJO protagoniza la apertura de la cuadragésimo quinta edición en un teatro con media entrada

Primeros pasos con altibajos desde las tablas del PrincipalAlex Larretxi

Con un único concierto dentro de la programación oficial en todo el día se ha puesto en marcha esta tarde la cuadragésimo quinta edición del Festival de Jazz de Gasteiz, la primera que se va a poder vivir casi con total normalidad desde hace tres años. El simbólico telón del certamen se ha subido desde un Principal a media entrada de la mano de la Euskadiko Ikasleen Jazz Orkestra (EIJO), proyecto que ya debutó en este mismo espacio y certamen en 2015, más allá de que, como es lógico, entre sus jóvenes integrantes no quede nadie de los de aquella promoción. 

Creaciones específicas para esta agrupación han conformado el esqueleto de una actuación que nunca ha podido ser redonda, a pesar de tener momentos álgidos con, por ejemplo, la interpretación de Itzultzen, de Miguel Blanco. Pero no todo el repertorio ha estado a la misma altura, sobre todo porque hay ocasiones en las que se intentan forzar fusiones con calzador en vez de dejar que los instrumentos y quienes les dan vida jueguen, más siendo jóvenes.

Público en el concierto de la EIJO en el Festival de Jazz de Vitoria 2022

 Sobre las tablas han estado, bajo la dirección deAlain Sancho(demasiado ocupado en decirle al público cuándo tenía que aplaudir), Nora Carramiñana y Paula Redondo (voz), Hector Viñas (alboka), Aiala Beato y Jon Tubia (batería), Alejandro Davies y Ibra Ndiaye (bajo), Yeray Parra e Iker Toribio (guitarra), Maialen Vicente y Nora Carramiñana (piano), Paul Muñoz, Hugo Domínguez, Enara Eguileta, Mario Arroyo y Aimar Alonso (saxofón), Ander Alkain (trikitixa), Asier Zufiaur, Adrián Zarrabeitia, Asier Gutiérrez y Martina Soto (trombón), Aimar Palacios, Aitor Abio, Imanol Suberviola y Xabier Aguado (trompeta), Urtzi Amuriza y Pau Egea (txalaparta) y Oiher Palacios (txistu).

Sin desmerecer para nada el trabajo de los músicos ni la validez del proyecto, se antoja un poco extraño que el festival se abra con una única actuación sin ningún extra con respecto a los tres conciertos gratuitos –en el de Vitoria cada entrada era de 15 euros– que de manera previa ha realizado la EIJO estos días en otras tantas localidades vascas. El certamen tenía que haber buscado ese algo especial tanto para el público como para los propios músicos. Y también los responsables de la big band tenían que haber encontrado algún momento para romper la estructura y el tono de un concierto demasiado previsible.