El yin y el yang representan fuerzas opuestas que a la vez son complementarias según la filosofía taoísta. Hagamos una comparación en términos de economía tradicional. La carne de pollo y la carne de cerdo se consideran bienes sustitutivos. Eso quiere decir que si sube el precio de uno, sube el consumo del otro. Lo mismo ocurre con frutas como la manzana y la pera: si sube el precio de una, compramos más de la otra. Incluso Mercadona llegó a admitir su error al no aplicar correctamente el concepto: tenía como estrategia vender siempre manzana de temporada. Costase lo que costase. Al final, el precio era prohibitivo. Nadie compraba. Pasamos a los bienes complementarios: si sube el precio de uno, baja el consumo del otro. Van en el mismo paquete. Sirven como ejemplos la entrada de cine y las palomitas o las raquetas y las pelotas de tenis.
En este enfoque, no podemos aplicar ninguna de estas definiciones al trabajo y el ocio. Se consideran a la vez sustitutivos y complementarios. En cierta forma, el uno no tiene sentido sin el otro. Si estamos todo el día trabajando, ¿para qué? Si estamos todo el día ociosos, ¿para qué? El planteamiento adecuado, siempre que nuestras circunstancias lo permitan, es combinar las dos posibilidades buscando un desarrollo personal que aporte bienestar a la comunidad y quienes nos rodean. ¿Cómo hacerlo?
Existen tres barreras que son muy limitantes. Es necesario trabajarlas por nuestra cuenta de manera exhaustiva. Obstáculo número uno: estamos sometidos a muchas adicciones y distracciones. Aunque en su mayor parte están relacionadas con las pantallas, no siempre es así. La relación más persistente es con la tecnología. Nos cuesta estar en casa sin un estímulo, como por ejemplo la radio o un poco de música. En muchas ocasiones usamos los teléfonos móviles como si fueran el suero que necesita un paciente del hospital: todo el rato con el aparatito encima. Lo que nos preocupa no es la falta de alimento, ya que eso se da por supuesto. Es la falta de batería. Obstáculo número dos, muy relacionado con el anterior: la incapacidad de concentrarnos. Tenemos muchos asuntos en la cabeza: hijos, trabajo, pareja, amigos, padres, planes o incertidumbres diversas. Es muy difícil estar completamente centrados en nuestras actividades. Sin embargo, merece la pena esforzarse por ello. Obstáculo número tres: no es fácil distinguir la apariencia de la realidad. El pensador francés Revel decía que “la primera fuerza que gobierna el mundo es la mentira”, y es difícil discrepar de él. No sólo los políticos faltan a la verdad; es algo más común de lo que parece. Si en algunas ocasiones, el trabajador se esfuerza en aparentar que su labor es muy complicada o poco valorada, el empresario dirá que la situación de los números es delicada y no tiene margen para subir los salarios. Sí, son ejemplos límites que nos deben a enseñar a ser cuidadosos y abrir los ojos. Y es que el primer engaño es siempre a uno mismo.
Es complicado, también, elegir adecuadamente ante la multitud de opciones que se nos abren. ¿Es mejor estar convencidos de lo que hacemos o se deben valorar los pros y contras hasta tomar una decisión? Personas aparentemente muy seguras de sí mismas son las más inseguras y lo mismo ocurre en sentido contrario. Yin, yang.
Respecto del trabajo, depende sobre todo de la edad de cada uno, de su formación y de su red de contactos. Nunca es tarde para adaptarse a los nuevos tiempos, aunque como dicen algunos pensadores ligeramente soberbios es mejor “crear nuestra propia realidad”. Muchas personas han readaptado sus aptitudes y han pasado de cuidar niños a hacerlo con mayores. En este sentido, la Formación Profesional debe estar adaptada a dos niveles: los cambios de la economía y la relación con las empresas para integrar trabajadores. Este camino formativo tiene dos ventajas en comparación con la Universidad: es más flexible y en muchas ocasiones tiene más salidas laborables.
Si el trabajo es particular, las vacaciones son más generales. Cuando llega esta época comenzamos a realizar planes para disfrutar de los días, despejarnos, desconectar, poder ver el mundo de otra forma. Es una buena idea: sólo pensar en actividades que podemos realizar nos relaja. Si nos organizamos correctamente, se puede disfrutar antes, durante y después de un viaje. Es el plan ideal: fluir de esa forma. Escapar de los planes prefabricados, buscar mecanismos de diversión que encajen con la desconexión. Como enseña el taoísmo, el Yin y el Yang. Esenciales para el equilibrio y la armonía, crean un equilibrio dinámico que se encuentra en constante transformación. Como nosotros.
Ya lo dijo Thoreau: “No basta con estar ocupados. Las hormigas también lo están. La pregunta es, ¿en qué estamos ocupados?”.
Economía de la Conducta. UNED de Tudela