Cuando trabajamos con un ordenador, lo normal es que lo encendamos al comenzar la jornada y lo apaguemos cuando terminemos. Y al día siguiente repitamos el ciclo. Pero, ¿y en casa? Encendemos el ordenador, nos vamos un rato a coger algo de picar, volvemos a sentarnos delante y trasteamos un rato más viendo una serie o buscando en las webs ese regalo que queremos hacer, salimos a hacer un recado, luego preparamos la cena y tras un rato, a la cama. ¿Qué hemos hecho con el ordenador? ¿Lo hemos apagado o se ha quedado encendido? Es más, ¿qué pasa si no se apaga?
A lo largo de un día de uso, habrá ratos de uso real del PC y otros en que solo esté encendido. En función de cómo se haya configurado, de vez en cuando, tras un rato sin actividad, el ordenador parece apagarse por sí mismo y se reactiva al pulsar alguna tecla o mover el ratón. En ocasiones habrá que volver a meter alguna clave. Aunque lo parezca, no estaba apagado, solo se ha puesto en modo de suspensión. Y esto puede suceder si no se apaga de forma efectiva cuando nos vamos a la cama. Entonces se plantea la duda, ¿hay alguna diferencia?
Apagado, suspendido o en hibernación
Para poder decidir, de entrada hay que diferenciar los tres estados de ordenador cuando no se está trabajando con él. Son tres, apagado, suspendido e hibernar. Aunque su apariencia es muy semejante, hay varias diferencias.
Apagar. La manera habitual cuando dejamos de trabajar. En este caso, el ordenador cierra todos los programas y deja de funcionar. No gasta energía y no se fragmenta la memoria interna. Cuando se ponga en marcha, será más lenta al empezar de cero
Hibernar. Si lo tenemos configurado para que hiberne, al apagarlo no cierra los programas y memoriza todo para que cuando se reactive pueda cargar todo tal y como lo habíamos dejado. Se pondrá en marcha más rápido que si lo apagamos completamente y nos encontraremos con todo listo para empezar directamente. Apenas gasta energía, solo la mínima para mantener activa la memoria RAM. No conviene usar este sistema como método recurrente, puede acabar afectando a la memoria.
Suspender. Poner en suspensión el PC es la manera de ponerlo de que se ponga en funcionamiento más rápido. En segundos estará operativo y nos encontraremos todo tal y como lo dejamos. En realidad no está apagado y consume cierta energía mientras está en stand by. Si se usa muy de seguido, conviene apagarlo del todo de vez en cuando para desfragmentar la memoria y ganar estabilidad.
Ventajas de apagarlo
Sabiendo las diferencias entre los tres modos, la ventaja evidente de la suspensión y de la hibernación es la rápida puesta en marcha en modo trabajo del PC prácticamente tal y como los habíamos dejado. Y aun entendiendo la humana dejadez y la comodidad de dejar que actúe por su cuenta o de hacer que conserve las cosas tal y como las hemos dejado antes de levantarnos del ordenador, hay una serie ventajas de apagarlo totalmente debemos tener en cuenta. Así las resumen expertos de la Universidad Pompeu Fabra en cuatro puntos:
- Actualizaciones. Las actualizaciones de seguridad se instalan en segundo plano, es decir, mientras el ordenador está a otra cosa. Pero estos cambios se llevarán a efecto la siguiente vez que se inicie, por lo que es necesario, sí o sí, apagarlo y volver a encenderlo.
- Limpiar la memoria. La memoria RAM de los ordenadores en ocasiones no se libera correctamente una vez se cierran las aplicaciones utilizadas, lo que puede provocar que el equipo vaya más lento. Apagarlo garantiza que esta memoria rápida y temporal se limpie y al arrancar otra vez, su rendimiento resulte óptimo.
- El desgaste de los componentes. La degradación de los componentes que forman parte de los ordenadores depende del número de horas que el equipo esté en funcionamiento. El ejemplo más clásico es el ventilador, suele sufrir un gran desgaste mecánico.
- La energía se expulsa en forma de calor. Quizá en una casa se note menos, pero en los espacios de trabajo con muchos ordenadores, estos tienden a calentarse y transmitir ese calor al ambiente, lo que, especialmente en verano haga que los climatizadores trabajen más y gasten más electricidad, tendrán que trabajar más y gastar más electricidad para enfriar el ambiente, generando un doble consumo energético sin necesidad, que no tiene utilidad alguna.
Por todo esto, apagar el ordenador, dejar que descanse, reiniciarlo desde cero va a permitir que se restauren en condiciones todas su funciones. Este empezar de cero, que también sirve para los teléfonos móviles, hasta que pequeñas fallas se restaures, que se eliminen zaborras digitales que a veces provocan extraños e inexplicables cuelgues. Por esto, el apagado nocturna es una buena herramienta de mantenimiento. En cambió, tras parada, un reposo momentáneo con vuelta al teclado, recomienda más una suspensión. Es el usuario el que elige, pero siempre con la idea clara que apagarlo del todo es necesario.