Sergi Vidal: “La leyenda de Dusko es más grande de lo que se cuenta”
El exjugador del Baskonia recuerda su llegada a Vitoria, su transformación defensiva y la dureza de los años bajo las órdenes de Ivanovic
Sergi Vidal hizo historia durante sus nueve temporadas en las filas del Baskonia. El escolta de Badalona, que perteneció al club azulgrana entre 2000 y 2009, formó parte de la etapa más gloriosa de la entidad vitoriana. Ahora, en el programa El Triplazo, ha repasado su trayectoria como baskonista y su etapa bajo las órdenes de Dusko Ivanovic, de quien destaca su capacidad para “hacerte llegar al límite y mejorar”.
En el podcast presentado por Fran Guillén y Fernando Martín, Sergi Vidal recordó buena parte de su carrera profesional. Y, como gran parte de ella transcurrió en el Baskonia, la charla giró durante muchos minutos en torno a sus días en Vitoria.
“Yo firmé en Vitoria porque, dos días antes de firmar un contrato que ya tenía con el Barça, llegó el Baskonia con una propuesta que a mí me atraía más. Básicamente, era la de estar al 100% con un equipo ACB”, recuerda Vidal sobre su llegada al club después de salir del Joventut con apenas 19 años.
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Por aquel entonces, sin embargo, no todos confiaban en que pudiera llegar tan lejos como terminó haciéndolo. “Yo tenía un problema, o eso me decían, y era que en Badalona no tenían claro si podía ser jugador de baloncesto profesional porque no defendía. Ahora hace gracia, porque al echar la vista atrás se piensa: ‘Este chico defendía increíble’”, reconoce.
Ese era, según admite el propio Vidal, el mayor déficit de un jugador que en categorías inferiores había destacado especialmente por su “talento ofensivo”. “No iban mal desencaminados”, admite Vidal. De hecho, Alfredo Salazar, que fue quien le fichó para el Baskonia, “tenía apuntado en su libreta y subrayado tres veces: no defiende nada”.
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Mono de trabajo
A Sergi Vidal se le quedó grabada aquella idea y supo que tenía que darle la vuelta a la situación. “Cuando llegué a Vitoria, y además llegué con Dusko Ivanovic, me puse ese mono de trabajo. Tanto, que le di la vuelta a la camiseta y acabé convirtiéndome en lo contrario de lo que era. Si ese era mi problema, lo tenía que solucionar”, explica.
El entrenador montenegrino tuvo mucho que ver en esa evolución y en la capacidad de exprimir al máximo a Vidal y a sus compañeros. “Duskonos apretaba muchísimo. No me dejaba otra opción que ponerme ese mono de trabajo. Y me lo puse bien abrochado”, evoca el exbaskonista.
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Respecto a Ivanovic, que dirigió a Vidal durante seis temporadas, el antiguo escolta asegura que “su leyenda es más grande de lo que se cuenta”. “Tanto mental como físicamente, te obligaba y te llevaba al límite para mejorar poco a poco. Eso hace que sea muy duro, pero también es el entrenador más honesto que he tenido: si trabajas, vas a tener recompensa; si no, no”, explica.
Por eso mismo, y pese a la exigencia extrema de aquellos años, Vidal tiene claro que él “nunca” hablará “mal de Dusko” si no “todo lo contario”. De su antiguo entrenador recuerda también algunas de sus frases más características, como aquella que repetía constantemente a sus jugadores y que tan bien le definía: “Esto es como en la selva, selección natural. Unos sobreviven y otros no”.
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“Lo que acabé entendiendo respecto a esas frases míticas suyas, como ‘el cansancio es mental’ o ‘el dolor no existe’, es que el dolor sí existe, pero se puede manejar mejor o peor. Se pueden matizar un poco. La cabeza es la clave de todo y muchos jugadores consiguen más o menos éxitos en función de la cabeza que tienen, para bien o para mal”, reflexiona.
Pretemporadas al límite
El exinternacional español también repasó varias anécdotas y momentos especiales de sus nueve años en el Baskonia. Entre ellos, guarda un recuerdo especial de sus dos primeras pretemporadas, una en Sierra Nevada y otra en Font Romeu. “Un día en Font Romeu recuerdo estar corriendo, empezar a marearme y a vomitar por intentar darlo todo”, rememora Vidal, que recuerda la dureza física de aquellos entrenamientos.
También evocó a algunos antiguos compañeros que no pudieron aguantar el ritmo impuesto por Ivanovic. Uno de los ejemplos más llamativos fue el de Raja Bell, jugador con experiencia NBA que llegó al Baskonia en la pretemporada de 2002. “Le avisaron de que el entrenador era duro y que tenía que estar preparado. Él nos decía: ‘No te preocupes, yo en la universidad he entrenado muchísimo’. A los pocos días estábamos entrenando físico y, de repente, se paró y empezó a gritar en inglés: ‘¡No somos caballos! ¡Todo el día corriendo y saltando!’. Es un ejemplo de que no todo el mundo aguantaba”, relata Sergi.
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Aquellos entrenamientos, recuerda Vidal, eran “sin distinciones para nadie”. Todos hacían los mismos ejercicios físicos, sin importar la posición, el rol o el nombre del jugador. Las pretemporadas, especialmente, eran “durísimas”.
“A las 8.00 salíamos a correr por la montaña sin desayunar. Luego hacíamos estiramientos, abdominales y demás. Después volvíamos, desayunábamos y empezaba el físico de verdad: corríamos más por la montaña, hacíamos gimnasio y, después de eso, baloncesto. Por la tarde, otra vez entrenamiento de baloncesto. Y tras eso venía el ‘bonus track’, como le decía yo, para trabajar esa parte mental de que, cuando piensas que has acabado, tienes que conectarte otra vez. Eso lo repetíamos día tras día y cada vez dolía más”, recuerda.
Generación histórica
Para sus antiguos compañeros de equipo también ha tenido grandes palabras. Especialmente para el “impacto” que le generó Elmer Bennet al llegar a Vitoria, del que destaca su “aura y liderazgo”. En su llegada también conectó “especialmente con Fabricio Oberto” con quien “compartía habitación”.
“Guardo mucho cariño al equipo de 2002, sobre todo porque yo tenía unas metas en mi vida, como ganar un título, y ahí llegó una Copa del Rey muy emocionante” comenta Sergi, y añade que “las temporadas en las que estaban Prigioni, Scola, Splitter, Macijauskas, Calderón o Betts, había una gran comunión y nos divertíamos mucho”.
Toda historia, sin embargo, tiene un final. La de Sergi Vidal y el Baskonia llegó en 2009, cuando el escolta puso rumbo al Real Madrid después de casi una década defendiendo la camiseta azulgrana. “Me costó irme del Baskonia. Fue todo muy rápido. Quería poder ganar la Euroliga, que era el título que me faltaba, y el Madrid estaba armando un equipo muy fuerte. A pesar de que me quedaba un año de contrato, me dejaron salir”, recuerda.
Hoy, centrado en su labor como agente de jugadores y comentarista televisivo, Sergi Vidal sigue mirando a Vitoria como el lugar en el que terminó de construirse como jugador. Un Baskonia de esfuerzo, carácter y exigencia extrema que, bajo la dirección de Dusko Ivanovic, marcó a toda una generación.