¡Qué alegría! ¡Qué pasión! ¡Qué día inolvidable para la ciudad de Vitoria-Gasteiz y para el deporte alavés! Las dos jornadas de celebración desde que el Kosner Baskonia levantó la Copa del Rey de Valencia el pasado domingo culminaron este martes en la Plaza de la Virgen Blanca levantando de nuevo el título, pero esta vez ante toda una ciudad y los ojos de la patrona de Vitoria.

Una fiesta por todo lo alto, a la altura del enorme mérito de este equipo que, bajo el mando de Paolo Galbiati, ha elevado la fiebre baskonista a cuotas que no se veían desde hace tiempo. Los jugadores, el cuerpo técnico y los miembros de las altas esferas del club fueron recibidos como héroes en una celebración cuyo único momento de incomodidad fueron los pitos y los cánticos en contra de Rodions Kurucs procedentes de un pequeño sector de los aficionados presentes.

Había muchas ganas en Vitoria de poder celebrar un título del Baskonia tras no haberlo podido hacer como se merecía al ganar la Liga ACB con las restricciones de la pandemia, y muestra de ello fue lo pronto que los aficionados del Baskonia comenzaron a llegar a la Virgen Blanca para coger hueco en las primeras filas detrás de las vallas.

A las 17.30 horas comenzó a sonar la música por la megafonía, a los veinte minutos se comenzaron a reproducir en la pantalla gigante los mejores momentos de la Copa del Rey de Valencia y a las 18.00 horas, aún una hora antes de que llegara el equipo, ya había suficiente gente en la plaza como para que el speaker del club comenzara a alentar a las masas. A las 18.15 horas, más o menos cuando los jugadores partieron en autobús del Buesa Arena, llegaron a la plaza los miembros del grupo de animación Indar Baskonia, que fueron los encargados de lanzar los primeros cánticos de “Baskonia, Baskonia” y el ya conocido por todos “Por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati hazme campeón”.

Mientras se reproducían por la pantalla imágenes en directo del interior del autobús, llegó la txaranga Biotzatarrak para amenizar la espera y tocar su variado repertorio bajo la balconada. A las 18.45 horas ya no cabía ni un alfiler en la Virgen Blanca y los cánticos se sucedían con el “madridista el que no bote” o un sentido txoria txori con todas las bufandas extendidas y bengalas.

La fiesta estaba lista y a las 19.05 horas la plaza estalló de júbilo con la entrada del autobús de los jugadores. Un autobús que, por cierto, fue uno común y no el de dos pisos con techo abierto utilizado en otras celebraciones y que se echó en falta para dotar de mayor épica la llegada del equipo.

Al menos el formato elegido impidió que la plantilla respirara todo el humo de las bengalas azules y granas que se prendieron para recibir al vehículo, que en cuatro minutos cruzó la Virgen Blanca al tener el paso libre abierto por la policía.

Galbiati al volante

A las 19.10 horas el autobús, con un efusivo Paolo Galbiati bien visible en el cristal parabrisas acompañando al conductor, se detuvo debajo de la balconada y los jugadores se fueron bajando del vehículo. Los decibelios aumentaron cuando Tadas Sedekerskis, portador del trofeo de campeones, puso pie a tierra y levantó la Copa para júbilo de los presentes.

Los jugadores fueron desfilando hacia las escaleras de San Miguel, siendo Galbiati el que se tomó más tiempo al detenerse para saludar personalmente a las personas con silla de ruedas situadas al frente en una zona adaptada. Tras ello, llegó el único momento de silencio de toda la tarde, ya que la afición detuvo sus cánticos para que se pudiera escuchar el aurresku en honor a los héroes, que contemplaron respetuosamente la actuación de Algara Dantza Taldea y varios de ellos aprovecharon para inmortalizar el momento con el teléfono móvil.

"Sin el apoyo de la afición esto no habría sido posible; seguiremos luchando por defender estos colores y este escudo"

Tadas Sedekerskis - Jugador del Kosner Baskonia

Tras ello, llegaron a la balconada y fue el momento de realizar la tradicional ofrenda a la Virgen Blanca. Primero, fue el capitán Tadas Sedekerskis quien, con una txapela en la cabeza, ascendió la escalera para hacer entrega de un ramo de flores. Le siguió Paolo Galbiati, que tras santiguarse frente a la Virgen depositó una camiseta del Baskonia con la frase “Campeones Copa 2026” estampada y finalmente el segundo capitán Markus Howard, también con txapela, dejó una bufanda con los colores del club.

Era el momento de las presentaciones. El speaker fue nombrando uno a uno a los miembros del primer equipo, obviando a los jóvenes Juom Maker Bol y Stefan Joksimovic, y la afición respondió coreando cada uno de los nombres. Entre los más aclamados estuvieron Timothé Luwawu-Cabarrot, recibido con gritos de “TLC, TLC”, Eugene Omoruyi, a quien se le cantó el “Eugenio es vitoriano”, Markus Howard, Mamadi Diakite con el “Mamadi, Mamadi”, Tadas Sedekerskis y por último Trent Forrest, el último en aparecer entre gritos de “MVP, MVP”. Les siguieron los miembros del cuerpo técnico y por fin Paolo Galbiati, recibido con una atronadora ovación y el “por la mañana café”.

Tomó entonces la palabra Tadas Sedekerskis, que agradeció “el apoyo en los buenos y en los malos momentos” y aseguró que “sin el apoyo de la afición esto no sería posible”. “Seguiremos luchando y defendiendo estos colores y este escudo, ¡aúpa Baskonia!”, añadió.

Le relevó el segundo capitán Howard, que dijo en castellano que está “aprendiendo un poco de español” para pasar luego al inglés: “Amo a este grupo, a este cuerpo técnico y, lo más importante, a la afición. Esta victoria va por vosotros, ¡aúpa Baskonia!”.

A continuación fue el turno de Galbiati, recibido con su canción y el “campeones, oé”. “El 4 de agosto estuve aquí el día de Celedón ilusionado y emocionado y nada mejor que volver a ver esta plaza llena con los aficionados y los jugadores de este club. Es increíble, gracias a todos, os amo”, aseguró, antes de pedir a todos los presentes que levantaran la mano y gritaran Baskonia con todas sus fuerzas al contar tres. Poco después volvería a erigirse como centro de la fiesta al iniciar la canción de Celedón.

Choque de opiniones con Kurucs

El micro llegó entonces a las manos de Rafa Villar, otro de los principales agitadores, que arrancó el cántico de “Eugenio es vitoriano” y poco después se atrevió pidiendo al camarero “una de champiñones” para cantar el “campeones, oé”.

Timothé Luwawu-Cabarrot, por su parte, se preparó un discurso más sentido íntegramente en castellano. “Quiero agradecer desde el fondo de mi corazón el amor y la confianza que me habéis dado. Somos campeones de la Copa del Rey”, recordó. El público respondió al gesto con cánticos de “Luwawu, quédate” y en contra del Barça, uno de los equipos interesados en ficharlo.

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En imágenes: Recibimiento por todo lo alto al Baskonia en la Virgen Blanca Alex Larretxi

Tras ello llegó el momento más incómodo de la tarde. Tadas Sedekerskis, que había ido dando paso a los anteriores jugadores, quiso ejercer de mediador por algunos pitos que recibió Rodions Kurucs en la presentación. “Ahora quiero ceder la palabra a un jugador que viajó lesionado, que lo dio todo y hay que agradecerle ese carácter Baskonia que tan bien representa”, arrancó mientras en un pequeño sector se escuchaban pitos y gritos de “Kurucs, escoria, fuera de Vitoria”. El letón optó por no coger el micrófono y pasárselo a Omoruyi, que intentó levantar el ánimo y pasar página ante la cara de contrariedad de Tadas.

Traca final

Fue un momento de incomodidad que fue quedando solapado por la intervención de otros jugadores como Forrest, que destacó “la energía” que les transmitieron los aficionados “para poder jugar tres días seguidos a ese nivel” y dio las gracias en castellano. Al igual que TLC, termina contrato en verano y recibió cánticos de “Forrest, quédate”.

Sedekerskis, iniciando el “Ikusi Mendizaleak”, Rafa Villar con “El Baskonia, oé oé oé” y Galbiati con uno de los cánticos en los que un fondo responde al otro, propuesto por el delegado Ander Viribay, estiraron la fiesta hasta que Trent Forrest, como MVP, realizó el ritual de tocar el bombo de la victoria.

Para poner la guinda a la fiesta, los dos capitanes y Galbiati prendieron tres cohetes, los jugadores lanzaron bufandas y camisetas al público con cañones de aire y a las 20.05 se entonó el We are the Champions de Queen con confeti y fuegos artificiales de fondo. La celebración terminó a las 20.10 horas, pero media hora después los jugadores y Galbiati seguían sin querer irse.

Con la plaza más oxigenada, fueron bajando de la balconada, saludando y fotografiándose con los aficionados de las primeras filas e incluso Tadas les dejó tocar la Copa. También Kurucs, acogido esta vez sí con cariño y muestras de agradecimiento, atendió amablemente a todos. Una vez el bus abandonó la plaza, la fiesta, a pesar de ser martes, continuó en el Casco Viejo. La hazaña lo merecía.