Banquillo

La inestabilidad como proyecto

Desde la destitución de Dusko Ivanovic, la sucesión de cambios en la dirección ha sido constante

21.12.2019 | 06:21
Los entrenadores del Baskonia desde la temporada 2012-13.

Vitoria - El trabajo de entrenador es una profesión de claro riesgo pues, a final de cuentas, todo depende de los resultados, pero en el caso del Baskonia el carrusel que se ha producido en el banquillo desde la destitución de Dusko Ivanovic en la temporada 2012-13 habla bien a las claras de un proyecto que tiene como protagonista a la inestabilidad. La referencia máxima del vestuario, quien tiene que imponer un estilo y desarrollarlo con la confianza absoluta de quien preside la nave, se ha convertido en un elemento de quita y pon para un Josean Querejeta que no acaba de encontrar, de nuevo, ese hombre de referencia al que entregar incluso las llaves del club, como durante mucho tiempo hizo con el propio preparador montenegrino a lo largo de dos etapas en las que sumó prácticamente diez temporadas al frente del equipo. Desde su segunda y definitiva salida, Josep Maria Berrocal será el noveno técnico diferente -Velimir Perasovic ha estado en dos etapas distintas a lo largo de estos años- que se siente en el banquillo del Buesa Arena en apenas ocho cursos.

Zan Tabak tomó el relevo de Ivanovic en la temporada 2012-13, pero su contrato no se extendió más allá del final de ese curso que concluyó de manera abrupta con la eliminación de los cuartos de final ligueros ante el Gran Canaria. Al croata le siguió Sergio Scariolo en su segunda etapa en el club y, contra todo pronóstico visto el rendimiento del equipo, aguantó entera la campaña 2013-14, pero se rescindió su segundo año de vinculación. le siguió otro técnico italiano cuyo paso por el Buesa Arena fue efímero, Marco Crespi, y el relevo en el curso 2014-15 se lo dio quien ejercía de ayudante en los últimos años, Ibon Navarro. Tampoco el técnico vitoriano tuvo continuidad más allá del final del curso, ya que en el 2015-16 se inició la segunda etapa de Perasovic, quien, tras alcanzar la Final Four, decidió romper su contrato para marcharse al Efes. La temporada 2016-17 fue íntegramente para Sito Alonso, quien tampoco cumplió su segundo año de contrato. La gran apuesta en la 2017-18 por Pablo Prigioni duró un suspiro -en su caso, fue el propio preparador argentino quien decidió dimitir visto que no conseguía sacar rendimiento del equipo- y se apostó por emprender por segunda vez el matrimonio con Pedro Martínez. Con el catalán se repetiría en el arranque del curso 2018-19 la misma jugada que en la 2005-06, cuando de nuevo fue sustituido por un Perasovic que iniciaba de esta manera su tercera etapa en el banquillo, que quedó cortada ayer con una destitución que, al menos por el momento, deja a Berrocal a los mandos de la nave.

En un periplo en el que el club ha perdido el elevadísimo nivel que le condujo a ser uno de los mejores equipos del Viejo Continente en la primera década del milenio -entonces los cambios constantes en el banquillo tras la primera marcha de Ivanovic, con Pedro Martínez, Perasovic, Natxo Lezkano, Bozidar Maljkovic y Neven Spahija sucediéndose, no supusieron menoscabo en los resultados pues las plantillas que se manejaban eran de un nivel enorme, muy por encima de las actuales-, ni un solo entrenador ha estado más de una temporada completa al frente del banquillo vitoriano. Una inestabilidad manifiesta que en ocasiones ha tenido que ver directamente con los malos resultados y en otros casos ha estado marcada por la pérdida de confianza de Querejeta en el director de su orquesta.

En todo caso, cambios permanentes que han impedido la instalación de unos parámetros de trabajo y el crecimiento en torno una idea, pues cada maestro ha pretendido implantar su método. Una cuestión a remediar a futuro inmediato con el acierto con una figura que, por fin, se convierte en referente.