Desde la llegada de Quique Sánchez Flores al banquillo del Deportivo Alavés, el técnico madrileño ha conseguido cambiar por completo el rumbo del equipo. Su impacto ha sido inmediato. Tanto, que el entrenador albiazul ha logrado certificar el gran objetivo de la temporada, la permanencia, a falta de una jornada para el final, y ha mejorado con claridad los registros obtenidos por Eduardo Coudet durante el primer tramo del curso.
En los 11 encuentros en los que Quique ha dirigido al Glorioso, el conjunto babazorro ha sumado 16 puntos, lo que arroja una media de 1,45 puntos por partido. Una cifra más que notable para un equipo que, antes de su llegada, caminaba con muchas más dudas que certezas.
De hecho, si el técnico madrileño hubiera estado al frente del Deportivo Alavés durante las 37 jornadas disputadas hasta el momento y hubiera mantenido ese mismo promedio, el conjunto albiazul tendría ahora 53 puntos en su casillero.
Una puntuación que le situaría en la sexta posición de la clasificación, por delante del Celta –actualmente con 51 puntos–, y que le daría acceso directo a la Europa League. Una proyección que refleja a la perfección el efecto que ha tenido Quique sobre un Alavés que, con él, ha pasado de mirar de reojo a la zona baja a firmar números de equipo europeo.
La comparación con la etapa de Eduardo Coudet también resulta significativa. Durante los 26 partidos en los que el técnico argentino dirigió al Alavés esta temporada antes de su repentina salida rumbo a River Plate, el Glorioso sumó 27 puntos. Es decir, una media de 1,04 puntos por encuentro, bastante inferior a la registrada con Quique Sánchez Flores.
Con ese promedio mantenido durante toda la campaña, el Alavés llegaría a la última jornada con apenas 37 puntos, una cifra que le tendría oficialmente descendido y únicamente por encima del Oviedo, que suma 29. La diferencia entre un escenario y otro explica, por sí sola, el valor de la reacción albiazul tras el cambio de entrenador.
Revolución con sello propio
El fichaje de Quique Sánchez Flores como nuevo técnico albiazul ha demostrado ser un acierto evidente. En una situación delicada, marcada por la salida inesperada de Coudet de vuelta a Argentina, la apuesta por un entrenador con amplia experiencia en banquillos como los del Atlético de Madrid o Sevilla –entre otros– ha terminado siendo decisiva.
Desde sus primeros partidos, Quique dejó claro que su Alavés iba a ser distinto. Cambió el sistema, modificó la estructura del equipo y apostó por una idea clara. Con su 5-3-2 –o 3-5-2, según la fase del juego–, el técnico madrileño dotó al conjunto babazorro de más presencia ofensiva, más profundidad por fuera y un juego más directo que el ofrecido durante la etapa anterior.
Los resultados, sin embargo, no llegaron de inmediato. No porque el equipo transmitiera malas sensaciones en un inicio, sino por los duros golpes sufridos en los minutos finales de sus dos primeros encuentros dirigiendo a los babazorros.
Ante el Valencia, el Alavés llegó al descuento por delante en el marcador, pero los ches terminaron dando la vuelta al partido hasta firmar el 3-2 definitivo. Frente al Villarreal, la historia fue parecida, aunque menos cruel: un gran gol de Nicolas Pépé en el minuto 90+8 evitó el triunfo albiazul y dejó el marcador en el empate a uno final.
Reacción y permanencia
Lejos de hundirse, el equipo supo recomponerse. La remontada ante el Celta en Balaídos, con un espectacular partido finalizado por 3-4, marcó un punto de inflexión. Aquel triunfo confirmó que el Alavés había recuperado pegada, carácter y confianza. Aun así, la cantidad de goles encajados seguía siendo una preocupación evidente, algo que el propio Quique no dudó en señalar como una de las grandes tareas pendientes.
Esa mejora defensiva terminó llegando en el momento más importante de la temporada. En las dos últimas jornadas, el Glorioso consiguió corregir su principal déficit y dejó la portería a cero ante el Barcelona –el equipo más goleador de La Liga– y el Oviedo. Dos ejercicios de solidez que terminaron de sellar una permanencia construida desde la reacción, la personalidad y la revolución táctica de Quique Sánchez Flores.
En definitiva, la llegada del técnico madrileño ha supuesto un salto evidente respecto a los resultados obtenidos por Eduardo Coudet. Más allá de las buenas sensaciones, los números obtenidos con Quique como entrenador reflejan una mejora clara, hasta el punto de terminar por alcanzar la permanencia con una jornada de margen.