"Esto no se cambia en una semana al año: es una carrera de fondo"
Edurne Gaston analiza los avances logrados, las resistencias que persisten y la necesidad de mantener el compromiso más allá de los gestos puntuales
Diez años después de su nacimiento, Emakumeak Zientzian se ha consolidado como una red colectiva que trabaja por la visibilización de las mujeres en la ciencia y por una transformación profunda del sistema científico. Edurne Gaston, miembro del equipo coordinador y vinculada al ámbito de la educación y la cultura científica, reflexiona sobre los orígenes del proyecto, los cambios logrados y los retos que siguen pendientes. Desde la importancia del entorno familiar hasta la necesidad de cambios estructurales, su mirada combina autocrítica, constancia y una convicción clara: avanzar es posible, pero exige compromiso sostenido.
Mujeres que sostienen la ciencia
Emakumeak Zientzian nació en 2017. ¿Cómo surge el proyecto y con qué objetivos?
–Emakumeak Zientzian nace en 2017, en un primer momento en un único centro, en San Sebastián, pero enseguida se amplía porque ya existía una red, un caldo de cultivo de personas que compartían las mismas inquietudes. Había una preocupación común por la falta de visibilidad de las mujeres en la ciencia y por no ser tenidas en cuenta. Desde el principio el proyecto tuvo tres objetivos bastante claros: romper los estereotipos en torno a las personas que se dedican a la ciencia, fomentar que las generaciones más jóvenes –especialmente las chicas– se acerquen a la ciencia y la vean como una opción válida, y cuestionar la imagen tradicional que se ha construido sobre quién hace ciencia y cómo es ese perfil.
“El mundo necesita la sensibilidad y el talento de las mujeres”
Desde los principios hasta este momento, ¿qué cambios han percibido en la participación y la visibilidad de las mujeres en la ciencia?
–Creo que el cambio más importante ha sido el despertar de la conciencia. Hace diez años se organizaban paneles enteros de hombres y nadie se daba cuenta de que faltaba la mitad de la población. Eso pasaba y no preocupaba a las instituciones. Hoy, ese tipo de situaciones nos parecerían inaceptables. En estos años sí se han dado pasos reales: planes de igualdad, avances en paridad, mayor presencia de mujeres liderando equipos. Ha cambiado la forma de mirar el problema. Ahora existe una conciencia mucho mayor, tanto a nivel personal como institucional, y eso es clave para avanzar.
Ciencia con voz de mujer
¿Cree que cada año más mujeres optan por estudios científicos o la situación se ha estabilizado?
–Depende mucho del tipo de carrera. Los datos son muy dispares dentro del ámbito científico-tecnológico. Hay grados con una presencia muy alta de mujeres, especialmente en áreas vinculadas a lo biomédico, y otros, más tecnológicos o técnicos, donde la participación femenina sigue siendo mucho menor. No se puede hablar de una única realidad, pero sí se observa que el problema no está resuelto y que sigue habiendo grandes diferencias según el ámbito.
¿Qué papel juegan las familias en la elección de estudios científicos por parte de niñas y jóvenes?
–Es fundamental. Lo que llamamos el capital científico, es decir, la cantidad de ciencia que rodea a una persona en su entorno cercano, influye muchísimo. Que la ciencia esté presente en casa, en el imaginario familiar, que las niñas sean percibidas como capaces y se las anime, es clave. Pero también es muy importante garantizar que quienes no tienen ese entorno familiar puedan acceder igualmente a la ciencia. Ahí las políticas públicas tienen un papel esencial: asegurar que todas las personas, independientemente de su contexto, tengan ese acceso y ese contacto con la ciencia.
"Las mujeres estamos tan capacitadas como los hombres para trabajar en el ámbito científico"
¿Qué tendría que cambiar para que iniciativas como Emakumeak Zientzian dejaran de ser necesarias?
–Harían falta cambios muy profundos, casi radicales. Cambios en las instituciones, en la manera de hacer ciencia, de valorarla y de evaluarla. Ojalá llegue un día en el que no sea necesario seguir reivindicando esto, pero lo veo lejos. Soy optimista porque creo que se avanza, gota a gota, con constancia y sin dar pasos atrás. Pero no es una lucha que vaya a desaparecer a corto plazo. Para que entren más personas en determinados espacios, quienes los han ocupado tradicionalmente tendrán que compartirlos o transformarlos. Eso implica cambios de mentalidad, organizativos y estructurales, en muchas capas. Esto no se cambia en una semana al año: es una carrera de fondo.
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