El suicidio, de tabú y estigma a patología

"El tema del suicido está en el limbo, invisibilizado; las familias se sienten culpables y la sociedad las juzga para mal", explica Cecilia Borrás, activista contra esta lacra en el Día por la Prevención del Suicidio

10.09.2021 | 11:12
Los suicidios, tanto en adolescentes como en mayores, suponen otra pandemia oculta en la sociedad.

"LA prevención pasa por la información y por hablar del suicidio sin tabúes y sin estigmatizar", indica Cecilia Borrás, psicóloga y presidenta de Después del Suicidio - Asociación de Superviviente" (DSAS), que ha puesto en marcha en twitter la campaña #HablemosSobreSuicidio.

Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se recuerda hoy 10 de septiembre, organizaciones no gubernamentales y especialistas indican que cientos de llamadas de las que recibieron durante la pandemia tenían que ver con problemas de salud mental. "Sí, la próxima pandemia será la de la salud mental", sostiene Borrás, "con una de sus derivadas, el suicidio".

El suicidio es un evento que afecta de manera global a las familias, a las comunidades y a los países. A escala mundial se suicidan cada año casi un millón de personas en el mundo, lo que equivale a una persona cada 40 segundos. Además, por cada muerte por suicidio, se estima que hay 20 intentos. Otro dato preocupante es que el suicidio es ya la segunda causa de muerte entre los 15 a 29 años de edad.

"Hay que dar visibilidad a una realidad silenciada, naturalizar el hablar sobre este tema. Tratarlo de forma rigurosa, respetuosa y esperanzadora ayuda a la prevención del suicidio, sin duda. Es primordial informar, pero haciéndolo bien", sostiene esta madre que perdió a su hijo Mikel hace unos años y que intenta que otras personas no pasen por el doloroso trance que ella atravesó y que ha marcado su vida para siempre.

Perdieron a su hijo de 19 años. "El suyo fue un caso impulsivo. Era un chico fantástico; cenamos juntos la noche anterior con total normalidad. Al día siguiente se suicidó", explica, "lo recuerdo como si fuera hoy". El suicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte en todo el mundo, según las últimas estimaciones publicadas por la OMS. Cada año pierden la vida más personas por suicidio que por VIH, cáncer de mama o paludismo, o incluso por guerras y homicidios. En 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, es decir una de cada 100 muertes, lo que ha llevado a la OMS a elaborar nuevas orientaciones para ayudar a los países a mejorar su prevención y los cuidados conexos.

El suicidio es un problema de primera magnitud para el país. El Instituto Nacional de Estadística (INE) sitúa en 3.910 las muertes en 2014, último año del que ofrece datos; es la primera causa de mortalidad no natural. Esta cifra, muy conservadora para los expertos, incluye solo las defunciones en el acto, dejando al margen las sobredosis "accidentales" de medicamentos, muchas precipitaciones "archivadas" como accidentales o incluso la de quienes mueren días después de haberse precipitado desde una altura, figurando "politraumatismo" como causa de defunción. De ahí que algunos expertos eleven a por lo menos 5.000 el número real de muertes por suicidio, con otros estimándolos por encima de los 7.000.

La concienciación sobre las enfermedades mentales como la depresión, uno de los principales factores de riesgo de suicidio, es también fundamental para que este no se produzca, añaden los expertos.

"La detección y atención tempranas contribuyen a la prevención de graves complicaciones como el suicidio. Sin embargo, sobre la depresión todavía pesa el estigma y la incomprensión", indica visiblemente molesta.
 

Detección precoz

En esta misma línea, Borrás sostiene que "la depresión en absoluto se debe confundir con una actitud de la persona. Jamás lo pensaríamos si se tratara de otra enfermedad crónica que conllevara riesgo de morir, como el cáncer. Por ello, y como en cualquier otro tipo de enfermedad, es vital la detección precoz y el soporte a la familia".

Ane, que no desea salir en fotografía, comenta que no solo ella, sino muchas amigas y amigos han tenido ideas suicidas. "Nos han educado solo para triunfar, para ser los mejores y resulta que cuando eres normal, no de diez pero sí de siete o seis, te sientes frustrada; te miran mal si no eres top-top. Es injusto y además nos genera angustia. Tanto como para ir a un psicólogo; yo he tenido la suerte de contar con el apoyo de mi ama, pero soy consciente de que otros muchos compañeros no lo tienen".

Se bromea mucho sobre el tema del suicidio, pero cuando se habla con las personas que han pasado por ese trance la cuestión cambia. "No paro de pesar en qué pude fallar para que mi hijo Mikel decidiera suicidarse", se emociona Cecilia al recordarlo.

"El otro día leí en un periódico sobre un accidente de un joven en la Galea; me recordó a un amigo mío; hace unos años se tiró con el coche por un acantilado de Getxo para quitarse la vida; en la cuadrilla hablábamos del tema, pero siempre pensábamos que era broma, pero resultó que no", indica Ane, apesadumbrada por lo sucedido hace un par de años.

Ane, veinteañera estudidante de Derecho, tampoco se olvida de sus pensamientos suicidas y lo que ha vivido en su entorno. "Creo que desde pequeños nos tendrían que educar en valores que no solo tengan que ver con el triunfo, con ser los mejores; no tiene sentido esa competitividad para luego ganar mil euros. Masters y dobles licenciaturas para luego encontrarte con situaciones tremendas, porque muchos no pueden ni independizarse de su familia", reflexiona Ane.

En esta línea, a Cecilia Borrás le parece una indecencia que no haya un plan nacional de prevención del suicidio. "Tenemos que seguir luchando para conseguirlo", sentencia.

Los psicólogos aseguran que, con la ayuda adecuada y en ciertos casos, muertes como la que sorprendió a Borrás se pueden evitar. "El suicidio se puede prevenir, sin duda. Los mejores ejemplos están en países como Finlandia, donde se puso en marcha una estrategia nacional dirigida al sistema educativo, a la mejora del acceso a servicios de salud mental y a la aplicación de intervenciones en crisis suicidas. Se formaron profesionales sanitarios y se hizo un seguimiento con registro de las personas en situación de riesgo que estuvo activo entre 1987 y 1996; el plan consiguió rebajar la tasa de suicidios en un 8,7%.
 

Falsos mitos


Según los expertos en suicidio está extendido el falso mito de que no puede hacerse nada para combatirlo. Quien quiera matarse, se argumenta, lo hará independientemente de lo que suceda a su alrededor. Hay datos que derrumban esta suposición.

"En los tres meses anteriores a cometer el acto, el 80% de los suicidas advierte de sus intenciones y pide ayuda. En torno al 50% de ellos acude al médico a decir que está mal durante la misma semana en que decide suicidarse".

El suicidio es frecuente en nuestro país, pero todavía arrastra la idea de ser una muerte proscrita y marginal. Para Susana Gómez-Lus, directora Médico de Lundbeck Iberia, "esta iniciativa se enmarca en nuestro compromiso con la salud del cerebro, con el fin de desterrar falsos mitos y ofrecer información rigurosa y veraz que ayude a prevenir el suicidio, algo vital y que requiere de todos los esfuerzos necesarios", remarca.

Desde las asociaciones de pacientes, como la que lidera Borrás, abogan por que las personas que se encuentren en esa situación recurran a ellas. "Te das cuenta que no es un problema solo tuyo; que no tienes la culpa de lo que ocurre. Además, en conjunto podemos tener más fuerza para obtener recursos para las personas en riesgo, que son muchas más de lo que pensamos", sentencia Borrás, quien se muestra del todo partidaria de que las instituciones tengan en cuenta los problemas de salud mental, "la gran olvidada en los sistemas de salud".

En la pandemia se han visibilizado los problemas de salud mental, pero siempre han estado ahí, "Nos acechan a todos; tengo amigos muy bien colocados que de sopetón tienen un bajón; no lo quieren reconocer, pero es una depresión... Y cuando se relajan sostienen que no quieren despertarse al día siguiente", comenta Ane.

Pero las secuelas de que alguien de los tuyos se quite la vida está ahí. "Es algo imborrable, no hay palabras para describirlo", recalca la psicóloga Borrás, quien subraya que "el duelo tras el suicido de un hijo dura años, pero te reconstruyes".

Cecilia Borrás considera sanador y conveniente hablar en voz alta de un tema que hasta hace muy poco era innombrable. "Creo que es bueno que los familiares de una persona que se ha suicidado hablen de ello y, especialmente, que puedan conectar con personas que han pasado por esa misma tragedia", sentencia.

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