La pareja formada por los médicos alemanes Ugur Sahin y Özlem Türeci está detrás de la vacuna contra el coronavirus desarrollada por su empresa BioNTech en colaboración con la estadounidense Pfizer y que se espera que reciba este lunes la aprobación por parte de las autoridades sanitarias europeas.

El ministro de Sanidad alemán, Jens Spahn, da prácticamente por descontada la aprobación de la vacuna y los planes son empezar a vacunar el 27 de diciembre, empezando por los mayores de 80 años.

La misma fecha se baraja para el resto de Europa y los dos científicos que dirigieron el desarrollo de la vacuna creen que en curso del año próximo se puede alcanzar la inmunidad de rebaño.

Sahin, nacido en Iskenderun (Turquía) en 1965, llegó a Alemania a los cuatro años con su madre para unirse a su padre que trabajaba en la fábrica de Ford en Colonia. Sus intereses eran el fútbol y libros de divulgación científicas que encontraba en la biblioteca de una parroquia.

Türeci nació en Lastrup (norte de Alemania) en 1967 y es hija de un médico turco que trabajaba en un hospital católico en Cloppenburg (norte de Alemania).

Las visitas a su padre a ese centro despertaron en Türeci primero la idea de convertirse en monja -el hospital estaba lleno de estas religiosas que trabajaban como enfermeras- porque creía que así podía ayudar a la gente. Luego pensó que también podía hacerlo como su progenitor y decidió estudiar medicina.

Sahin terminó su bachillerato en Colonia en 1984 y fue el primer hijo de uno de los llamados "trabajadores invitados" turcos en hacerlo en el colegio Erich Kästner donde, además, fue el mejor de su clase.

DEL CÁNCER AL CORONAVIUS

Los dos se conocieron en el Hospital Universitario del Sarre. Türeci cursaba el último año de sus estudios de medicina y Sahin trabajaba allí, en el departamento de oncología al lado de Michael Freundschu, que le había dirigido su tesis doctoral en Colonia acerca de terapias inmunológicas contra el cáncer.

La pasión por la investigación fue algo que los unió desde el comienzo. Se dice que el día que se casaron estuvieron juntos trabajando en el laboratorio, antes y después de la ceremonia.

En 2000 los dos se marcharon a Maguncia y se concentraron en desarrollar terapias innovadoras contra el cáncer.

Para ello, en 2001 fundaron una empresa, Ganymed Pharmaceuticals, que desarrolló anticuerpos que detienen el crecimiento de las células cancerígenas. En 2016 vendieron la empresa al consorcio japonés Astellas por más de 400 millones de euros.

En 2008 los dos fundaron su segunda empresa, BioNTech, cuyos objetivos también estaban centrados en el desarrollo de terapias contra el cáncer

La idea central era, a partir del análisis de la información genética de los tumores, desarrollar terapias individuales para cada caso particular. En lugar de una quimioterapia o de una radioterapia el cuerpo debía ser entrenado para combatir el cáncer.

En enero de 2019, cuando empezaron a aparecer las primeras informaciones de lo que estaba pasando en Wuhan, los dos científicos tomaron la decisión de darle un giro a su trabajo tras considerar que recurriendo a la misma tecnología mRNA, tenían buenas posibilidades de desarrollar una vacuna contra el coronavirus.

COOPERACIÓN CON PFIZER

BioNTech cooperaba desde hacía ya años con Pfizer en distintos proyectos y estaba claro que en el de la vacuna necesitaba un socio, en primer lugar por razones logísticas.

"Sabíamos que nuestra pequeña empresa no estaría en condiciones de distribuir miles de miles de vacunas. Por eso emprendimos una asociación con otra que está desde hace años en el sector. Pero no solo hubo cooperación con Pfizer sino con muchas otras para por ejemplo el suministro de material", dijo Sahin.

Con la aprobación de urgencia para la vacuna en Estados Unidos y el Reino Unido y con la inminente aprobación en la Unión Europea se ha logrado, según Türeci, "coronar una etapa intermedia pero el maratón no ha terminado".

Lo que viene ahora es el reto logístico para preparar la vacunación para lo cual la empresa trabaja sin descanso y muchos de sus empleados también lo harán durante las navidades.

Sahin cree que en el próximo invierno el mundo podrá volver a la vida normal. Tanto para él como para su esposa, el regreso a la normalidad significará volver a su proyecto inicial: la lucha contra el cáncer que para muchos puede tener a largo plazo una importancia aún mayor pese a la relevancia coyuntural que tiene el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus.