Manuel Vicent: "El espectáculo político lo emitiría de madrugada, con el porno duro"

Hablar con Manuel Vicent es pasear por la literatura y por muchos escenarios que hoy forman parte de la historia más reciente, pero que a numerosos lectores no les suenan más que de oídas. Ava Gardner es el objetivo literario de su nueva obra, pero el escritor castellonense tiene, también, una lúcida y afilada visión de la realidad que actualmente vivimos.

27.07.2020 | 18:52
El escritor castellonense Manuel Vicent.

Ava Gardner se convirtió en el sueño erótico de toda una generación masculina. Aterrizó en Madrid en los 60 y puso patas arriba las costumbres morales de una España que soportaba a duras penas la bota militar de la dictadura. Manuel Vicent ha partido del mito para recrear aquella sociedad, que también quedó recientemente reflejada en una de las mejores series españolas de los últimos años, Arde Madrid. La llegada de ese ciclón en todos los sentidos llamado Ava Gardner se mezcla en el libro con una figura de ficción, la del joven David Arnau, que aterriza en la capital española para convertirse en director de cine. Persigue a Ava en las brumas nocturnas llenas de sexo y alcohol, pero nunca da con ella. Es un fantasma real al que desean los hombres y envidian las mujeres. España es en los 60 una sociedad reprimida, en lo moral por la Iglesia y en lo político por la dictadura, pero los actores de Hollywood gozan de plena libertad y son un instrumento de marketing para el Régimen. Franco y sus acólitos entienden que son buenos para dar una imagen en el exterior de normalidad.

Ava en la noche es el título de su nueva obra y se refiere a la mujer que se convirtió en un uno de los mitos eróticos de la década de los 60, el sueño de muchos hombres.
Y en la envidia de muchas mujeres de aquellos oscuros años del franquismo. Pero la historia se centra en un joven que llega a Madrid queriendo ser director de cine y se encuentra con aquella ciudad cuyas noches dominaba Ava Gardner, porque las noches olían a ella.

Una mujer que rompió con todas las normas establecidas por el régimen franquista para el resto de las mujeres.
Era una estrella, una diva, que gozaba de absoluta libertad en un país donde los españoles se limitaban a ver cómo esa libertad la ejercían unos artistas de Hollywood que venían a España a rodar películas. Las noches eran para ellos, se divertían y se lo pasaban muy bien, protegidos siempre por la policía.

¿Cómo se recibía en aquella España ese ejercicio de libertad que estaba prohibida para sus ciudadanos?
Como un espectáculo. Era algo unido a la pasión, al glamour y a la seducción. El protagonista de este libro, el joven que quiere ser director, jugaba de niño sobre las ruinas de un balneario que había sido bombardeado. Él decía que debajo de los escombros del jardín había un mosaico romano auténtico en el que una mujer desnuda, tal vez una diosa, nadaba con delfines azules. Los niños jugaban a quitar los cascotes para ver a esa mujer desnuda.

¿Y la encontraron?
Nunca, pero esa idea sigue en el subconsciente del protagonista, y cuando llega a Madrid traspasa esa metáfora de la mujer desnuda a la realidad. Los escombros se han convertido en las ruinas de una dictadura, y esa mujer desnuda que está bajo los escombros es Ava Gardner. El protagonista nunca la llega a ver de noche, aunque la persigue constantemente. Ava Gardner se convierte para él en una figura huidiza e inalcanzable, como aquella diosa que estaba durante su niñez bajo los escombros de un balneario. En Madrid se encuentra con que bajo esa sombra maravillosa y galáctica de la noche festiva, vagaba otra sombra diabólica, la del asesino Jarabo, que acababa de ser agarrotado.

Un asesino que pertenecía a la burguesía más floreciente del momento, ¿no?
Sí. Había estudiado en el colegio de El Pilar. El hecho de que un pilarista fuera agarrotado resultaba algo inaudito y terrible. En este libro se cruzan las dos sombras, la de Ava Gardner y la del Jarabo, aunque corre el rumor de que este hombre no fue ejecutado realmente.

¿Todo fue una farsa?
Es solo un rumor. Se decía que había sobrevivido a su condena y que participaba en las noches de Madrid en aquellos años 60. En el libro se describen todos los mitos y ritos de una clase media que estaba ya rompiendo la estructura de la dictadura.

Mientras Ava gozaba de libertad sexual absoluta, las mujeres de la época vivían con la bota del machismo encima, restringiéndoles cualquier movimiento.
Por supuesto. Las mujeres estaban sometidas a una moral muy estricta, pero Ava era libre. Podía hacer lo que le diera la gana y alardear de ello. Podía acostarse con quien quisiera o beber hasta caerse muerta, pero el resto de las mujeres estaban bajo las reglas de padres, hermanos o maridos. Estaban dominadas por la Iglesia, que ejercía una moral eclesiástica muy dura.

¿Al Régimen le gustaba esa moral supuestamente libertina que exhibían los actores de Hollywood?
No, pero utilizaba ese libertinaje en su propio beneficio. Que esos actores se comportaran de esa manera, que se saltaran las normas que regían para la sociedad española, le servía de propaganda. Decían: Aquí no pasa nada. Están Ava Gardner, Gary Cooper, Rita Hayworth€ Es que te los podías encontrar por la calle. Además, todos esos personajes tan míticos que habían alimentado la imaginación de los jóvenes, niños, mujeres y hombres en la pantalla, y los podías ver en Madrid cruzando un semáforo, o de compras por Serrano.

Un Madrid donde se mezclaba el alcohol, el sexo y la diversión, pero también se vivían la pobreza y la represión. ¿Dos mundos paralelos que no se cruzaban?
Sí, claro que se cruzaban. Estos famosos de aquella época, cuando llegaban a Madrid, necesitaban gente que les atendiera, que les ayudara a divertirse. De esa forma, muchas personas sintieron la brisa de libertad de la que gozaban los extranjeros famosos y ricos, mientras ellos pasaban por unos momentos muy opresivos. El caso más paradigmático fue el de Ernest Hemingway. Estuvo como corresponsal de guerra en el bando republicano, muy comprometido con la libertad, la democracia, etc.

Pero una vez terminada la guerra€
No tuvo ningún inconveniente en vivir en Madrid, en pasárselo bien, en beber, en ir a los toros... No le importaba en absoluto la dictadura.

"Los artistas daban rienda suelta a todos sus instintos y se volvían a sus casas sin cuestionarse la dictadura"


¿Está idealizada la imagen de Hemingway?
No estoy para derribar mitos; solo cuento la historia de un momento. Él se convirtió en la voz de los republicanos en el extranjero cuando España estaba en guerra, pero después vivió muy bien cuando todo terminó y había una dictadura. Esos artistas venían a Madrid, hacían su trabajo, se divertían, convertían la noche en pasión, daban rienda suelta a todos sus instintos y se volvían a sus casas sin cuestionarse la dictadura.

¿Y tenían capacidad para cuestionársela?
No lo hicieron, luego no lo sabemos. Yo creo que no se lo hubieran tolerado, pero al dictador le interesaba que ellos estuvieran en Madrid y que se pudiera leer a través de ellos que en España había normalidad, que se vivía bien y que no pasaba nada.

Era también la época en la que los españoles soñaban con la prosperidad, la época del 600.
Franco fue atropellado por un 600. Fue el principio de un final. La espina dorsal de la dictadura se quebró a mitad de los 60 con todos los ritos de una clase media recién creada que empezó a ejercer esos pequeños placeres que rompían las costuras de una vida ordinaria impuesta desde la Iglesia y el Pardo.

¿Cree que algo tan simple como un bikini también fue un instrumento contra esa dictadura que comenzaba su desintegración, aunque fuera muy lenta?
Esa prenda, el bikini, se convirtió en un icono de libertad. Al Régimen no le quedó más remedio que aceptarlo en contra de toda la moral católica y a favor de los poderes económicos. Decir lo contrario era cerrar las puertas al turismo.

Los turistas que llegaban eran más libres que los españoles...
Mucho más. Los españoles empezaron a mirar, primero de reojo, después cara a cara, cómo vivían libremente esos turistas que cada año se acercaban a sus playas.

David Arnau, el protagonista de su libro, ¿podría ser algún director real en concreto?
A la hora de imaginarlo no lo he concretado mucho, pero sí conozco a varios que en esa época estaban en la Escuela de Cine que podrían ser David Arnau. Supongo que si algún director de aquella generación lee el libro, reconocerá muchas cosas. Madrid entonces era tan pequeño, y los círculos artísticos eran tan reducidos, que todos nos movíamos y nos entrecruzábamos en bares y cafés. Íbamos a los mismos. Muchos cineastas querían ser escritores y muchos escritores querían ser cineastas.

¿Quiso usted ser cineasta alguna vez?
Soñar es gratis, pero me parecía que yo no tenía talento, era muy tímido, y creía imposible llegar a romper esa timidez y poder dirigir a algún artista.

Así que al final se decidió por Derecho y Filosofía.
Terminé la carrera de Derecho, pero respecto a la de Filosofía, solo hice dos años por libre. Después empecé Periodismo y tampoco la terminé.

No le pega nada eso de empezar y no terminar.
Para ejercer el periodismo tenías que tener un carnet oficial, y al tener Derecho me convalidaron muchas asignaturas y creo que me quedé a una de terminar Periodismo, no recuerdo muy bien. Han pasado tantos años... Gané un premio literario, dejé de plantearme el ser de la plantilla de un periódico, y me dediqué a la literatura y a colaborar en los medios.

"El mundo del periodismo y el de la literatura hoy confluyen"


¿Usted cree que hubiera encontrado en el mundo del periodismo las mismas satisfacciones que en la literatura?
A toro pasado, qué te voy a decir. Para empezar, son profesiones diferentes. Para ser periodista hay que tener sentido de la noticia, interesarte por cosas que pasan en el mundo€ Lo que ocurre es que el mundo del periodismo y el de la literatura hoy confluyen. Siempre se ha dicho que mientras un periodista duda un segundo entre un adjetivo u otro, una palabra u otra, es un escritor. Hoy, el periodismo es un género literario.

¿Está seguro?
Sí, pero es que yo me refiero a cierta clase de periodismo, no a todo, eso es evidente. Bueno, me refiero a lo que realmente considero periodismo, al resto no sé cómo llamarlo. Para mí, el periodismo, el bueno, el que me gusta, es un género literario de primera magnitud.

Cambiando el pasado por el presente. ¿Sigue pensando que debería estar prohibido que los niños vieran en televisión ciertos espectáculos que montan los grupos políticos en el Congreso de los Diputados?
Es que lo que ocurre es obsceno. No solamente poco edificante; es directamente obsceno. Si esos políticos que tú has votado se comportan con mala educación, además del odio que expelen, sobre todo la derecha, para mí es un espectáculo que tendría que ir a las tres de la madrugada. Fuera del horario infantil.

¿Lo pondría a la hora que siempre ha estado reservado para el entretenimiento erótico en televisión?
Ahora hay menos, ¿no? Pero sí, el espectáculo de los políticos lo emitiría de madrugada, junto con el porno duro.

¿Está poniendo al mismo nivel la política y el porno duro?
Al mismo nivel, no, porque la política es peor que el porno más duro. Lo pondría junto a esas pitonisas que te venden lo que sea por la noche, o junto a esos programas de horóscopos, o junto a las emisiones de las teletiendas. La política la dejaría al lado de esos espectáculos nocturnos. No son nada agradables los debates de las dos derechas que se disputan la carnaza como lo harían los lobos.

"Aún quedan muchos fantasmas de la dictadura"


Y lo contrario a eso es€
¿La dictadura? No, francamente, no. La solución no es que venga de nuevo un señor con las botas altas hasta las rodillas y que lo arregle todo. Supongo que la inmensa mayoría no queremos eso, pero sucede que estos políticos tienen una gravísima responsabilidad, sobre todo la derecha. La derecha española se cree que España es una finca que le han robado y en la que han entrado unos€

¿Rojos? Porque siguen aún anclados en esa terminología...
Sí, claro, estas dos derechas piensan que han asaltado su cortijo y que hay que echar a los asaltantes de la forma que sea. Ojo, que también la izquierda nunca ha dejado de tener el complejo de okupa y está como si no se creyera la democracia.

Pero el PSOE ha ganado en ocasiones con mayoría absoluta...
Sí, aunque siempre ha creído que el cortijo es de los otros y no que tenía las escrituras en la mano.

¿Ve solución al espectáculo al que estamos asistiendo?
A priori, no, pero todo es cuestión de que se vaya adquiriendo una madurez democrática mayor.

¿No le parece suficiente tiempo? Porque han pasado más de cuatro décadas desde que Franco murió.
Pero aún quedan muchos fantasmas de esos años, así que tendrá que pasar más tiempo.

Cambiemos de tema. ¿Tiene algún otro libro en la cabeza?
No, de momento no. Escribo artículos semanales que son pequeños relatos, porque uno ya tiene una edad y no es bueno apresurarse. Mientras dure la mecha seguiré escribiendo, aunque no siempre sea un libro. 

PERSONAL
Edad: 84 años (10 de marzo de 1936).
Lugar de nacimiento: Villavieja, Castellón.
Formación: Tras obtener la Licenciatura en Derecho por la Universidad de Valencia, se fue a Madrid, donde estudió Periodismo en la Escuela Oficial. 
Inicios: Colaboró en las revistas Hermano Lobo y Triunfo, y también en el diario Madrid. En esta publicación estrenó su faceta de columnista político. 
 
Trayectoria: Su obra comprende novelas, teatro, relatos, biografías, artículos periodísticos, libros de viajes, apuntes de gastronomía, entrevistas y semblanzas literarias, entre otros géneros. Sus novelas Tranvía a la Malvarrosa y Son de mar han sido adaptadas para la gran pantalla de la mano de José Luis García Sánchez y Bigas Luna, respectivamente. 
 
Publicaciones: Tiene una obra extensa y entre sus últimos libros destacan Ava en la noche, La regata, El azar de la mujer rubia, Retratos, Verás el cielo abierto, Comer y beber a mi manera, El cuerpo y las olas, León de ojos verdes, Póquer de ases y Aguirre, el magnífico
 
Galardones: Su intensa obra se ha visto reconocida con distintos premios. El primero, el Alfaguara de novela, lo recibió en 1966 por la obra Pascua y naranjas. En 1979 fue finalista del Nadal por El anarquista coronado de adelfas. En 1979 fue reconocido con el premio González Ruano por No pongas tus sucias manos sobre Mozart. En 1987 logró el premio Nadal por La balada de Caín. Y en el año 1999, repitió el Alfaguara de novela gracias a Son de mar.