La consejera navarra de Relaciones Ciudadanas, Ana Ollo, entregó ayer los restos de Máximo Sainz Plaza, hallados en la Fosa de Olave, a sus familiares. Máximo Sainz, residente en Vitoria, aunque natural de Desojo, en Tierra Estella, fue capturado en 1936, a la edad de 16 años, por su pertenencia a la CNT, condenado a 30 años de prisión en consejo de guerra y finalmente llevado al Fuerte de San Cristóbal para cumplir condena. El 22 de mayo de 1938 formó parte del grupo de 795 presos que protagonizó la fuga de San Cristóbal. El 26 de mayo, con solo 18 años de edad, fue detenido en Olave, y a la mañana siguiente fue asesinado junto con otros 15 presos huidos a las afueras del pueblo.
En nombre de su familia habló uno de sus sobrinos, Ignacio Fernández Sainz, quien vino desde la capital alavesa para dar las gracias a quienes participaron en la recuperación de los restos. Uno de ellos es el investigador Fermín Ezkieta, que fue “el motor de arranque del proceso de búsqueda”.
“La misma causa de la detención de Máximo nunca se tuvo del todo clara; simplemente un día salió de su casa de Vitoria con unos amigos y nunca más volvió”, continuó. Durante 80 años sus familiares no supieron “qué era lo que había pasado con él”. A su madre “la incertidumbre le hizo recurrir a charlatanes y adivinadores con tal de oír palabras de esperanza, gastando un dinero que no le sobraba, ¿cuánta de esa angustia se hubiese quitado de sus padres y hermanos si hubieran conocido cuál había sido el verdadero final de Máximo?”. Ignacio Fernández Sainz declaró que, “aunque demasiado tarde”, los sobrinos del desaparecido estuvieron allí para, por fin, poder homenajear la memoria de su tío.
Más tarde, la consejera Ollo recordó que “Máximo solo vivió 18 años porque no le dejaron vivir más” y que “durante décadas un manto de silencio sepultó su historia y la de miles de jóvenes como él”. Un silencio “que ha costado mucho cancelar”.
Ollo mencionó “el trabajo incansable de la familia, las asociaciones de memoria como Txinparta e investigadores como Fermín Ezkieta en la búsqueda de fosas y familiares”. También recordó “los testimonios de gente de la zona y el trabajo técnico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y del Instituto Navarro de la Memoria”. Gracias a todos ellos “se ha podido superar ese silencio”.
Añadió que “este acto no acaba aquí”, ya que en esos mismos momentos “un grupo de 150 estudiantes de edades parecidas a las que tenía Máximo cuando murió” se encontraba recorriendo “la primera etapa de la ruta GR-225, que une el fuerte de San Cristóbal con la Fosa de Olave, observando la marcha de las botellas de la libertad dentro del Programa Escuelas con Memoria”.
“Hoy cerramos un círculo que nunca se debió haber abierto”, declaró la consejera. Añadió que “este acto quiere dejar patente que la sociedad navarra comparte con la familia de Máximo Sainz Plaza el dolor por esta muerte injusta, pero también la satisfacción de haber conseguido cerrar esta dura historia, hasta ahora olvidada”.