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Tribuna abierta

Un genocidio hoy

Hay acontecimientos históricos que nos han provocado siempre un profundo estupor y, desde luego, han ayudado a configurar los principios que rigen las sociedades democráticas, como son los derechos humanos, a través de la defensa de la dignidad y la justicia. Por ello, cuando se apela a estos temas a uno le vienen a la mente ciertos episodios para ejemplificarlos como el exterminio armenio, el genocidio judío, las limpiezas étnicas en la extinta Yugoslavia, las matanzas provocadas por los hutus y, así, un largo etcétera.

Desde luego, el ser humano ha sido capaz de impulsar toda una suerte de horrores colectivos, de masacres y atroces crímenes en nombre de la patria, la religión, la raza, las ideologías o cualquier otro aspecto que se nos ocurra. Y nunca parece suficiente. Siempre halla fórmulas para alimentar nuevos odios y acabar provocando otra infame atrocidad. Los referentes a los que aludía no parecen calmar esa sed de sangre, pero lo que es peor viene después: esa incapacidad de las sociedades humana por asumir, pese a todo, la responsabilidad de tales barbaridades. Siempre hay quien las disfraza, las niega, las esconde o culpa a otros. Es como si la ilógica de la sinrazón, una especie de inherente satisfacción de hacer daño a otro ser humano, formara parte de nosotros mismos, en vez de valernos de la autocrítica y del aprendizaje. No siempre y no para todos, porque para eso está la distinción entre víctimas y verdugos; y las víctimas acaban contándose por cientos o miles y los verdugos suelen ser pocos…

Más de 70.000 palestinos muertos en la franja de Gaza

Tampoco eso es un consuelo, más cuando se está demostrando la incapacidad de ciertas sociedades por aprender del pasado o entender un presente cegados por la convicción de que tienen la razón y que todo queda justificado en el deseo implacable de venganza. Sólo así se puede entender lo sucedido en la Franja de Gaza, desde que, en octubre de 2023, se produjo aquel infame ataque de Hamás que acabó a sangre fría con la vida de 1.200 judíos. Pero lo que ha sido peor, para buscar y acabar con los culpables, Israel optó por arrasar el territorio de la Franja, dando lugar a la muerte de más de setenta mil seres humanos, en su mayoría civiles inocentes. El precio que han pagado los palestinos por la espantosa decisión de Hamás ha sido infinitamente mayor que el daño provocado en origen. Desde luego, para las familias hebreas afectadas hay un cierto consuelo por saber que los principales dirigentes de la milicia palestina han acabado bajo tierra. Puesto que, uno a uno, Israel los ha localizado y ha acabado con sus vidas. Pero eso sólo ha derivado en una operación militar que, hoy, la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, califica en un informe que puede entrar en la categoría de genocidio. No puede, entra.

Así, el alivio de unos, es la pesadilla de otros. Este informe sólo confirma lo que ya denunció, de forma rotunda, la relatora de las Naciones Unidas para los territorios palestinos, Francesca Albanese, y por lo que está sufriendo una persecución indigna por parte de Israel y de Estados Unidos. La verdad duele, lo que es peor, provoca reacciones totalitarias y aspira a negar la barbarie, como si fuese un invento de los enemigos de Israel. No. El calvario que han sufrido durante largos meses de conflicto y, aún sufren, los gazatíes, empalidece a cualquier persona decente. Es real. De hecho, el mismo documento citado subraya lo que ya conocemos, las políticas de Israel de bloquear el acceso a Gaza de alimentos dieron lugar a una atroz hambruna y que cientos de personas y niños murieran de inanición. La excusa de que se quería evitar todo apoyo a Hamás no era válida, ya que afectaba a civiles indefensos.

Crimen contra la humanidad

De hecho, esta estrategia tan extrema como terrible está tipificada de forma clara como crimen contra la Humanidad. Mientras el término genocidio empleado para definir la actuación de Israel es considerado por algunos como excesivo, lo cierto es que si algún día la justicia internacional pronunciara un dictamen analizando las pruebas y los hechos recogidos, sólo podría calificarlo como tal. De ocurrir, tanto Estados Unidos como Israel lo negarían sin dudarlo. Ambos países consideran que Tel Aviv reaccionó bajo los principios de la legítima defensa, en consonancia a la infame agresión sufrida. Caben muchos matices y pocas simplificaciones. Se ha querido justificar lo injustificable. Y la pretensión de aniquilar a Hamás trajo consigo que los gazatíes pagaran por ello de forma indiscriminada. Eso lo confirmó el primer ministro israelí, Benjamín Netanhayu, sin remilgos. Su promesa de acabar con Hamás no contempló ninguna clase de consideración por los civiles. Se los consideraba cómplices o que Hamás los utilizaba como escudos humanos. Así que el Ejército hebreo optó por cortar por lo sano.

Los integrantes de Hamás fueron perseguidos como alimañas, sí, y para ello, se destruyeron la mayor parte de las infraestructuras esenciales entre las que se encontraban hospitales, centros sanitarios, conducciones de agua y luz eléctrica, se demolieron cientos de miles de viviendas, se forzó a desplazar a la población a zonas seguras bajo amenaza de ser bombardeadas. Y, así y todo, los civiles no se libraron de los ataques, causando miles de víctimas. Luego, en este cerco de hierro, se impidió la entrada de ayuda humanitaria dando lugar a que la población padeciera una hambruna atroz…

Por desgracia, el informe del alto comisionado para los Derechos Humanos no condena de forma rotunda a Israel, al revés, le insta a que tome las medidas necesarias para impedir que se produzca… un genocidio en Gaza. Desde luego, esta advertencia llega bochornosamente tarde. Aunque sí denuncia que tras el alto el fuego ha proseguido la violencia (aunque sea menos intensa), y que las violaciones de los derechos humanos tanto de Israel como de Hamás no han cesado, no se moja. Valora, eso sí, que la política de Israel en los territorios palestinos ha sido planteada como un castigo colectivo y que se está aprovechando para llevar a cabo una limpieza étnica. ¿Y?

No es suficiente este documento. Israel no es el Tercer Reich, pero se le parece.

Doctor en Historia Contemporánea