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9 de Mayo, Euskadi es, y está, en Europa

Hoy sábado es 9 de mayo, Día de Europa. Euskadi es y está en Europa. Es y está. Fuimos, somos y queremos seguir siendo parte de una Europa que nos reconozca en igualdad de condiciones con otras naciones y estados. Europa siempre ha significado para los vascos situarnos en el umbral de transformaciones de todo tipo, retos, nuevos horizontes y posibilidades que suponen tanto eventuales oportunidades como potenciales replanteamientos tácticos para un nacionalismo como el vasco que se esfuerza en preservar y en desarrollar una identidad y una nación vasca abierta, dinámica y acorde a la evolución de los tiempos. Ciertamente la historia del conjunto de Europa es la historia de las culturas y de las tradiciones de sus naciones, historia de la huella y de la vocación de sus pueblos, de los grandes y de los pequeños, de los sometidos y de los sometedores, suma poliédrica y peculiar de aciertos y errores, de bellas y gloriosas páginas pero también de vergonzantes y oscuros nubarrones. Suma de anhelos y frustraciones. Culturas diversas, europeas todas ellas, reflejo de conflictos, constatación de existencia de naciones, pueblos y estados que generan comunidad. Comunidad formada por múltiples relaciones y comunicaciones, tela de araña gigante y tejida por muchos hilos, relaciones solidarias, encuentros y desencuentros colectivos, fracasos de convivencia y lazos vecinales confusos.

Europa se ha ido haciendo en todos y cada uno de esos estados, naciones, pueblos y regiones. Europa, argamasa de historias, balance histórico, pasado, presente y futuro, debe y haber, de lo que se dio y recibió. Historias y proyectos, culturas grandes y pequeñas, poderosas y humildes, solidaridad vecinal, abiertas y permeables a otras historias y culturas. Vivimos en una Europa de identidades compartidas, de pertenencias múltiples, de dependencias dispersas, de soberanías complejas con perfiles difuminados.

La UE se asienta sobre una estructura política y jurídica a la que los estados han cedido una buena parte de los poderes que tradicionalmente han sido considerados como identificadores de la estatalidad. Porque un estado privado de su política monetaria, económica y financiera, que comienza a compartir mal que bien su política de seguridad y exterior no es ya ciertamente un estado soberano en su acepción clásica. Europa ha sido en los últimos cuatrocientos años solar, testigo, concierto y conflicto. Europa, de serlo, lo será como consecuencia del diálogo, hija del respeto y de la tolerancia, producto de la igualdad y fraternidad entre sus pueblos, de sus culturas, de sus historias y de la conjunción armoniosa entre la diversidad de sus paisajes. Y entre ellos, el variopinto de Euskadi. El de una Euskadi compleja pero de cultura e identidad propias acuñadas en el transcurso de su larga y azarosa historia. Una Euskadi, por cierto, en la que hasta el 1 de enero de 1993, año en que entró en vigor el tratado de Maastrich, los vascos vivíamos divididos por una frontera que hoy por el contrario empieza a ser algo inexistente en las relaciones entre Iparralde y Hegoalde.

Habrá que promover el respeto, el interés y el valor de todas las culturas y lenguas, así como la legitimidad de los diferentes referentes simbólicos. Será imprescindible implementar un discurso que verse sobre vínculos libremente aceptados en una Europa percibida como ventana abierta por una ciudadanía que habita este trozo de mundo. Una Europa en la que ciudadanos y ciudadanas independientemente de su color, raza, origen, lengua o creencia religiosa, tengan un trabajo digno. Un continente acogedor y lleno de papeles para los sin. Europa social y solidaria, adalid del imperio de la Ley, ejemplo de DDHH y en la que pueblos, naciones y estados se mirasen en el espejo del respeto mutuo. Una Europa beligerante ante la injusticia, la guerra, el abuso, el hambre y la explotación impune del poderoso.

Una Europa capaz de tejer un ordenado tapiz cual calidoscopio multicolor, en el que todos y cada uno de los fragmentos, conservando y desarrollando su identidad compartan el conjunto. Y algo debe quedar claro, la Constitución Europea no es impedimento en sí para las reivindicaciones del nacionalismo vasco, pues se limita a declarar el principio básico-tradicional de la arquitectura política en la UE basado en la autonomía institucional de sus estados miembros. La UE agrupa en su seno a estados de estructuras territoriales muy diferentes y ha declarado que la decisión sobre distribución territorial interna de los estados miembros es una decisión a adoptar por cada uno de ellos, sin interferencias de la UE. Cada estado pues se organiza internamente, y si en estricta aplicación democrática del derecho del pueblo vasco alcanzar un nuevo status político con respecto a España, el que sea, el Congreso de los Diputados de Madrid diese luz verde, la UE no pondría objeción ni sería muro de contención a ese nuevo punto de encuentro Euskadi- España. Euskadi sí puede tener su sitio en Europa.

La apuesta de lo vasco, la afirmación y la proyección política de Euskadi como nación, el futuro de la cultura vasca dependen fundamentalmente de nosotros mismos, de que sepamos circular por los raíles de un tren que nos lleva en busca de un destino en enrevesada construcción llamado Europa. Que el viejo pero vivo y joven euskara acierte a navegar listo y hábil por esos bravos mares asegurando su salud. Nuestra apuesta pues, a pesar de todos los pesares y crisis por doquier, pasa por Europa, por harto difícil, complicado y a veces muy descorazonador sea. Que lo es. Nos contemplan 76 años desde aquel segundo Aberri Eguna de 1.933 convocado en San Sebastián por el PNV bajo el lema de Euskadi-Europ” que reunió a más de cincuenta mil personas y en el que tomaron la palabra, entre otros, Telesforo Monzón y José Antonio Agirre del PNV, Manuel Carrasco Formiguera (Unión Democrática de Catalunya) y Ramón Otero (Partido Galleguista). La plena compatibilidad de la reivindicación de la nacionalidad vasca y la universalidad era subrayada por el PNV ya entonces, consciente de la importancia de utilizar las plataformas internacionales como caja de resonancia de su reivindicación nacional, y con la esperanza de contribuir a la formación en Europa de una conciencia que posibilitase, en un futuro que no se vislumbraba cercano, “ir amoldando la organización política de los estados al hecho natural de las naciones, y al respeto de todos los derechos inherentes a las distintas personalidades de los pueblos” (El Péndulo Patriótico. Pág. 243. ED. Crítica, Barcelona 1999).

La facultad de soñar y desear Europa nos permite recrear en nuestra imaginación ciudades espléndidas, regadas por aguas limpias, pobladas por seres humanos cuyo cuerpo no se viera estropeado por las marcas de la miseria ni por la hinchazón de la riqueza impúdica. Nos permite imaginar escolares recitando con voz justa las lecciones del buen saber, mujeres y hombres moviéndose con idéntica dignidad social y con la misma calma llena de fuerza vital, huertos con hermosas frutas y campos con cosechas abundantes. Soñar permite desear que todos los pueblos palpen la paz con su inmensa majestad, que el viajero más humilde pueda perderse y viajar de un país a otro, sin formalidades vejatorias, sin peligros por doquier y seguro de legalidad. Que el viejo, pero vivo, euskara acierte a navegar listo y hábil por esos bravos mares compartidos fortaleciendo su salud. Y algo debe quedar claro, la Constitución Europea no es ningún impedimento para las reivindicaciones del nacionalismo vasco. La nación vasca, Euskadi, sí tiene su sitio en y dentro de Europa. La Constitución Europea se limita a declarar el principio básico y tradicional de la arquitectura política en la UE de la autonomía institucional de los Estados miembro. La UE agrupa en su seno a estados de estructuras territoriales muy diferentes y ha declarado que la decisión sobre distribución territorial interna de los Estados miembro es una decisión que ha de ser adoptada por cada uno de ellos, sin interferencia de la UE.

Cada estado se organiza internamente, y si en estricta aplicación democrática del derecho del Pueblo Vasco a ser dueños de su destino el Congreso de los Diputados de Madrid diese luz verde al Plan Ibarretxe –felizmente aprobado por mayoría absoluta en el Parlamento Vasco– la UE no le pondría ninguna objeción, ni sería muro de contención a este nuevo punto de encuentro entre Euskadi y España.

Y sobre la situación muy delicada de la Europa actual y el multilateralismo periclitando, y los sobre los EE.UU. y su deriva, y sobre Trump, sobre Europa y Putin, sobre Europa y China, sobre Marco Rubio, J.D. Vance, Úrsula Von Der Leyen, sobre utopías y distopias etc hablaremos largo y extendido, pero otro día será.