La carrera en Strava
Terminaremos inventando los bares de toda la vida, como volveremos a inventar la televisión en directo tras el auge del streaming
La carrera en Strava
Era el último giro de guión que faltaba en este sainete en el que vivimos: “StravaLeaks: El portaaviones “Charles-de-Gaulle” localizado en tiempo real por “Le Monde” gracias a la aplicación de deporte”. Mientras el grupo aeronaval francés se aproxima a Irán, Le Monde ha identificado a un militar que registró en Strava una carrera de 35 minutos y 7 kilómetros…en mitad del mar Mediterráneo. La paradoja de la defensa moderna: gastar miles de millones en pintura absorbente de radar y sistemas de guerra electrónica, pero no poder evitar que un oficial quiera compartir su marca personal en redes sociales.
Reconocimiento facial
Lo de registrar el trote mañanero en Strava y abrir con ello una brecha en la seguridad nacional tampoco debería sorprendernos tanto. Al fin y al cabo, es un signo de los tiempos que vivimos, esos en los que le pedimos a ChatGPT que piense por nosotros hasta lo que vamos a comer -creyéndonos los más listos cuando sólo estamos atrofiando nuestras neuronas a golpe de ‘clic’- o cuando recurrimos a la IA para asuntos serios como investigaciones policiales sin molestarnos en revisar la respuesta: “Una mujer pasó seis meses en prisión porque una IA se equivocó de cara. Lo terrible es que nadie lo comprobó” (Xataka).
Lo de Irán
A pesar de que ya lo hemos notado, por ejemplo, al echar gasolina, todavía no sabemos la magnitud de la que se nos viene encima por la guerra de EEUU en Irán. “Los hogares aún no han recuperado lo perdido desde 2021. La guerra de Irán amenaza con otro golpe al bolsillo” (El Blog Salmón). La última ocurrencia de Donald Trump promete dar al traste con las buenas señales que venía mostrando la inflación y volver a afectar directamente a los bolsillos de quienes viven a miles de kilómetros de una guerra que no han provocado, no entienden y ni siquiera apoyan, pero que unos pocos han decidido que todos vamos a librar.
Bares de toda la vida
Inmersos en una vorágine que nos lleva a querer cada día algo distinto, algo que nos cambie para siempre y, sobre todo, algo que quede muy bien en las fotos de Instagram, en Xataka también nos cuentan que el bar “de toda la vida” está en crisis y que la generación Z está priorizando un ocio de “experiencias”, con declaraciones como estas: “Vi un sitio en el que tú mismo haces la pizza, te ayudan a hacerla y luego te la comías. Eso no puede competir con un restaurante o un bar”. Terminaremos inventando los bares de toda la vida, como volveremos a inventar la televisión en directo tras el auge del streaming.
Rosalía, creyente
La salida al mercado del disco Lux de Rosalía me pilló en Japón, y hasta allí llegó la indignación de quienes querían ver en algo que ya hizo Madonna antes una utilización torticera de elementos religiosos cristianos. El caso es que parece que no era tanto marketing como una epifanía personal de una de las cantantes del momento, que ha reconocido que su giro religioso no es una moda, sino un acercamiento real a Dios y que reza todos los días. Ahora que lo que se lleva es que la religión provoque urticaria, me pregunto si tocará cancelar a Rosalía o si, por el contrario, las masas la seguirán también en esto.