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Mesa del Director

Víctor Goñi

Derecha navarrista contra gobernanza a la vasconavarra

UPN, el partido creado para dinamitar la transitoria cuarta de la Constitución que posibilita la incorporación de Navarra a Euskadi, volará solo en las próximas elecciones forales. Una decisión lógica en los zapatos de Esparza, ante su tercera y última oportunidad de acceder a la presidencia. En apariencia, una OPA hostil contra el PSN a la caza del presunto voto discrepante por dejarse acunar por EH Bildu aun desde fuera del Gobierno. En realidad, y ante la imposibilidad de hollar la mayoría absoluta con las derechas unidas, la necesidad de concurrir sin ataduras en un intento desesperado de pactar con el PSOE otra entrega del PSN. En la esperanza más que en la confianza de un pendulazo de Sánchez si las autonómicas de mayo sugieren una debacle socialista en las generales de diciembre. Se veía venir cuando Esparza ordenó sin éxito apoyar la reforma laboral a los diputados Adanero y Sayas. 

Navarra Suma resta en efecto opciones a Esparza aunque le reporte poder municipal a UPN, que asume una operación de riesgo en tanto que puede perder alcaldías y además no retornar a la Diputación. Y es que la última vez que el regionalismo se presentó en solitario (2015) recabó 92.000 votos, cuando como segunda fuerza el PSNconcitó 72.000 en 2019, y ahora está por ver cómo se reparten los 127.300 sufragios que hace cuatro años acumularon UPN, PP y Ciudadanos, más los 4.500 de Vox. Los malos augurios de Esparza para el PSN van en dirección contraria a la historia, pues el socialismo navarro cayó en 2015 hasta su suelo electoral –45.000 votos– tras el bipartito con UPNque Barcina zanjó en un año expulsando a sus socios de las consejerías. Unos lodos sobre la base de los polvos acumulados desde 2007, cuando NaBai cedía la presidencia a un PSN con 75.000 votos y sin embargo el PSOE vetó el desalojo de UPNen aquel agostazo. 

UPN agita el señuelo de la izquierda abertzale pero sueña con reventar una alianza entre el socialismo y el nacionalismo vasco moderado de Navarra que desde la centralidad pragmática y plural le condena a la irrelevancia a efectos de la gobernabilidad desde la presidencia de Barkos en 2015. Idéntica detonación desea para la gobernanza PNV-PSE en Euskadi, un acuerdo de estabilidad –también en la Diputación de Álava y en Gasteiz– y con vocación de continuidad que a UPN y PP les enerva por su alcance social anteponiendo la gestión a la algarada. Más ante cada logro del PNV en Madrid, frente a los que UPN entra en cólera si atañen a Navarra. Como si el PNV fuese un partido extranjero, como si no tuviera la misma legitimidad para defender en las Cortes españolas el autogobierno y los derechos históricos. 

De hecho, el anhelo de UPN de recuperar el Gobierno de Navarra tiene precisamente al PNV como antídoto por su fuerza en el Congreso. Y justo por eso Esparza no cierra la puerta a ir en coalición con el PP a las generales de un año vista. La duda reside en si para entonces UPN no habrá cambiado ya de líder.