“No puede ser que un español, un hijo o nieto de emigrantes, tenga menos derechos que un inmigrante”. La frase la pronunciaba en 2006 en Uruguay un tal Alberto Núñez Feijóo, entonces liderando la oposición a la Xunta. Veinte años después, el martes pasado, afirmaba: “El pucherazo es una cosa y lo que nosotros estamos denunciando es que hay ingeniería electoral con la ley de nietos”. Ingeniería electoral... Así que, en pleno revoltijo de “la prioridad nacional”, los pactos del PP con Vox, el PP se lanzó a sumar las dudas sobre la limpieza electoral, aunque le cueste un zasca de hemeroteca, plas plas, al líder popular. Y claro, llegó la recogida de cable... sí, pero no. “Decir que un nieto, donde haya una trazabilidad en parentesco clarísima, pueda tener derecho a la nacionalidad española, estamos de acuerdo”, matizaba Feijóo el jueves, para insistir en que “está habiendo mucha arbitrariedad, poca transparencia y pocas garantías”. Díaz Ayuso había terciado el miércoles para aportar luz y marcar terreno, reclamando observadores electorales desde “ya, no el día de las elecciones”, porque el PSOE está buscando la manera “quirúrgica” de alcanzar “los escaños justos”. Hay pucherazo, sí, no... De pronto me ha venido a la mente aquello de Zapato Veloz, “hay un gallego en la Luna que ha venido de Ferrol...”. ¿Podrán sus descendientes acogerse a la ley de nietos? ¿O se mudará a los anillos de Saturno?