Fue el viernes, como tantas veces, en el barrio madrileño de Lavapiés. Aunque las imágenes estuvieron rulando durante todo el fin de semana, el ministerio de Interior no reaccionó hasta ayer con el anuncio de una investigación sobre la posible brutalidad policial de unos agentes al detener a dos migrantes.

Llama la atención que se hable de una actuación “de oficio”, cuando es público y notorio que el impulso está en las numerosas denuncias sobre los hechos por parte de colectivos antirracistas. A cualquiera que sume dos y dos tampoco se le escapa el hecho de que hay una grabación de un minuto con un contenido muy explícito. ¿En cuántas ocasiones no hay una cámara para registrarlo?

Creo que he demostrado suficientemente que no soy de denuncias de aluvión y trazo grueso, pero, vuelvo a remarcar que las imágenes no dan lugar a muchas interpretaciones. Una vez neutralizados los migrantes (lo que hubieran hecho será objeto de otra pesquisa), los agentes descargan porrazos del todo gratuitos.

Justificaciones

He visto en las redes sociales a los defensores de los policías asegurando que se trata de un “protocolo establecido”. Si es así, creo que la gravedad es todavía mayor porque resulta que por ahí existe un manual en el que se insta a seguir zurrando la badana a individuos a los que ya no queda sino esposar y conducir a comisaría. Espero que no sea cierto.

Claro que es más alarmante que haya quien justifique los golpes que no vienen a cuento en “la adrenalina del momento” o en la supuesta provocación de los detenidos. Si verdaderamente un profesional de las fuerzas policiales no es capaz de controlar su furia o sus instintos, lo que debe hacer es entregar la placa y, desde luego, las distintas armas a su disposición.

Lo que escribo vale igual, obviamente, para actuaciones como las de esos policías nacionales en Madrid que para las que hemos visto recientemente por parte de algunos ertzainas.

Así, soy el primero en denunciar la extrema violencia contra los agentes mostrada por el hatajo de matoncetes de GKS que ocuparon un piso en Gasteiz el pasado domingo. Pero, de nuevo, hay imágenes que, por mucho que hierva la sangre bajo el uniforme, no son aceptables.