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Alex Larretxi
Ver galería >"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.
Alex Larretxi
"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.
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"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.
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"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.
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"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.
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"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.
"No hay que sentir ningún tipo de culpa, ni por comer tallarines a la carbonara, ni queso, ni las croquetas de la abuela... porque cada plato debe generar bienestar". El mensaje es muy claro. Y es que la dietista Patricia Irisarri lo tiene claro. Tras casi 20 años trabajando en otro sector, esta vitoriana ha cumplido un sueño, se ha reinventado, se ha formado, ha abierto su propio negocio y ha hecho de su pasión su profesión. Y eso se nota nada más cruzar la puerta de su consulta, abierta hace algo más de un año en pleno centro de Vitoria, en la calle Paz.