"El problema no es la edad, es haber aprendido a vivirla como insulto"
Iñaki Larrimbe presenta este viernes en Zuloa 'La dictadura de lo joven. Manual de supervivencia para carrozas'
Aparta, ridiculizar o silenciar a alguien por su edad. En pocas palabras, así se puede definir el edadismo, una forma de discriminación cada vez más presente y común. Eso sí, no tan conocida, analizada y divulgada. Con humor, porque eso no falta entre estas páginas, análisis, ejemplos, datos y experiencias, Iñaki Larrimbe centra su mirada en esta cuestión en La dictadura de lo joven. Manual de supervivencia para carrozas (Katakrak), un ensayo que el artista vitoriano presenta este viernes en la capital alavesa.
En concreto, el encuentro con el público se va a producir a partir de las 19.00 horas y con acceso libre hasta completar el aforo en Zuloa, un lugar que Larrimbe conoce a la perfección, también por haber coordinado durante años su agenda expositiva. Será el momento de, con la presencia del autor, adentrarse en una obra que no nace “para ajustar cuentas” con nadie, sino que se adentra en el concepto de lo joven, en esa construcción de una forma y manera de ser que tiene que ser la imperante, o eso parece en estos tiempos que corren.
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“La raíz del edadismo es el culto a lo joven, a ese constructo, a ese invento que ha generado un negocio”, apunta Larrimbe. “El ensayo es de crítica cultural. No soy ni sociólogo ni psicólogo. Y precisamente creo que ese enfoque, es el que aporta algo nuevo a la literatura sobre el edadismo: veo lo joven como una construcción cultural que hay que criticar”.
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Lo imperante
En este sentido, se muestra, tras también un largo proceso de documentación y recopilación de informes realizados por distintas entidades, cómo ese concepto de lo joven “se ha convertido en un criterio de valor. Novedad, rapidez, frescura, apariencia, rentabilidad. Eso es lo que se premia. No hablo de los jóvenes. Hablo de lo joven como ideología. Como ideal de escaparate. Como mercancía cultural. Y ahí está una de las trampas: el libro no va contra los jóvenes. Va contra el culto a lo joven”.
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De hecho, señala que “los jóvenes de hoy no lo tienen fácil. Están más vigilados, más explotados y más utilizados de lo que parece. Se les halaga mucho, pero también se les exprime mucho. Se les llama futuro mientras se les ofrece precariedad, ansiedad y alquileres imposibles”. Ahí, por tanto, no está el objetivo de esta reflexión. Se encuentra en esa “fantasía de lo joven” que también hace que quienes pasan de los 40 años se discriminen a sí mismos, muchas veces sin darse cuenta.
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“Decimos ‘en mi época’ como si lo que estamos viviendo hoy no fuera nuestro momento. Nos sentimos alagados cuando nos dicen que no aparentamos la edad que tenemos o cuando entramos en un bar y nos dicen ‘chaval’. Parece que ser mayor y cumplir años es una humillación. El problema no es la edad, es haber aprendido a vivirla como insulto”. Por ello, el uso del lenguaje tiene un peso específico en este libro, en un ensayo nacido a raíz de una columna publicada en DNA en el que se habla del edadismo en el trabajo, en la cultura, en la política, en el deseo, en...
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La evolución
Con prólogo del también creador gasteiztarra Mauro Entrialgo e ilustraciones de LPO, el ensayo -cuya presentación contará con la presencia de Aitor Baldás, de Katakrak- va subiendo distintos peldaños de una escalera interna para adentrarse en esa dictadura de lo joven pero también para ver de dónde viene, cómo se va montando como un puzle en el que lo económico tiene mucho que ver. “Hasta hace no tanto, la juventud no existía. Se pasaba de niño a adulto”. Pero en los años 50 del siglo pasado, en Estados Unidos, se empezó a romper esa dinámica, y chicos y chicas jóvenes comenzaron a tener disponibilidad económica y, por tanto, a forma parte de un sector al que dirigirse por parte del mercado. “El capitalismo vio un nicho de mercado, gente que compraba revistas, discos, ropa…”.
De ahí, años después, se saltó a otro escenario diferente. El mercado ya no quería vender cosas a los jóvenes, buscaba vender la idea de lo joven, es decir, convertir este concepto en un producto en sí mismo. La derivada de esto es la aparición del edadismo, un mal que la Organización Mundial de la Salud señala como un grave problema al que hay que prestar atención. Con todo, “no hay tanto publicado”, e incluso poder encontrar una editorial para publicar este ensayo ha tenido sus complicaciones: “así como hay líneas de publicación sobre otras discriminaciones, como racismo, género, clase… sobre el edadismo no”. Ahí ha sido fundamental la aparición de Katakrak, con quien se lanza un libro que mira a un mal que “entra por goteo”.
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“Se pasa al otro lado del espejo cuando dejas de encajar en el escaparate. Y eso ocurre mucho antes de lo que se dice. Lo notas cuando ya no te escuchan igual, no te convocan igual, no te leen igual. Cuando en vez de experiencia empiezan a ver antigüedad. Y se nota también en espacios que se suponen muy conscientes y muy cuidadosos con otras discriminaciones. Espacios donde se vigila mucho el género, el origen o la clase. Y me parece bien. Pero luego el edadismo entra como Pedro por su casa. A veces con esa idea de que unos tienen que callar para que hablen los jóvenes. Y no. Una cosa es abrir espacio. Otra es decidir que alguien sobra por fecha de nacimiento”.
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En este sentido, Larrimbe aclara que no es una cuestión de lucha entre generaciones. “Cuando era joven no vivía el conflicto como una guerra contra la gente mayor por ser mayor. En mi generación había lucha generacional, sí, pero tenía más que ver con las ideas que con la edad. Lo que se rechazaba eran ideas viejas, formas caducas de autoridad, maneras rígidas de entender la cultura o la política. Y mucha gente mayor con ideas vivas, abiertas o incómodas fue referente y mentor. Hoy eso se ha movido bastante. Ahora te encuentras con jóvenes defendiendo ideas más viejas que las de muchos viejos. Antes parecía más clara la relación entre juventud y ruptura. Ahora no. Ahora el envoltorio puede ser joven y el pensamiento venir ya con naftalina”.
