De nuevo en la carretera, como lleva haciendo desde hace casi tres decenios, Quique González se sube este viernes a la capital alavesa y las tablas de la sala Jimmy Jazz. Será a las 20.30 horas cuando las puertas del espacio de la calle Coronación se abran, quedando todavía alguna entrada disponible para compartir la gira de presentación de 1973.
Tras celebrar 25 años de trayectoria, ahora llega su decimoquinto disco, que se dice pronto. ¿Dónde encuentra la chispa para seguir, para volver a la carretera y seguir en esto?
–La principal motivación es seguir escribiendo canciones que nos expliquen un poco. Me sigue gustando mucho el oficio y me sigue sirviendo en lo personal y en lo profesional. Es lo que tienen los oficios vocacionales, ¿no? Es algo que no puedo dejar de hacer. Forma parte de mí. Me sigue ayudando y sigo disfrutando mucho cuando escribo canciones y cuando voy a grabar en el estudio. También cuando salgo a tocar con mi banda como pasa este viernes en Vitoria.
Sus discos son casi como diarios de la vida.
–Las canciones de este disco crean como un álbum de fotos de los casi tres años que he estado escribiéndolas. Mientras las escribo me voy explicando e intento que sean un reflejo fiel de la persona que soy mientras estoy escribiendo. A veces me doy cuenta de cosas un tiempo después de haber grabado las canciones, ¿sabes? Identifico cosas en mí que a primera vista no se veían y luego las encuentro la explicación. No en todas las canciones, pero en algunas sí.
Conexión con la gente
Y sin embargo, siendo temas tan personales, luego la gente las hace suyas y, en realidad, Quique González desaparece. ¿Cómo se entiende que algo tan personal que usted ha escrito, de repente alguien lo convierta en suyo?
–Lo importante son las canciones, más que nosotros. Y lo que nos va a sobrevivir es la música. Nosotros estamos de paso, pero las canciones seguirán viajando mucho más lejos. Yo entiendo eso que dices porque lo vivo como oyente. Soy músico porque me gusta mucho la música y porque quería comunicarme con otras personas a través de mis canciones, como lo hacían mis héroes musicales. Hago canciones porque soy fan de Antonio Vega, Bob Dylan, Tom Petty y José Ignacio Lapido, por decirte cuatro nombres. Como ellos me han acompañado de esta manera, yo también he intentado hacer canciones que acompañen a la gente durante un tiempo. Y que esas canciones también les lleven a ellos a sus propias historias y que les recuerden cosas. Que una canción que has escrito en tu casa tenga el poder de acompañar a cierta gente durante un tiempo me sigue pareciendo un milagro. Y es la principal razón por la que sigo haciendo.
En la gira de los 25 años, a su paso por aquí, había entre el público gente que un cuarto de siglo antes no era casi un proyecto. ¿Cómo engancha a esas personas que están en niveles de madurez todavía lejanos a los que canta, por ejemplo, en ‘1973’?
–Eso me parece otro milagro. Y más en estos tiempos (risas). La generación de la gente que tiene 25 o 30 años ha vivido otras cosas muy diferentes y para escuchar mi música tienen que buscarla. Y no es fácil. Lo cierto es que al final todos tenemos las mismas inquietudes y los mismos anhelos y las mismas pasiones. Eso supongo que no tiene que ver con la edad. Es común al ser humano. Con todo, me parece algo prodigioso que pueda conectar con gente más joven. No lo tienen nada fácil. La música que escucha la gente de 20 o 30 años no tiene nada que ver con lo que hago yo. Pero también es verdad que cuando yo tenía 17 años, a mí me acompañaban las canciones de gente que me llevaba 25 años. Y conectaba mucho con ellos.
Sin nostalgias
En parte, este disco habla de la madurez de alguien que ha pasado de los 50 años, de lo recorrido, pero sin un tono quejoso o de añoranza.
–He intentado huir de eso. He buscado tener una mirada un poco retrospectiva, pero sin caer en la nostalgia ni en cómo molábamos antes, y qué tiempo más increíble vivimos antes y qué pena estar viviéndolo ahora. Para mí es un disco de presente y también con los interrogantes del futuro, pero desde la experiencia, desde esa mirada un poco al retrovisor, retrospectiva, pero intentado no rebozarme en la nostalgia. Espero haberlo conseguido.
Va a ser 2026 un año de no parar de tocar, pero ¿Quique González sigue componiendo o es el momento de dejar esa parte a un lado?
–Afortunadamente siguen saliendo canciones y hay una parte de mi cabeza que empieza a pensar y a apuntar cosas y a jugar con cuatro acordes. Hace un mes y poco me encargaron una canción para una película y ya me puse en modo composición. Me tiro dos años escribiendo las canciones y aunque esté tocando, si veo que una canción me sobrevuela y la tengo en la cabeza, es como que tengo que ir a por ella y me sienta bien, la verdad.
¿Es distinto lo de componer por encargo?
–Es diferente porque según estás haciendo la canción estás pensando: ¿encajará para la película o para el artista que me la ha pedido? Cuando escribo para mí, solo me tengo que preguntar a mí si me gusta o no, no tengo que pensar si va a encajar para la peli o para el disco de otra persona.