Son parte esencial del ambiente que cada año por estas fechas se genera en la capital alavesa en torno al Festival de Jazz de Vitoria, aunque no formen parte de la programación oficial. O lo eran hasta 2019, porque después apareció la pandemia y todo se convirtió en un imposible. Se está todavía lejos de recuperar la normalidad y el número de bares y pubs que en otras épocas aportaban sus escenarios a estas jornadas intensas, pero, por lo menos, este 2022 está siendo diferente y eso se nota en las calles.
Es verdad que en la mayoría de los casos ya se ha abandonado la madrugada como hora en la que programar, algo que era muy habitual hasta hace unos 15 años. Poco a poco fue cambiando la tendencia, primándose las actuaciones de tarde e incluso también de mediodía. La pandemia ha venido además a asentar esto, aunque habrá que ver qué sucede a futuro. Además, esta vuelta después de tres años está siendo acompañada por un tiempo inmejorable, que ayuda de manera importante a los locales que aprovechan sus terrazas al aire libre para dejarse llevar por la música en directo.
Actuaciones gratuitas pensadas para un público muy diverso, conciertos en los que el jazz marca el paso aunque también hay espacio y momento para otros géneros. Es la fórmula básica que se aplica en muchas de estas programaciones, ciclos en los que hay verdaderos clásicos. Dublín, Río, HF, La Unión, Leniz, Extitxu y demás son buenos ejemplos de esta apuesta. Hace justo un año, estos y otros escenarios estuvieron en silencio. Aunque sí hubo festival, la situación sanitaria impidió la puesta en marcha de estas tablas y eso el certamen lo notó y mucho, igual que la ciudad, puesto que el movimiento de gente no fue ni mucho menos el mismo.