“Cualquier mujer puede asumir lo que aquí se relata; en algún momento, cualquiera se ha sentido como alguno de los personajes femeninos de la novela”. Desde esa base, 'Noscere, audere, velle, tacere' “no deja de ser un pequeño homenaje a la condición femenina”, explica el escritor vitoriano Miguel Sánchez Nanclares en torno a un libro que ya es una realidad palpable y que este viernes va a tener su presentación oficial. El acto, de hecho, va a tener lugar a partir de las 18.30 horas en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa.

No quiere ser una novela histórica. Tampoco social. No es una obra esotérica. No pertenece al género fantástico. Sin embargo, de todo ello hay en un libro que transcurre en las primeras décadas del siglo XIX, en un periodo especialmente convulso, en una época de revoluciones que hablaban de muchas esperanzas aunque también conllevaron sonoros fracasos. “Buscaba inventar una historia en ese momento y quería que la contara una mujer”, sobre todo por el hecho de que “nadie habla de ellas; no es cierto que ellas no estuvieran e hicieran las revoluciones, lo que pasa es que nos hemos olvidado de que existieron”, una omisión para nada inocente.

Para ello, Sánchez Nanclares se sirve de su personaje principal, la única que no tiene nombre. “Abundan los argumentos en los que una mujer se convierte en bruja. Yo he pretendido hacer el camino a la inversa y que sea una bruja la que se convierta en mujer”. No deja de ser curioso, en este sentido, que en esa transformación, “nunca es perseguida por ser bruja, ni tiene ningún conflicto por ello. Pero al final, cuando se convierte en mujer, resulta que termina siendo vulnerable”.

La obra se desarrolla en las primeras décadas del XIX, entre revoluciones “en las que ellas estuvieron e hicieron, aunque nadie hable de ellas”

“Es duro pensar que en 200 años no han cambiado tanto algunas cosas” con respecto a las mujeres tanto en el ámbito público como privado

“La magia de la que hablo no deja de ser un talento, una condición” describe el autor, al tiempo que comenta que “uno de los mensajes de la obra es que, con frecuencia, no son tus defectos, sino tus virtudes las que te condenan”. Así se relata en un texto en el que se utilizan muchas referencias a hechos y personajes reales, en el que se hacen alusiones a citas clásicas, a grandes obras, a la cultura clásica, a los grandes sistemas de pensamiento y a las grandes religiones.

A partir de ahí, el creador busca que al público, cuando termine la lectura, “le quede algo de sabor en la boca. Lo que no me he planteado es hacer un best seller que se tire en plan kleenex al final. Quiero que te deje un mal o un buen sabor de boca, pero uno, una inquietud, un mal cuerpo, un pensamiento o algo. Siempre he entendido la literatura así. Lo que busco es algo que me conmueva, que me saque de mi asiento. Es lo que he pretendido ahora. Otra cosa es que lo haya conseguido”, sonríe mientras sostiene entre las manos un ejemplar de esta “novela feminista”.

El libro toma el relevo a una colección de cuentos publicada hace ya un tiempo con cuyo resultado formal final no terminó muy contento. “No pretendo más que presentar un trabajo bien hecho del que sentirme satisfecho”, como pasa ahora con una novela que también deja ver que la sociedad no ha evolucionado en determinados sentidos como a veces piensa. “Es duro pensar que no se ha cambiado tanto en 200 años en algunas cosas”.