Saxos: Hugo Domínguez (alto), Irati Fernández (alto). Trombón: Mateo Murga. Trompetas: Aitor Abio, María Sánchez y Nikita Egoitz Fernández. Piano: Kiara Gorosabel. Batería: Asier Pirón. Bajo: Martina González de Langarica. Guitarra: Daniel López. Director: Joanes Ederra.
Trompetas: Imanol Suberviola, Aimar Palacios y Kirian Uralde. Saxos: Martina Gonzalez de Langarica Garcia, Beñat Arrizabalaga Nanclares, Alba Fernández, Enara Egileta y Leire Txapartegi. Sección rítmica: Ibra Ndiaye Rubio (bajo), Andrea Gonzalez Laguna (batería), Maialen Vicente Apiñaniz (piano y teclados), Iñigo Nestares Trepia y Víctor Díez (guitarra). Director: Iban Gurrutxaga. Conservatorio Jesús Guridi. 18 de mayo.
n la audición de este martes se presentaron las dos big bands del Conservatorio Jesús Guridi. Despedíamos la XV edición, con ese regreso al jazz para dar micro y focos a nuestros músicos más cercanos. Y la ocasión, como sucedió en abril, sirvió para comprobar el impecable estado de forma de las nuevas promociones.
Respetando un repertorio casi cronológico, arrancó Big Band Txiki con el estándar Pennsylvania 6-5000 y solos de Aitor Abio y Hugo Alfageme. Buen punto de partida en clave de swing, y unas gotas de ragtime, para lustrar los zapatos y bailar con nuestro amor de siempre o con nuestro nuevo amor. Un aroma más sureño envolvió On the sunny side of the street, aunque fuera compuesto por el bostoniano Jimmy McHugh. Después el director, Joanes Ederra, que repetía audición, tomó la palabra para ensalzar el trabajo del equipo y diferenciar entre un combo (la improvisación es más frecuente) de una big band (los arreglos están escritos y los solos son menos habituales).
Tras la pausa, un giro latino de la mano de Oye cómo va, con arreglo de Tito Puente. Se coló la humedad del trópico y sonó dulce y encadenado con el bajo preciso, metódico, de Martina González de Langarica. Y de ahí al soul primaveral de Soulman, el tema de 1967 compuesto por Isaac Hayes e inmortalizado por Sam & Dave. El solo corrió a cargo de Hugo Alfageme.
Herbbie Hancock publicó en 1964 Cantaloupe Island para abrir sendas. Y sonó divinamente en el arreglo de Mike Kamuf, sin perder funk al traducirlo al idioma big band. Fue momento para Nikita Egoitz Fernández y Hugo Alfageme antes de la coda final, cuando el groove adquirió honroso protagonismo.
Dirige la Big Band Guridi el también guitarrista Iban Gurrutxaga. Verlo dirigir es en sí un gusto para los sentidos. Su gestualidad, cargada de sentido, sin sobreactuación, envuelve a músicos y público desde el primer compás. Sucedió con Wave, la bossa de Jobim en arreglo de Joan Monné que nos regalaron los once músicos. De la elegancia brasileña regresamos a la era del swing. En el clásico de Count Basie Hay Burner estuvieron enérgicos cuando lo necesitaron pero delicados cuando lo quisieron, combinando texturas e intensidades y esos micro-solos que hacen de la big bang no sólo un grupo de música, sino sobre todo un milagroso ser vivo al que escuchamos respirar. Es el fruto del ensayo, pero también de las clases telemáticas en plena pandemia mientras director o estudiantes estaban confinados.
A continuación subió al escenario el director y docente de clarinete Esteban Velasco, que presentó de manera impecable Tribute to Benny Goodman, de Rita Deefort. El clarinetista Pablo López, de formación clásica, protagonizó la pieza para demostrar velocidad, precisión y un precioso sonido inconfundiblemente oldie que arrancó con justicia la ovación más prolongada de la tarde.
Quedaban minutos para otro salto en el tiempo: el jazz fusion de Weather Report. El grupo marcó en su juventud a Gurrutxaga y a Cabezas, como confesaron. Aitor Ochoa fue el invitado al piano de una big band abierta a la riqueza y la diversidad de cada músico. Birland puso el punto final con la voz de Enara Eguileta. Esperamos con regocijo el concierto benéfico de junio.