El 'annus horribilis' de Janning

El acierto exterior ha abandonado por completo a un escolta sin confianza ni mordiente

01.02.2020 | 06:23
Matt Janning se dispone a armar el brazo en un partido liguero de esta temporada ante el Unicaja en el Buesa Arena.

Vitoria - En una temporada tan decepcionante a nivel global, todas las individualidades terminan resintiéndose. Casi nadie escapa de las malas dinámicas colectivas, aunque hay determinados jugadores a los que se les acaban las excusas. Puede que no sea justo señalar con el dedo a alguien en concreto muy por debajo de las expectativas, pero las evidencias obligan ya a ello. En el Baskonia los males están localizados desde hace tiempo en varias demarcaciones bajo sospecha y una de ellas es la nula eficacia de un perímetro que no acoge a tiradores sobrados de confianza.

Sin obviar que otros efectivos a las órdenes de Dusko Ivanovic tampoco pueden librarse de la quema, las críticas están resultando especialmente ácidas con Matt Janning, un especialista cuyos bajos porcentajes de acierto están soliviantando al personal. El aro se le ha hecho diminuto al escolta nacionalizado georgiano, que cumple su tercera campaña en Vitoria tras llegar como temporero en septiembre de 2017 en sustitución de Jordan McRae.

Nadie reconoce hoy en día a aquel jugador total a ambos lados de la cancha que se ganó con creces su continuidad -algo que fue una especie de clamor social en las redes sociales- y dispone en la actualidad de uno de los contratos más altos de la plantilla gracias a su valioso pasaporte. Ivanovic tampoco ha reactivado a un escolta que acaba su vinculación este mes de junio sin ninguna perspectiva de recibir el voto de confianza por parte de las altas esferas pese a la existencia de una opción para ello, tal y como recoge su contrato.

Su falta de confianza en suspensiones que tradicionalmente suele embocar ha alcanzado unas cotas insospechadas. Para alguien como Janning, que siempre ha delegado el éxito de su carrera en la eficacia de su muñeca y se muestra incapaz de generar peligro echando el balón al suelo, no cabe duda de que este hecho le está minando más de la cuenta a nivel psicológico.

Cualquier francotirador huérfano de las dosis mínimas de acierto es como ese delantero preso de la frustración cuando se le resiste sistemáticamente el gol dentro del área. Lejos de ver la luz al final del túnel, la bola de nieve se va haciendo cada vez más grande y el problema de Janning en este instante puede ser más mental que baloncestístico por culpa de una muñeca agarrotada que no encuentra la ansiada liberación ni acaba de soltarse.

Tarjeta paupérrima Los números son cada vez más crueles con el papel de Janning, por debajo del 24% de acierto desde el 6,75 en la Euroliga tras embocar únicamente 24 de los 101 triples que ha intentado hasta la fecha. Muchas de esas suspensiones repelidas por el aro contrario han sido liberadas y sin apenas oposición, de ahí la enorme extrañeza que produce una tarjeta tan pobre por parte de un exterior que en las dos campañas precedentes se ha mostrado fiable y certero.

Con el punto de mira tan desviado, por todos es sabido que la esencia de Janning como baloncestista se desvanece. No en vano, apenas destaca en otros registros como la voracidad en las penetraciones o el uno por uno, virtudes que escasean en él y no le permiten engordar sus números. Tan solo en cuatro de los 22 partidos de esta Euroliga ha alcanzado o superado la decena de puntos. Su mayor anotación tuvo lugar ante el Bayern Munich con 16.

El de Minnesota no solo está ausente en la vertiente favorita de los más líricos de este deporte sino que también ha dejado de ser ese sacrificado perro de presa atrás que era una bendición para Pedro Martínez, el entrenador con el que posiblemente más a gusto se haya sentido durante su ciclo en Vitoria. La nula mordiente del juego de perímetro se ha convertido en una constante partido tras partido que mediatiza el rendimiento del Baskonia. Una triste realidad acentuada por el escaso despliegue de la pareja de baile del georgiano. Y es que Nik Stauskas tampoco está siendo ese jugador desequilibrante que active la preocupación de las defensas rivales, muy cómodas ante el baloncesto plano y previsible que viene desplegando el Baskonia.

La reciente llegada de Zoran Dragic, que también puede ejercer como escolta, puede dar un brusco giro de tuerca a los roles dentro de un perímetro donde tan solo Shavon Shields se encuentra a la altura de lo exigible. Ivanovic dispondrá a partir de ahora de nuevas variantes para agitar a un Baskonia reñido con la constancia e incapaz de dar con la tecla para ser un grupo competitivo.