En un fin de semana marcado por una retórica incendiaria, operaciones militares de alto riesgo en las montañas iraníes y un ultimátum que amenaza con desmantelar la infraestructura energética de la región, la administración de Donald Trump y el régimen de Teherán se encuentran en una colisión frontal. Mientras el presidente estadounidense cuenta las horas para "desatar el infierno" sobre el territorio iraní, las fuerzas de Irán prometen dar una respuesta "devastadora" que no conoce límites.
La crisis actual tiene un epicentro claro: el estrecho de Ormuz. Este paso vital, por el que circula una quinta parte del petróleo mundial, permanece bloqueado, provocando un terremoto en los mercados globales. Con los precios de la energía y el combustible disparados y las cadenas de suministro al borde del colapso, Donald Trump ha decidido jugar su carta más agresiva.
A través de su red social, Truth Social, el mandatario estadounidense ha endurecido su postura de una manera que invita a percibir en él el límite de la desesperación. "El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual!", advirtió Trump, señalando el 6 de abril a las 20:00 horas de Washington (la medianoche GMT del 7 de abril) como el límite innegociable para que la República Islámica reabra el estrecho.
El lenguaje del presidente no ha dejado lugar a interpretaciones diplomáticas. "Abrid el puto estrecho, malditos locos, o viviréis en el infierno. ¡YA LO VERÉIS! Alabado sea Alá", dice su mensaje. Trump ha recordado, además, que ya había otorgado un plazo de diez días para llegar a un acuerdo, un tiempo que, incide, se está agotando. Esta amenaza de destruir infraestructuras críticas como centrales eléctricas y puentes parece que busca forzar a Teherán a aflojar la mano ante lo que Washington considera un estrangulamiento económico inaceptable iniciado tras el estallido de la guerra el pasado 28 de febrero.
Sin embargo, desde Teherán la respuesta no era de amedrentamiento. El comandante Ali Abdollahi, jefe de la máxima unidad de mando operativo y coordinador entre el Ejército y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), ha calificado las amenazas de Trump como un "gesto desesperado" nacido de "repetidas derrotas".
Irán ha dejado claro que no retrocederá. Abdollahi advirtió el sábado que cualquier agresión contra sus infraestructuras nacionales desencadenará una represalia de una magnitud sin precedentes. "Todas las infraestructuras utilizadas por el ejército estadounidense, así como las del régimen sionista, serán sometidas, sin limitación alguna, a ataques devastadores y continuos", afirmó el alto mando militar.
Estas declaraciones se enmarcan en la denominada Operación True Promise 4, la campaña de represalia que el CGRI mantiene activa desde finales de febrero en respuesta a las ofensivas de EE.UU. e Israel. Según Abdollahi, la determinación iraní es absoluta: "No dudaremos ni un instante a la hora de defender los derechos de nuestra nación y salvaguardar nuestros activos nacionales".
Versiones encontradas
Y en medio de este polvorín dialéctico, un incidente militar en el corazón de Irán ha marcado que la guerra también es de narrativas. El pasado viernes, Irán logró derribar un caza F-15 estadounidense, el primero desde que comenzó el conflicto. Mientras que uno de los tripulantes fue rescatado rápidamente, el segundo desapareció en las "traicioneras montañas" iraníes, desatando una búsqueda frenética de 48 horas.
La perspectiva de Washington revela una victoria heróica. Donald Trump anunciaba este domingo con júbilo que las fuerzas especiales estadounidenses lograron localizar y extraer con vida al militar desaparecido, a quien identificó como un "coronel muy respetado", en lo que la casa Blanca califica como "una de las (operaciones) más audaces de la historia", realizada a plena luz del día y en lo profundo del territorio enemigo. Trump confirmaba poco después que el coronel está "gravemente herido" pero "sano y salvo" tras permanecer siete horas escondido mientras un gran contingente iraní lo buscaba intensamente.
Pero la perspectiva iraní relata una versión diametralmente opuesta. El coronel Ebrahim Zolfagari, portavoz del Cuartel General Central Jatam al-Anbiya, aseguró que Irán frustró por completo el intento de rescate en el sur de Isfahán, gracias a la acción coordinada de la Guardia Revolucionaria, el Ejército, la milicia Basij y las fuerzas de seguridad. Así, la Guardia Revolucionaria ha calificado el anuncio de Trump como un intento de "encubrir una derrota humillante" y ocultar que el intento de rescate falló ante la respuesta iraní.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, no tardó en alinearse con la versión de Washington, enviando un caluroso videomensaje a su "querido amigo" Donald Trump. Netanyahu comparó la audacia del rescate del coronel con la histórica Operación Entebe de 1976, en la que él mismo resultó herido y su hermano Yonatan perdió la vida. "Una vez más tu liderazgo decisivo trajo otra gran victoria a EE.UU. ¡Te saludo!", concluyó Netanyahu, reforzando la narrativa de éxito estadounidense frente a las negativas iraníes.
Un lunes de máxima expectativa
Ahora, con el reloj avanzando inexorablemente hacia el plazo establecido, la atención se desplaza al Despacho Oval. Donald Trump ha convocado una rueda de prensa para este lunes a las 13:00 hora local (18:00 GMT), donde se espera que comparezca junto a los militares que participaron en el rescate.
Este evento no solo servirá para intentar zanjar la disputa sobre el éxito de la misión en Isfahán, sino que probablemente sea el último mensaje oficial antes de que expire el ultimátum de las 48 horas. Irán ya ha hecho su jugada; sus defensas están en alerta máxima y sus dedos, según Abdollahi, en el gatillo. Si el estrecho de Ormuz no se abre, el "Día de la Central Eléctrica" podría marcar el inicio de una escalada cuyas consecuencias para la economía y la seguridad mundial son, hoy por hoy, incalculables.