La suerte divina que caracteriza a la Champions League ha querido que los dieciseisavos tengan el punto de morbo que tanto gusta en esta competición; José Mourinho vuelve a la que un día fue su casa, el Bernabéu.

Lo hace tras apear al Real Madrid fuera del top 8 de la competición europea. Un partido cuya épica fue culminada por el portero del Benfica en el último segundo con un cabezazo que metía a los lisboetas en la siguiente ronda.

Trubin dejaba pasar el tiempo en los instantes finales, ya que desconocía que su equipo necesitaba un gol más para clasificar. Su impecable cabezazo en un córner dejaba el pase de los portugueses visto para sentencia.

José Mourinho regresó al Benfica en septiembre de 2025, marcando un retorno emotivo al club donde comenzó su carrera como entrenador en el año 2000, hace 25 años.

Desde su llegada, el equipo se ha consolidado en la tercera posición de la clasificación a 10 puntos del líder Oporto. Además, el equipo ha logrado resultados destacados en otras competiciones: conquistó la Supertaça Cândido de Oliveira, alcanzó los cuartos de final de la Taça de Portugal y las semifinales de la Taça da Liga.

Sin embargo, donde más han destacado los portugueses ha sido en la máxima competición continental. A pesar de un mal inicio, las tres victorias en los últimos cuatro partidos han impulsado al club hacia la última plaza que daba acceso a la siguiente fase europea.

En estos momentos, con un equipo crecido tras endosarle cuatro goles al quince veces campeón de Europa, todo puede pasar.

¿Billete solo ida?

El regreso del técnico portugués al feudo madridista es un gran aliciente para ver el partido. No obstante, la eliminación copera y el naufragio en Lisboa han hecho que el proyecto Arbeloa tiemble, y en ese caos, Mourinho sabe moverse a la perfección.

El luso es una de las opciones favoritas para la hinchada madridista en caso de cesar antes de tiempo o en verano al técnico español. En un contexto de incertidumbre, con un Real Madrid golpeado anímicamente, la figura del portugués aparece casi como un refugio emocional para una parte de la grada, cansada de proyectos a medio hacer y discursos que no terminan de cuajar.

Si Xabi Alonso encarnaba la mano dura y disciplina que parecía hacer falta en un vestuario plagado de egos, Arbeloa parece haber optado por el camino invertido. En cada rueda de prensa entona el 'mea culpa' y libera de cualquier presión a unos jugadores que ya vislumbran en el horizonte otra temporada en blanco.

Mourinho junto a Arbeloa y Xabi Alonso en su etapa en el Real Madrid. EP

La opción de volver a contar con 'Mou' sería una vuelta atrás. Un mensaje claro al vestuario de que la paciencia se está agotando y que los jugadores dejarán de ser los mandamases del proyecto. Encarna una idea de entrenador que muchos consideran ideal para momentos de crisis: liderazgo claro, mensaje directo y una obsesión enfermiza por ganar que puede alienar a los jugadores.

Amigos y enemigos

Nadie puede decir que la etapa de 'The Special One' en el club blanco dejó indiferente a alguien. Desde su llegada, inyectó una mentalidad nunca antes vista en el Real Madrid, rompiendo una sequía de eliminaciones tempranas en la Champions League y conquistando LaLiga 2011-12 con récord de puntos y goles.

No en vano, este éxito vino acompañado de un estilo confrontacional que caracterizó toda su etapa al frente del equipo blanco.

Y es que la etapa del portugués en la capital estuvo marcada por sus constantes salidas de tono. No dudaba ni un ápice en enfrentarse a los periodistas o entrenadores en las ruedas de prensa. Sus famosos papelitos con notas para pasar facturas deportivos son ya historia del folclore futbolero español.

A esto se sumó una controversia abierta con Iker Casillas, a quien llegó a sustituir en la portería y acusar indirectamente de filtrar información al exterior, algo que afectó tanto la relación con el capitán más querido como el cariño que guardaba la afición por él.

Iker Casillas en una foto de archivo E.P.

La llegada del portugués al banquillo merengue fue en gran parte una maniobra de Florentino para parar la hegemonía de uno de los mejores equipos de la historia; el FC Barcelona de Pep Guardiola. Mourinho apelaba a la emocionalidad de cada uno de sus jugadores para intentar derrocar a los azulgranas, por lo que los clásicos se convirtieron en una guerra deportiva y extradeportiva.

Toda esa presión alcanzó su pico cuando José Mourinho metió el dedo en el ojo al fallecido Tito Vilanova, dejando una imagen dantesca para todo el fútbol español y para el madridismo en especial. Tiempo después, el de Setúbal admitió el error y se disculpó: "Yo fui el que falló, no debería haber hecho lo que hice. Claro que no, la imagen negativa se queda para siempre. Tito no tuvo nada que ver con eso. Lo siento por él", comentó.

Una fricción que influyó en dinámicas de la selección española, donde muchos jugadores blancos y culés apenas cruzaban palabra fuera de los entrenamientos.

En el seno del Bernabéu, los gritos de “Mourinho” se mezclaban con silbidos: había quien aplaudía su modo de hacer y resultados, y otros que criticaban su forma de relacionarse con jugadores clave y con el carácter del club; en otras palabras, provocó la división del madridismo, hecho por el que muchos y muchas aún se muestran reticentes a una posible vuelta.

La vuelta de esta serie se disputará en el Bernabéu el 24 o 25 de febrero de 2026 a las 21:00 h, convirtiéndose en el primer reencuentro de Mourinho con su exequipo desde que abandonó el club en 2013.

Está por ver si el equipo portugués volverá a lograr la épica de eliminar al rey de Europa y si Mourinho, finalmente, no tiene que coger el avión de vuelta a Portugal.