Tremendo Gran Premio de Catalunya. Impresionante actuación de Fabio Quartararo a la par que jornada aciaga para sus tres rivales más directos en la lucha por el campeonato: garrafal despiste de Aleix Espargaró, que con una sólida segunda posición dio por finalizada la carrera una vuelta antes de lo previsto y en lugar de ceder 5 puntos con el líder francés perdió 14 para distanciarse a 22; caídas de Francesco Bagnaia y Enea Bastianini, las bazas de Ducati en la pugna por la corona de MotoGP, que se alejan a más de dos carreras de desventaja de un soberbio Quartararo. El Diablo comienza a desbrozar su competencia cuando restan once citas para concluir la temporada.

“Voy a tirar las cinco primeras vueltas a tope para intentar escaparme y luego ver qué pasa”, anticipó Quartararo. Chico de palabra. Superó la primera curva en cabeza. En tres vueltas abrió una brecha de 1 segundo, una diferencia que fue a más hasta alcanzar la vuelta 18 de las 24 pactadas, cuando por primera vez cedió alguna milésima. Para esas alturas, la realización había dejado de dar protagonismo en pantalla a un piloto que rodaba con más de 5 segundos de margen y que incluso se iría a los 6,5. Implacable.

A rueda del francés, en el ataque al primer ángulo de la carrera, Nakagami torpedeó al grupo. Sobrepasó la velocidad y perdió el control de la rueda delantera al tratar de evitar una colisión con Bagnaia. El japonés acabó impactando con el casco, de manera frontal, contra el neumático trasero del italiano. Ambos se fueron al suelo. Como consecuencia, Álex Rins también terminó en la grava, siendo por segundo vez seguida tumbado por Nakagami. “Muy bien. Eres el mejor”, criticó con ironía Rins a un piloto que tras el accidente de Mugello tildó como “el más guarro de la parrilla”.

La carrera terminaría siendo un ejercicio de supervivencia. Bagnaia, Nakagami, Rins, Bradl, Bezzecchi, Dovizioso, Di Giannantonio y Bastianini no llegarían a meta. Este último retomó su hábito de combinar resultados extraordinarios y desastrosos. Sus opciones de campeón se difuminan. Está a 53 puntos de Quartararo.

El poleman Aleix Espargaró se esforzó tratando de cerrar la ventaja del intratable Quartararo. El catalán superó el ecuador de la prueba rodando afianzado en la segunda plaza. Pero entonces Jorge Martín, que busca méritos para saltar al asiento de la Ducati oficial que deja vacante Miller y para ello se debate con Bastianini, superó a Aleix, cuyo objetivo a esas alturas era la citada segunda posición, porque Quartararo no era terrenal. En cuarto lugar aparecía Johann Zarco, pero con el gancho en el gaznate, a rebufo de un podio que a la postre se encontraría de bruces.

El drama de Aleix

Al enfilar la recta de meta para encarar la última vuelta, Aleix ocupaba de nuevo el segundo puesto. Salvo imprevisto, el segundo peldaño del podio era suyo. El catalán ansiaba la victoria en un circuito ubicado a apenas tres kilómetros de su Granollers natal. El resultado quizá le sabría escaso al autoproclamarse como el más rápido del fin de semana. La pole así lo acreditaba. Pese a una caída en el warm up

Los más de 6 segundos de ventaja de Quartararo sobre Aleix al embocar la recta de meta impidieron al catalán ver que el francés no celebraba nada. Porque la carrera no había terminado. Entonces se produjo el monumental despiste. Aleix dejó de acelerar y golpeó el depósito de combustible en lo que se podía entender como un fallo mecánico que le había dejado sin podio. De pronto, se salió de la pista y comenzó a saludar a la grada. Se había equivocado. Al girar la cabeza percibió que nadie aflojaba el ritmo. En ese instante se dio cuenta del grave error y se apresuró a dar gas. Terminó en quinta posición.

La llegada de Aleix al box fue un drama. El piloto se sumió en un llanto desgarrador. Alrededor estaban su mujer y sus hijos, que comenzaron a llorar, los pequeños sin comprender por qué, pero contagiados por el abatimiento de su padre, quien además había corrido con un casco en honor a su hija, Mía, en recuerdo a los niños que nacen con cardiomiopatías y que sería subastado para la causa. Al garaje acudió incluso Carmelo Ezpeleta, máximo responsable de Dorna, la empresa que gestiona el campeonato de MotoGP, para tratar de consolar en el desconsuelo. “No te puedes permitir un error así”, diría el piloto de Aprilia.

Aleix estaba ante posiblemente la carrera más importante de su vida. Al menos, la más emotiva, porque siendo el piloto más local y sin acumular grandes resultados en su extensa trayectoria, podía ganar ante los suyos y, de paso, rebajar o incluso anular los 8 puntos que le separaban de Quartararo. Es decir, Montmeló ofrecía su mayor éxito deportivo y la posibilidad de seguir creyendo que a sus 32 atesora opciones de campeón.

Quartararo extinguió los sueños ajenos. Martín y Zarco ocuparon el podio. Fabio venció en uno de los circuitos más rápidos con una de las motos más lentas, la Yamaha. Está obteniendo el máximo de sus virtudes y camuflando los defectos. Muestra una gestión de los recursos excelente. Compensó la carencia de velocidad con su dulce paso por curva, sin brusquedades protegiendo los neumáticos, evitando un desgaste excesivo que le dio un ritmo inabordable.