Un festival para dar visibilidad a las mujeres en el mundo del rock and roll. En muy pocas palabras, con esta idea se celebró en 2017 la primera edición del Pussy Matic, que este sábado en Hell Dorado vive su cuarta entrega. Por el particular infierno de la calle Venta de la Estrella pasarán Dj como Mindre Folklore y artistas como Nat Simons.
Regresa por estas tierras, además con la banda al completo y algunas colaboraciones extra.
–Nunca hemos tocado en Hell Dorado y teníamos muchas ganas. Es una sala muy mítica y especial. Me hace especial ilusión estar ahí por primera vez. Además nos ha servido como excusa para compartir antes conciertos en Donostia y Bilbao, y así montar una pequeña gira por Euskadi que me apetecía mucho. Es una tierra donde hay una cultura del rock muy fuerte y eso me encanta.
Por suerte, estas van a ser actuaciones bajo techo y no como en el Azkena Rock Festival el pasado junio. Había preparado con mucha ilusión la actuación junto a Cherie Currie (The Runaways) y de repente apareció la tormenta...
–Fue una sensación agridulce porque al final pudimos recolocar el concierto a otra hora, aunque fuese coincidiendo con Iggy Pop. Pero en un principio fue como un jarro de agua fría, además literal. No era un concierto al uso. Cherie Currie venía de Los Ángeles para aquello. Lo curioso es que ella se lo tomó de una manera muy filosófica. Yo estaba de bajón y era ella la que estuvo relativizando. Por suerte, pudimos hacer el concierto a otra hora y viví unas emociones muy guays. Al principio no había casi nadie frente al escenario pero, de repente, se empezó a llenar todo. Ver que había gente con ganas de ese show y de vernos juntas, fue algo especial. Eso me hizo mucha ilusión.
Está preparando el lanzamiento de un disco y un libro que ha bautizado como ‘Felinas’, en el que ha conseguido la colaboración de no pocas artistas. ¿Se escuchará algo de eso en este concierto o va a esperar a que el trabajo salga?
–De Felinas, cuando salga, se hará una presentación en condiciones. Es un proyecto ambicioso y cuadrar las agendas de quienes toman parte es algo complicado. Aún así, lo haremos. O lo intentaré (risas). Pero estos bolos en Euskadi van a ser con la banda que ahora tengo, más la incorporación de Mariana Mott, que va a la batería y a los teclados con Maika Makovski, y Germán Herrero Collantes, de Los Estanques. La idea es hacer conciertos en los que recorrer mi repertorio con las canciones, por así decirlo, más rockeras. E igual, sobre todo en Vitoria, tocaremos algo de The Runaways, porque me quedé un poco con la espinita en el Azkena.
De todas formas, ‘Felinas’ es una embarcada, si me permite, de las que ya no se hacen.
–Totalmente. En realidad, empezó siendo un proyecto pequeño, pero se ha hecho algo muy grande. Por fortuna, después de la carrera que llevo, tengo muchos amigos en la música. Y esto ha terminado siendo como esas fiestas de cumpleaños en las que dices: ¿si he invitado a esta persona, por qué no ha esta otra? Al final, la fiesta se te termina yendo de las manos (risas). No, ahora en serio, ha sido impresionante, además contando sumándose artistas impresionantes a nivel internacional. Al final, soy yo intentando abarcar la grabación de un disco más escribir un libro. Sé que esto último es lo que me va a retrasar un poco porque ni sé la cantidad de entrevistas que he hecho. Pero cuando esté, creo que la gente va a alucinar. Son cosas que ya no se hacen, en eso tienes razón. Pero sé que va a ser el proyecto más especial que he hecho en mi vida.
Son mujeres las protagonistas de este proyecto y viene a Vitoria, precisamente, a tomar parte en un evento que quiere visibilizar a las mujeres en la escena.
–De hecho, Felinas es un homenaje a todas las heroínas que las mujeres de mi generación y posteriores hemos tenido la oportunidad de ver. No hace tanto, no había tantas mujeres pudiendo coger una guitarra eléctrica. Y a las pocas que lo hacían, no se les hacía caso. Hay grandes guitarristas en la historia del rock a las que ni de coña se conoce como a los hombres. Eso es una pena. Ahora, veo que hay generaciones posteriores a la mía que sí que están cogiendo guitarras, que tienen un público grande. Hay bandas femeninas en el panorama nacional que me alegra ver. Pero es verdad que siempre hemos tenido el prejuicio de decir que el rock es cosa de hombres. Es algo que tendría que acabar de una vez. Sigue habiendo una invisibilización. Te encuentras a quien te dice que eres demasiado femenina para hacer esto, que deberías hacer pop o suavizarte. ¿Perdón? La música es un lenguaje universal. No debería haber ni fronteras ni prejuicios. Se tendría que mirar solo la calidad artística. Yo he tenido muchos buenos referentes tanto dentro de mi casa, como puede ser mi madre, como fuera. Felinas es una manera de agradecer a las mujeres que fueron valientes.
Lo cierto es que usted, con mucho trabajo y en un género que no está de moda y cada vez tiene menos espacio en los medios de comunicación, lleva ya tres lustros de camino. Hay un sello Nat Simons que sigue la gente.
–El único secreto es trabajar. Tanto cuando empecé, que hacía más folk o americana, como ahora, que es más rock, lo que hago no está de moda. Por lo menos aquí, porque miras a Estados Unidos y hay un movimiento muy fuerte con la americana. Está en las listas y hay gente como Margo Price muy destacada. Sé que allí hay más industria para lo que yo hago. Aquí es algo muy de reducto, si quieres. Pero de amantes de la música. La gente que viene a los conciertos y que me escucha, es gente que ama mucho la música, que compra en formato físico... Si sigo aquí es gracias al público, aunque sea pequeño. Y es un público que valora las propuestas de calidad, proyectos como va a ser Felinas. Así que todo es a base de currar y de intentar mimar a esa gente que se gasta el dinero en las entradas y en comprarse los discos. A mí lo que me ha valido es currar y currar. Desde ahí, solo puedo dar las gracias a la gente que viene a verme.