A principios de la década de los 90, el escritor británico George R. R. Martin comenzó a perfilar el mundo de 'Canción de Hielo y Fuego'. El primer tomo de esta saga de fantasía, inspirada en el medievo europeo, se publicó en 1996. Once años después, la cadena de televisión HBO compró los derechos de las novelas y las adaptó para la pequeña pantalla. Así nació Juego de Tronos, un auténtico fenómeno de masas que generó cerca de 100 millones de ingresos anuales durante su emisión, según el experto en producción audiovisual Rodrigo Espinel. Como esta, son muchas las sagas literarias que han amplificado su éxito gracias a sus adaptaciones para la pequeña pantalla y, especialmente, en las plataformas de 'streaming'.

Grabación de ‘Detective Touré.’ | FOTO: PABLO VIÑAS

Javier Cámara, gerente de la librería Cámara, afirma que las novelas de Martin “siempre han funcionado bien”, pero que la emisión de HBO provocó un notable incremento en sus ventas. Es más, calcula que la superproducción las pudo llegar a multiplicar por mil. “Gigamesh, la editorial que editaba los libros, abrió una superlibrería en Barcelona gracias al dinero que generó”, señala. El librero considera que el de Juego de Tronos no es un caso aislado. Después de varios años tras el mostrador de su negocio ha comprobado que cuando una obra de literatura muta a producción audiovisual su índice de compra experimenta un notable incremento. Este fenómeno se produce incluso cuando la serie en cuestión está en proceso. Así está ocurriendo con la que está gestando de RTVE, 'Detective Touré'. Inspirada en las peripecias del personaje creado por el escritor vasco Jon Arretxe, la ficción está grabándose en el bilbaíno barrio de San Francisco. “Simplemente con el rodaje las ventas están subiendo”, asegura Cámara.

Fotograma de ‘Los Bridgerton’. | FOTO: NETFLIX

Fenómeno fan

La saga de Arretxe ya se había ganado el afecto de un número considerable de seguidores antes de que la televisión pública estatal apostase por ella. Itxaso del Castillo, profesora adjunta en el departamento de Comunicación Audiovisual de la UPV/EHU, considera que precisamente en este aspecto, en su popularidad previa, reside el éxito de las series basadas en una obra literaria: “Las cadenas y las plataformas de 'streaming' saben que ya tienen una masa de gente que va a decir que sí, que está esperando a que lleguen”, afirma.

Fotograma de ‘Juego de Tronos.’ | FOTO: HBO

Define esta tendencia como un fenómeno que hunde sus raíces en la red de redes. “Antes un autor escribía un libro y la gente lo leía. Como mucho, se hacían círculos de lectores. Pero, ahora, la aparición de internet ha provocado que el fan se convierta en productor de contenido”, desarrolla. Los seguidores de las grandes sagas, de acuerdo con del Castillo, son muy activos. Crean comunidades y acaban convirtiéndose en generadores de publicidad para una determinada productora, cadena o plataforma.

Por otro lado, hay ocasiones en las que la trama de una serie en particular provoca un incremento en el índice de ventas de aquellos libros con los que guarda algún tipo de relación. Cuando Netflix apostó por 'Gambito de Dama' –una miniserie de siete capítulos que gira en torno al ascenso al estrellato de una ajedrecista–, los libros de esta disciplina comenzaron “a venderse como churros”. Así lo afirma Natalia Pérez, de Re-Read. La librería agotó sus existencias de manuales de este juego de mesa cuando los capítulos comenzaron a emitirse. “El cine y la televisión tienen mucho poder. Pueden llegar a determinar los hábitos de lectura e incluso los hobbies de las personas”, expone Pérez.

Las novelas gráficas también son susceptibles de ser adaptadas para la pequeña pantalla. La franquicia de cómics Marvel –que ahora está en manos de Disney–, después de llevar sus tebeos de mayor éxito al cine, está afianzándose también en la producción de este formato. “Las series fidelizan, porque se dilatan en el tiempo y generan más ingresos para las empresas”, señala Itxaso del Castillo. Además, exprimen el producto hasta sacarle todo el jugo para elevarlo a su máximo potencial en términos comerciales. Así, los parques de atracciones de Disney están incluyendo espacios destinados a los superhéroes de Marvel. La experta en producción audiovisual explica que hoy en día todos los productos culturales tienden a expandirse: “Ya no hay nada estanco, todo tiene su ramificación porque se fabrican productos de merchandising o se reeditan libros o se abren parques como los de Disney. Y es que, además, es el propio público quien lo pide así”, asevera.

De esta forma, los seriales acaban creando una onda expansiva, una suerte de big-bang, que genera todo un universo de contenidos, productos e incluso experiencias. Las grandes cadenas y las plataformas compiten por comprar los derechos de autor de una determinada obra, porque son conscientes de su potencial. La historia, además, gana en efectismo cuando se le pone una cámara delante. “Creo que el audiovisual es un medio más completo en algunos sentidos. Es más llamativo, más sorprendente y más sensorial. Llega más rápido que una novela”, zanja del Castillo.