El color con que se mira

05.08.2020 | 01:06
El color con que se mira

¡A lo mejor!

La serie del lasartearra Antonio Mercero en realidad se estrenó en octubre, concretamente del año 1981, pero fue tal su éxito que ya al llegar el verano se repuso y a partir de ahí se convirtió en una tradición disfrutar de ella cada verano, reposición tras reposición, generación tras generación. La última emisión, el verano pasado por La 2, aunque también está disponible en la web de RTVE y en varias plataformas digitales, como Amazon.

Hay que decir una obviedad, Verano azul es una muy buena serie, la mejor de su director antes de caer en los tópicos de abogados y farmacéuticos. Turno de oficio nunca interesó demasiado, y aún menos su continuación, y Farmacia de guardia fue una cosita muy sencilla en un decorado de cartón atestado de publicidad, que se convirtió en un bombazo en una televisión privada que estaba en pañales, pero ni aguantó una reposición. Frente a ellas, Verano azul es inmortal.

Javi era el líder de la pandilla en eterna rivalidad con Pancho, el chico de la lechería del pueblo. Ambos competían por el amor de Bea, acompañada casi siempre de su amiga Desi. Junto a ellos, estaba Quique, el amigo buenazo, y completaban el grupo los dos peques, Tito y el comilón Piraña, que en realidad atendía al nombre de Manolito, aunque así solo le llamara su madre. En el lado de los adultos cómplice estaban Julia, la pintora, y Chanquete, el m arinero que vivía en La Dorada 1ª, un barco varado en mitad de una colina. El otro lado de los adultos estaba formado por los padres de los chicos, con cuyos prejuicios jugaban continuamente los guionistas para sus tramas. Y ese fue el gran éxito de la serie, hablar el mismo idioma que los chavales y adentrarse en tramas sociales comprometidas que interesaban también a los adultos con unos guiones redondos.

No vamos a hacer aquí una disección entre los que apoyaban a Javi, el chulito, o a Pancho, el pueblerino puteado con ese aire entre macarra y chungo. Entre quienes preferían a Bea, la guapa, o a Desi, que tampoco es que fuera muy simpática. Ente los que se reían con Piraña, el gordo, o con Tito, el trasto. Es evidente que con Verano azul aprendimos a mirar a nuestra pandilla desde la bicicleta para reconocernos en aquellos personajes de la tele. Aprendimos a saber quiénes éramos y quiénes queríamos ser. Hoy, tantos años después habría que preguntarnos si somos quienes quisimos ser. Yo no era del equipo de Javi ni de Pancho, pero me caía muy bien Quique, que era como el hombre invisible. Fueron 19 capítulos, uno más y muto en cristal.