María Martinón-Torres: paleoantropóloga y directora del cnieh sobre la evolución humana

"El ser humano no es más violento de lo que le corresponde respecto al tipo de animal que es"

Se dedica a "hacer hablar a los muertos" en beneficio de los vivos y sus desafíos. Afirma que el ser humano ha cambiado el curso de la historia adaptando el mundo a sus necesidades con la tecnología, pero niega que seamos el "cúlmen evolutivo".

22.12.2019 | 06:22
María Martinón-Torres

donostia - ¿El ser consciente de que va a morir ha marcado la evolución del ser humano? Esa es la pregunta que trata de responder su conferencia en este certamen Passion for Knowledge. ¿Cómo puede la paleoantropología, a través de los fósiles, huesos y cráneos, dar respuesta a algo tan intangible?

-Una cuestión que nos permite acercarnos a esto es precisamente el estudio de las enfermedades y las causas de muerte de los homínidos. Sabiendo cuáles son los peligros, las dificultades a las que se enfrentaban, sus vulnerabilidades, también podemos ver si el ser humano u otras especies, por ejemplo los neanderthales, se enfrentaban a esas causas de muerte, si las veían venir. Y tratando de hacer esa reconstrucción, podríamos tener una idea de hasta qué punto eran conscientes de qué podía pasar.

¿Cuál es el fondo de la cuestión?

-Esa característica tan humana de ser conscientes de la muerte, ¿ofrece alguna ventaja? ¿O simplemente es un efecto secundario de otras características que sí fueron seleccionadas positivamente? Es decir, ¿es el precio a pagar por otras capacidades mentales? Pues probablemente sí. Digamos que este sufrimiento que tenemos es un signo o síntoma relacionado con la empatía y con capacidades mentales complejas. Es el precio a pagar por tener un hiperanálisis de nuestro lugar en el mundo.

¿Cómo infiere la paleoantropología cómo y en qué grado ha luchado el homo sapiens contra la muerte?

-Hablamos de una especie que desde muy pronto sabe que se va a morir porque desde muy pronto lucha contra la muerte. Y una manera muy evidente, emblemática de nuestra especie, es luchar contra la muerte con el conocimiento, con los conocimientos médicos. Y no solo ya con los paliativos, los reactivos, sino anticipar y prevenir. Estamos imaginando un futurible que a lo mejor no llega a pasar nunca; nos ponemos en esa situación, rebobinamos al presente y buscamos la manera de atajar una situación para que no suceda. Y lo hacemos con la incorporación de un tercero, la figura del médico. Es decir, hacemos un esfuerzo importante. Hay una socialización de ese sufrimiento. Y la otra parte principal con la que el ser humano se enfrenta a la muerte, que es una característica muy sapiens, estaría en las capacidades simbólicas, como la memoria afectiva. En el momento que empezamos a desarrollar prácticas funerarias estamos luchando, no dejamos marcharse de verdad a los muertos, no nos despedimos.

Más allá de los traumatismos, ¿qué indican los huesos y fósiles hallados? ¿Hay casos especiales?

-Los traumatismos son los más comunes pero luego hay casos realmente especiales. Precisamente, en los yacimientos de la Sima de los Huesos de Atapuerca tenemos el caso de una niña, Benjamina: concretamente una plagiocefalia, que es una deformación craneal congénita. Eso significa que la niña tiene una deformidad estética visible. Y en este caso, con el añadido de que le provocaba una discapacidad psíquica, a pesar de lo cual vivió hasta los nueve o diez años. Eso es una manera indirecta de entender que vivía en un grupo que, a pesar de los problemas de salud que podía tener esta niña, que era diferente, toleraba la diferencia y la ha cuidado.

¿Qué nos dicen estas enfermedades o las lesiones de nuestra especie?

-Cuando encuentras señales de enfermedad, lo que estás en realidad viendo son los intentos de reparación de daños recibidos. ¿Quién tiene la cicatriz? En el mundo natural animal las patologías no son comunes, porque probablemente no superan ese filtro de selección natural. El que está enfermo ya no sobrevive. No hay ese signo de supervivencia durante un tiempo determinado suficiente como para dejar la marca en el hueso. Las patologías, en el caso del homo sapiens, son señal de fortaleza, de un grupo que se ha enfrentado a retos y de alguna manera los ha superado, o con conocimiento o fortaleza física individual o con ayuda del grupo. Hay casos también de los primeros homo sapiens en yacimientos de Israel, otro niño que tiene un traumatismo craneal importante con signos de regeneración. Eso quiere decir que sobrevivió un tiempo con esa herida y que alguien lo cuidó. Es un niño que tiene once, doce o trece años y se ha estimado que tiene un cerebro más pequeño de lo que le correspondería. Probablemente tuvo un retraso psicomotor importante.

¿Homo sapiens, de qué moríamos?

-Es interesante ver que nuestra especie, siendo la misma, ha cambiado mucho sus causas de muerte y de morbilidad, del tiempo actual a los tiempos del Pleistoceno Superior, los más recientes del Paleolítico.

¿Por ejemplo?

-Es cierto que las patologías que podemos encontrar son sobre todo de una vida exigente, mucho traumatismo, pero la casuística en algunos casos es bastante similar a la actual, porque nosotros también tenemos muchos casos de traumatismo, revestidos de un formato moderno, como son los accidentes de tráfico, que son la principal causa de muerte por no enfermedad en el mundo; y la violencia interpersonal, los enfrentamientos, es la quinta causa de muerte actualmente. Lo que pasa es que sí hay una serie de cuadros que son modernos. Son los grandes cuadros infecciosos, que son la principal amenaza que tenemos hoy en día.

¿Y esto es nuevo?

-Las epidemias son algo moderno. Si miras el registro fósil, no existen evidencias de grandes cuadros de grandes infecciones, tipo tifoidea, malaria, tuberculosis... hasta hace aproximadamente 50.000 años.

¿Qué ocurrió hace 50.000 años?

-Coincide con un periodo en que nuestra especie es particularmente numerosa, tiene un éxito demográfico importante. Es cuando empieza a expandirse fuera de África ya de manera masiva y también es un periodo en el que se empiezan a documentar las prácticas ganaderas y de domesticación. Es decir, somos muchos, vivimos muy juntos y además cerca de los animales y eso facilita una serie de mutaciones de los patógenos que antes solo atacaban a los animales y cuando mutan aparecen las nuevas enfermedades en las que los humanos también somos susceptibles. Es decir, morimos de éxito. Y además esas enfermedades se han vuelto muy virulentas y graves.

¿La evolución no es solo ir caminando cada vez más erguido, verdad?

-Muchos piensan que el cúlmen de la evolución es el ser humano. La evolución es cambio y no significa que en una dirección y que lo mejor que te puede pasar es convertirte en un ser inteligente. Nosotros estamos tan bien adaptados a nuestro nicho ecológico como lo puede estar el león al suyo.

Y el león no tiene depresiones.

-Nada. El pulpo, en el fondo del mar, está perfectamente adaptado a su estilo de vida y su medio natural. Solo que explotamos la vida de manera diferente. Lo que venía a decir Darwin es que las especies mutan, cambian a lo largo del tiempo condicionadas por un ambiente cambiante. La selección natural. Si se produce un cambio importante en las circunstancias en las que está esa especie, tanto climática como geográfica, es como un filtro, de manera que esa especie supera ese cambio o no; se producen mutaciones al azar, y si esa mutación le proporciona una ventaja en unas circunstancias nuevas, lo normal es que se propague. Y eso es tener una ventaja evolutiva frente al resto. Nos creemos que somos los más evolucionados, pero no es así. No somos iguales los humanos de ahora, ni las mariposas de antes, ni las águilas. Se producen una serie de mutaciones al azar, sin dirección, que en una serie de circunstancias pueden favorecer o no a determinada especie, y si se supera el filtro de la selección natural, de lo que sucede en ese momento, se perpetua, y si no, desaparece.

¿Todo tiene un final?

-Bueno, eso dice mucha gente, que nos vamos a extinguir. Si miras el curso natural de otras especies, parece que sí. Puedes durar 200.000, 300.000 o un millón de años, como los australopithecus, especies pasadas, que duraron millones de años. Los humanos hablamos de nosotros como una especie de éxito y solo llevamos 200.000 años. Eso no es nada.

Pero el mundo gira en torno a nuestro. Eso parece evidente.

-Es verdad que el ser humano ha introducido un elemento diferente que a lo mejor puede alterar un poco el curso de la historia. Estamos en un momento en que la tecnología es una parte sustancial de nuestra vida. Realmente ya no se producen tantos cambios biológicos; ya no es tan importante que tú estés físicamente adaptado a un medio, sino que tengas la tecnología suficiente como para sobrevivir en un momento determinado. Hemos pasado de ser una especie muy adaptada a nuestro entorno, a adaptar el entorno a nuestras necesidades. Pero probablemente en la dirección equivocada.

¿Por qué?

-Tenemos un ritmo de vida que no es saludable. Muchas de las patologías que sufre nuestra especie están relacionadas con un estilo de vida que no se corresponde a nuestra biología. Somos biológicamente el mismo cazador-recolector de hace 200.000 años, pero ahora estamos sentados, tenemos excesos alimentarios y las principales causas de muerte son cardiopatías isquémicas, accidentes cerebrovasculares, y luego hay muchos casos de diabetes, todo relacionado con un estilo de vida que es un desajuste entre la biología y la cultura.

¿Somos nuestro mayor enemigo?

-Los seres humanos somos grandes creadores de problemas, pero también buenos solucionadores. Yo en general soy bastante optimista. La clave es que somos una primate con una inteligencia social. Es decir, nuestra sociabilidad es nuestra fortaleza. Nuestra dependencia de otros es nuestra fortaleza.

¿Somos especialmente violentos?

-Pues no. Los humanos somos violentos pero no más que cualquier otro primate. Hasta el 40% de los mamíferos tiene casos de violencia letal entre congéneres, pero es cierto que los mamíferos sociales son más violentos que el resto de los mamíferos, en concreto los primates. ¿Por qué? Pues porque los conflictos aparecen de las especies que viven en grupo. Si estás solo, no tienes conflictos. El ser humano no es más violento de lo que le corresponde respecto al tipo de animal que es. Es más violento que un mamífero, pero no más que un chimpancé. También se ha visto en un estudio reciente sobre violencia en 600 poblaciones diferentes a lo largo de la historia, que puede haber disminuido un poco, y viene a decir que la violencia culturalmente se puede modular.