La vuelta de Javier Vizcaino En confianza

Casado cumple tres años y dos días

23.07.2021 | 00:50
Pablo Casado, tras ser elegido presidente del PP en 2018. Foto Efe

Inesperado – No se me olvida la víspera de aquel 21 de julio de 2018. Mi contraprofeta de cabecera me aseguró sin lugar a la más mínima duda que la victoria de Soraya Sáenz de Santamaría sería apoteósica, y pasó a exponerme los motivos incuestionables en los que apoyaba su vaticinio. Ahí fue donde tuve la certeza de que Pablo Casado sería el sustituto de Mariano Rajoy; les juro que mi adivinador no ha dado una en su vida. En su descargo, diré que no fue el único que pifió el pronóstico. Los sabios más sabiondos llevaban semanas adelantando el triunfo del oficialismo representado por la exvicepresidenta. Eso sí, en cuanto los votos dieron como ganador al palentino, todos, incluido mi amigo, corrieron a proclamar que ya lo habían dicho ellos.

Pésimo estreno – Por aquellos días, nadie le arrendaba la ganancia al joven dicharachero de los másteres de pega. El PP iba en caída libre, con Vox haciéndole mucho daño por la requetederecha y Ciudadanos mordiéndole los talones por la otra derecha. La primera cita con las urnas, las generales de abril de 2019, supusieron un morrazo descomunal, de los de dimisión al amanecer... si hubiera habido alguien dispuesto a hacerse con el mando de un chiringo tan a la deriva que muchos daban por amortizado. Cómo sería la sensación de desastre, que para las elecciones de la Comunidad de Madrid de aquel mismo año no encontró a quién poner de cabeza de cartel y echó mano de una completa desconocida llamada Isabel Díaz Ayuso. Su destino era pegarse la bofetada y marcharse a casa, pero las carambolas del politiqueo la hicieron presidenta. No hace falta que les diga lo que pasó en mayo de este año.

En órbita – Resulta gracioso que la estela de Ayuso haya puesto en órbita a Casado. Hoy todas las encuestas –excepto el CIS de Tezanos, faltaría más– le atribuyen a los que no acaban de mudarse de Génova la victoria en unas hipotéticas generales y la mayoría absoluta junto a Vox. Queda mucho todavía, o eso parece, para la cita real con las urnas. Y la cosa es que si uno mira al individuo, repasa sus declaraciones bochornosas (¿se cansará algún día de hacer metáforas náuticas?) y las fotos patéticas que difunde su manifiestamente mejorable equipo de comunicación, se diría que el tipo jamás podría llegar a ser presidente del gobierno español. Pero ojo, que justamente esa es su principal baza. Si hacen memoria, es lo mismo que pensábamos de Pedro Sánchez, o tirando hacia atrás, de Rajoy, Rodríguez Zapatero o incluso José María Aznar. Por si acaso, no hagamos apuestas.

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