Cómo se pueden prevenir los infartos con hábitos de vida saludables

Cuatro factores que te predisponen a sufrirlos y siete prácticos consejos para evitarlos

05.04.2022 | 11:19
Una mujer toma la tensión a un paciente.

No existe una fórmula que sea 100% eficaz para evitar los infartos, pero sí se puede reducir el riesgo de padecerlos. Un 80% de los infartos de miocardio se pueden prevenir con hábitos de vida saludables.

El infarto puede sufrirlo cualquier persona, pero hay unos factores que hacen que se tenga mayor o menor predisposición. Estos son:

1- Edad. Las personas mayores tienen más probabilidades de sufrirlos porque con la edad aumentan las alteraciones del corazón. Esta posibilidad de sufrir una insuficiencia cardiaca se duplica cada diez años a partir de los 45 años. La mayor parte de los factores de riesgo se dan por encima de los 80 años.

2- Genética. El riesgo de padecer problemas cardiovasculares es mayor cuando un familiar masculino de primer grado (padre o hermano) ha sufrido un infarto antes de los 55 años o si un familiar femenino de primer grado (madre o hermana) ha sufrido un infarto antes de los 65 años. Cuando el padre y la madre han tenido incidencias cardiovasculares antes de los 55 años, el riesgo del hijo se incrementa un 50%. Estos antecedentes familiares no se pueden modificar, así que habrá que hacer un esfuerzo para cuidar otros factores que nos resten posibilidades de sufrirlos.

3- Sexo. Las hormonas femeninas ejercen un efecto protector ante un infarto. Con la menopausia, desaparece la defensa de los estrógenos y aumentan las posibilidades de que la mujer pueda sufrir enfermedades del corazón. Tres de cada diez mujeres que mueren en España lo hacen por problemas del corazón.

4- Raza. Algunos estudios indican una mayor probabilidad de sufrir hipertensión arterial en las personas de raza negra y, además, con peores pronósticos. En los países asiáticos, es mayor el riesgo de sufrir un ictus que un infarto. Estas diferencias se deben a la alimentación y a otros factores de riesgo.


Un hombre se lleva las manos al corazón. Freepik


Al margen de estos factores de riesgo, según señalan expertos de TKE Home Solutions, el infarto se produce en todos los casos por la acumulación de placas de grasa en las paredes arteriales y aparece bruscamente cuando una de estas placas se desprende. Esto provoca la formación de un coágulo que acaba obstruyendo alguna de las arterias del corazón y, debido a la falta de riego sanguíneo, una parte de las células cardíacas muere.

Los síntomas más comunes que suelen aparecer cuando se tiene un infarto son: un dolor que surge de repente, comienza en el pecho y se va ampliando hacia alguno de los brazos, cuello y espalda. Puede ir acompañado de mareos y sudores.

También puede aparecer un exceso de sudor, sobre todo en mujeres, que se puede confundir con los sofocos de la menopausia y no depende ni de la temperatura ni de si se está en reposo o haciendo un esfuerzo físico. Dificultad para dormir, sobre todo en mujeres; pérdida del cabello, sobre todo en hombres mayores de 50 años, o disnea o problemas para respirar, son otros síntomas.


Dos cuencos con forma de corazón llenos de fruta. Pixabay

Consejos para reducir el riesgo de sufrir un infarto.

1- Tener una alimentación más saludable. Una dieta sana es aquella que aporta grasas buenas o no saturadas, con lo cual conviene reducir las grasas saturadas de la carne y de los lácteos, consumir más fibra soluble y menos azúcar y comida procesada.

2- Prescindir del alcohol. Hay estudios que aseguran que el uso moderado de alcohol puede subir el nivel de colesterol bueno, pero es fácil excederse y su consumo abusivo resulta tan peligroso para el corazón como la diabetes o la hipertensión.

3- Medicamentos preventivos. Hay medicamentos con prescripción médica (antiagregantes plaquetarios, estatinas, betabloqueantes...) que hacen que pacientes con enfermedad cardiovascular tengan menos riesgo de fallecer a consecuencia de un infarto.

4- Dejar de fumar. El riesgo de infarto disminuye a las 24 horas de dejar de fumar y la función pulmonar aumenta un 30% a los 15 días. El aumento de colesterol bueno ayuda a reducir el malo.

5- Hacer ejercicio regularmente. Los expertos recomiendad actividad física al menos durante 30 minutos tres veces a la semana. Fortaleceremos los músculos del corazón, mejoraremos el flujo sanguíneo, regularemos la presión arterial y bajaremos de peso. Lo más recomendable es caminar, correr, nadar o montar en bicicleta.

6- Rebajar el nivel de estrés. Dos de cada diez personas que han sufrido un infarto habían tenido antes un episodio de estrés severo. El corazón late más deprisa, la sangre circula a mayor velocidad por los vasos sanguíneos lo que puede provocar su rotura y que se produzca un coágulo.

7- Chequeos médicos cardiovasculares. Las enfermedades cardiovasculares tienen un carácter asintomático en sus primeras fases de desarrollo por lo que son importantes las revisiones médicas para poder realizar un diagnóstico precoz.

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