Olatz Salvador: "Si mi voz acaricia, yo seguiré cantando cada vez que pueda"

Su voz acaricia. Se lo preguntamos. Sus canciones son horizontes. Se lo preguntamos. Su segundo disco, 'Aho uhal', es uno de los mejores euskaldunes del año. Lo confirmamos.

21.06.2021 | 09:22
Olatz Salvador, música y poesía.

La cantautora y psicóloga Olatz Salvador (Donostia, 1990) establece la vista y el oído como dos sentidos que conducen su vida en cada parpadeo, sin olvidar el tacto, así como el gusto por tejer redondas canciones, tanto como el formato físico de su disco, que huele a premios. Para ella inventamos una palabra: Composicionterapia. "La practico, sí", redondea.

¿A cuántos horizontes nos trasladan sus canciones?
Pues si me remitiera a mis letras, podrían ser mil, como aquella "mirada perdida" de mi canción Nora, del primer disco. Mi esperanza y mi futuro, como persona que quiere dedicarse a la música, sería que esos horizontes fueran infinitos. Espero que pueda ser así.

Algunos de ellos, si se tradujesen en coordenadas en un mapa, ¿cuáles serían?
Me gusta mucho la pregunta, pero me resulta bastante difícil de responder. Muchos tendrían las coordenadas de mi habitación, o incluso de mi tripa. Una parte de mí aún reside en los horizontes de algunos países del otro lado del charco, podría decir el desierto de San Pedro de Atacama, en Chile, el Salar de Uyuni, en Bolivia€ Lo primero que dice la letra de la canción Eraman nazazu es que tengo mi corazón y mi casa en cada cama, lo que me parece una forma de decir que cada sitio que he visitado ha dejado huella en mí, y las canciones también son otra forma de viajar.

Quienes le descubrieron como teclista en el grupo Skakeitan, ¿qué reconocerán de usted en esta etapa más personal?
Mi proyecto personal puede ser un spin off de Skakeitan. Puede que si no hubiera empezado a tocar ahí nunca me hubiera atrevido con un proyecto como solista. Supongo que habrá a quienes les suene mi voz de cuando me han escuchado cantando coros, pero es cierto que musicalmente están en atmósferas distintas y mi rol también es diferente.

Puede ofrecer la canción más intimista pero le gusta, al mismo tiempo, explotar. ¿Cómo suenan esas deflagraciones postrockeras en directo?
Suenan bastante liberadoras, al menos para mí. Supongo que también es una necesidad vital esa de explotar de vez en cuando. Yo lo hago a través de canciones, puede ser mediante mi voz o con una progresión instrumental que sube la tensión hasta el límite. Es cierto que en alguna canción hemos pecado de exagerar tanto esa atmósfera que la hemos tenido que volver a producir para que en directo se acercara más a un sonido con el que estuviéramos más cómodas.

Físicamente remite a mujeres, por ejemplo, islandesas, al modo de Björk.
Me lo han dicho alguna vez. Que me comparen con Björk, aunque sea físicamente, está bien para mí, porque me transmite una vibra muy positiva y ojalá tenga algo de ella, pero me gustaría más que me comparasen con estilos musicales o cosas más significativas que el físico. También me han comparado mucho con Janis Joplin, y es cierto que a veces me asusta verme tan parecida a ella.

El físico también es identidad, por eso se lo preguntaba, no por otra cosa. Y hablando de mujeres y de explosiones, ¿estima que estamos viviendo un boom de autoras euskaldunes, caso de Maren, Idoia Asurmendi, Iseo, Amaiur Azkarate, Lorelei Green, Izaro, Idoia Bediaga, usted...?
El número de proyectos con sobre todo voces femeninas está en auge ahora mismo, y además, a medida que se generen referentes, tengo claro que subirán exponencialmente. Para mí, ahora el reto es que no nos limitemos a ese rol de cantautoras y que se nos vea también en otros estilos, tocando la batería, produciendo un disco, sonorizando un concierto, conduciendo la furgo, cargando un ampli€ Esas tareas que aún están tan masculinizadas.

Su apellido remite a una interesante cultura musical en Euskadi. ¿En qué momento de su crecimiento cree que se toparon su carrera y las de su padre, el bajista Eduardo Salvador, y la de su tío Iñaki Salvador?
Yo no lo siento como que nuestras carreras se toparan. Son dos personas que siempre han estado presentes en mi vida, sobre todo como figuras cercanas a mí, que me han ayudado en mi crecimiento personal. El hecho de cantar o tocar con ellos me resulta natural. Lo que ha ocurrido en casa no lo siento como que nuestras carreras se hayan cruzado, aunque técnicamente sea así. A la par, también creo que es un lujo rodearme de músicos como ellos y sentirme tan cómoda, aunque para mí siempre prima ese lado personal.

Su voz acaricia...
Lo he leído en algunas descripciones y creo que es lo más bonito que se puede decir sobre una voz. Si mi voz acaricia, yo seguiré cantando cada vez que pueda, porque sé que a mí me cura en cierta manera, pero la clave es que pueda ayudar al resto, y así se establece esa relación de bilateralidad. Ojalá pueda seguir acariciando siempre.

Escuchar Zapore ahoan (Korapilatzen) me recuerda que el Covid-19 ha hecho perder a muchas personas el olfato y a algunas el gusto. Si en una pandemia futura solo le permitieran conservar temporalmente dos de los cinco sentidos, ¿cuáles elegiría?
Dame un momento para pensar la respuesta. Creo que serían la vista y el oído. Me resultaría muy, muy duro, quedarme sin una de estas dos cosas. Supongo que para la supervivencia también será necesario el tacto, y no me imagino viviendo sin él. Y disfruto mucho con el gusto, pero lo sacrificaría por los dos primeros que he nombrado.

Le vimos hace poco actuando en el programa Late motiv. ¿Cómo fue la experiencia con Buenafuente?
La experiencia que vivimos allí es una de esas que llegó para quedarse. Se juntan muchas cosas. Por una parte tocar con mi tío Iñaki Salvador, que siempre es un lujo, tanto musical como personalmente, porque además de hacer maravillas con el piano me hace sentir muy cómoda, y eso es esencial en un contexto profesional. Luego está el hecho de actuar en un programa de ese calibre y con esos musicazos, entre los que está Pablo Novoa, que ha producido mi disco y nos tenemos mucho cariño y admiración. Además, yo había conocido anteriormente a la banda del programa y sabía que genera un clima idóneo para tocar. Finalmente, hacerlo precisamente el Día Internacional del Euskera fue para mí un homenaje desde el absoluto respeto a este idioma, y me sentí muy afortunada de que fuera mi lengua materna la que me hubiera llevado hasta allí. Se juntó todo eso y fue un cocktail que me dejó poso. También añadiría que allí todo el equipo nos trató de maravilla, y eso es algo que marca la diferencia.

Ahora se reirá, pero, ¿cómo recuerda la vuelta a casa aquella noche? ¿Puede resumir la anécdota que vivió?
Claro que ahora me río, pero en ese momento transité por todos los estados de ánimo posibles. La cuestión es que desde la producción del programa nos reservaron los vuelos de ida y de vuelta y parecía que podríamos llegar como a las 23:00 horas a nuestras respectivas casas, un plan muy cómodo. Pero tras dos horas de vuelo se nos dijo primero que aterrizaríamos en Iruñea y después que, como no tenían forma de trasladarnos de Iruñea a Bilbo, nos iban a llevar de vuelta a Madrid. Así que ahí estábamos, en un aeropuerto desierto un grupo de personas que por diversos motivos tenían mucha necesidad de haber llegado a Bilbao, haciendo cola para que nos dieran alguna opción para regresar, como pronto, el día siguiente. Por mi parte me urgía estar en Donostia porque tenía una actuación, y tras barajar todas las opciones posibles optamos por alquilar un coche y volver de noche. Después de varias anécdotas del viaje llegué a casa alrededor de las cinco y media de la madrugada, llevando veinticuatro horas despierta y con todo el ajetreo emocional del programa, pensando en si podría dormir algo y en qué cara tendría durante la actuación que tenía en unas horas.

Este nuevo disco viene trufado de agradables colaboraciones. Hablemos de cada una de ellas. ¿Cómo confluye con una de las artistas estatales más activas, como es Rozalén?
Nos conocimos en el festival Viña Rock, aunque dudo que ella lo recordara cuando volvimos a contactar. Tuve la oportunidad de acercarme, presentarme y regalarle mi primer disco, a lo que me contestó que a ella le encantaría cantar en euskera. Eso es lo que me dio la pista para lanzarnos a la piscina, sin muchas esperanzas de que pudiera materializarse. Sin embargo, resulta que Rozalén también se lanzó y cantó, por primera vez, en euskera. Esto ha sido posible porque ha mostrado su voluntad y su generosidad y las ha puesto al servicio de la canción, así como todo su equipo. Ha sido un privilegio.

¿Y cómo se adaptó al euskera, como también hicieron Quique González con Bide Ertzean o Jesús Cifuentes en una canción del Ibilaldia en Durango?
Ella tenía la letra con su respectiva traducción y un audio de la canción con esa parte cantada por mí. Se la escuchó varias veces en el coche mientras venía y parece que tiene una gran habilidad para los idiomas, porque lo pronunció perfectamente desde la primera toma.

Idoia Asurmendi. ¿Qué les une musicalmente?
Idoia es una artista joven que empezó haciendo covers en sus redes sociales y así es como la conocí. Conecté con ella por una versión de la canción Sinmigo, que me gustó casi más que la original. Y pensé que podía ser bonito, en vez de buscar colaboraciones de gran renombre, que pudiéramos servir de puente para las personas que llegan, aunque está claro que ella no necesita ningún trampolín. Supongo que nos une esa sensibilidad que nos lleva a crear canciones para sanarnos.

Muchos discos del pop y el rock actuales incluyen una parte rapeada o a modo de rapsodia. Usted también, y La Mare aporta su calorcito precisamente en Mareak.
En mi caso creo que mi tendencia a rapear o recitar viene del amor que tengo por las palabras y la poesía. Muchas raperas se autodenominan primero como poetas, y ese es un mundo por el que siento mucha atracción. Poder contar con La Mare ha sido precisamente eso, dulzura y calorcito desde una tesitura que parece un susurro. Creo que ella también nos acaricia con su aportación.

Iván Ferreiro, como Rozalén, es casi omnipresente en los últimos tiempos. ¿Qué le ha gustado siempre de Promesas que no valen nada?
Hay canciones que marcan una época vital, y en mi caso esta me lleva a mi adolescencia. Me gusta mucho que el mismo título nos muestre una contradicción en sí misma, para que sintamos que eso es posible, más durante esa época en la que tenemos todas las emociones a flor de piel y las sentimos como cosas absolutas o infinitas.

¿Cuál es el primer recuerdo que conserva relacionado con la música?
No tengo uno en concreto guardado en mi cerebro como el primero, pero sí algunos flashes de la infancia que me ayudan a explicar cómo he acabado aquí. Desde que era muy pequeña, un hermano de mi padre debía decir que yo iba a ser una persona muy creativa, y he visto vídeos donde aparezco cantando cosas que no existen, cuando parece que soy demasiado pequeña hasta para hablar. Eso me hace sentir que la música era algo que llevaba dentro y en algún momento tenía que aflorar.

¿Qué ha aprendido de la pandemia, aparte de a no toser en sociedad?
He aprendido muchas cosas y me quedan aún más por digerir. Nuestra realidad ha cambiado tanto que aún me cuesta creer todo lo que ha pasado. Bajo mi punto de vista, nunca está de más reivindicar nuestra vulnerabilidad, lo efímera y frágil que puede ser la vida, o la necesidad vital de tener redes de apoyo y de cuidarnos.

¿Practica, permítame inventarme la palabra, la composicionterapia?
La practico, sí. Estudié Psicología y además estoy en un proceso terapéutico que me está ayudando a conocerme mejor, pero es cierto que el proceso de creación es catártico y me cura de cierta manera. Es una de las pocas cosas que me abstrae de lo demás, y para mí es esencial huir de todo para conectar conmigo misma y sentir a través de las formas que voy explorando. 

PERSONAL
Lugar y fecha de nacimiento: Donostia, 1990.
Formación: Psicología.
Estudios musicales: Piano, guitarra, bajo y técnica vocal con Ainara Ortega.
Primer grupo: Skaiketan, tocando el órgano Hammond y otros teclados y haciendo coros.
Primer directo en solitario: En 2014.
Discos publicados: Dos. Zintzilik y Aho uhal, que traduce como Mordaza. Produce el nuevo disco el histórico Pablo Novoa, quien también ha estado detrás de discos de Julieta Venegas, Bebe o Iván Ferreiro.

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