Editorial

El euskera, reconocido en Francia

10.04.2021 | 00:44

La aprobación por la Asamblea Nacional de la ley que protege la educación en las lenguas minorizadas es un paso histórico que rompe con el tradicional chovinismo galo y una oportunidad para el euskera

La aprobación por parte de la Asamblea Nacional francesa de la nueva ley por la que, por primera vez en los 250 años de existencia de la República, el Estado francés reconoce a las lenguas minorizadas como el euskera y recoge su protección y promoción como patrimonio propio supone un paso histórico, sólido y posiblemente irreversible hacia la legitimación social y legal de una sociedad multilingüe. La norma, aprobada por mayoría pese a la posición radicalmente contraria de Gobierno de Emmanuel Macron, debería romper de un plumazo con la tradicional legislación y con la también habitual conducta de la administración gala de negar, ningunear y obstaculizar el desarrollo de cualquier lengua que no sea el francés pese a que dentro del territorio del país existen idiomas diferentes como el euskera, el bretón, el occitano, el corso y el catalán y, por tanto, sus hablantes deberían tener pleno derecho a conocerlos y utilizarlos en plenitud. Por ello, puede decirse que esta ley de protección del patrimonio y promoción de las lenguas regionales quiebra, felizmente, una conducta culturicida y empobrecedora del acervo propio y, en consecuencia, de la libertad e igualdad de los ciudadanos. La aprobación de esta norma por parte de la Asamblea Nacional supone un triunfo de las personas, grupos e instituciones que han luchado durante décadas por este reconocimiento frente a la intolerancia, la desidia, la incomprensión y también la manipulación de muchos sectores, en especial de quienes representan el proverbial chovinismo galo, incapaces de ver el enriquecimiento personal, cultural, patrimonial y social que supone el plurilingüismo y que pretendían mantener el francés como única lengua existente a proteger. Gracias a este esfuerzo, a partir de ahora se abre la puerta, por ejemplo, a la inmersión lingüística en Iparralde –con lo que los alumnos y alumnas podrán estudiar exclusivamente en euskera– y a la subvención a las ikastolas, así como la posibilidad de colocar señales y paneles bilingües. La contumaz oposición del Gobierno de Macron durante todo el proceso, sin embargo, augura que no será fácil y es muy probable que trate de torpedear la aplicación real de la ley o de disminuir su alcance. Por contra, el euskera necesita, para su supervivencia, de más instrumentos legales y medios en Iparralde para su plena extensión y desarrollo.

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