Editorial

Las uvas, ¿de verdad?

24.12.2020 | 01:11

Las restricciones están avaladas por el contraste honesto entre el limitado esfuerzo de cumplirlas y su rendimiento en prevención y el enorme riesgo y las consecuencias de su incumplimiento

La decisión del Consejo Asesor del Plan de Protección Civil de Euskadi, LABI, presidido por el lehendakari, Iñigo Urkullu, de extender las restricciones a la movilidad y las relaciones sociales durante las festividades navideñas que se habían consensuado durante el último Consejo Interterritorial de Salud sitúa a la sociedad vasca ante un espejo en la que contrastan las demandas de mayor rigor y severidad con las consecuencias del cansancio social en forma de incomprensión hacia el detalle de alguna de las medidas. Pero, ¿de verdad es relevante el detalle? Frente a la mayoría de la sociedad vasca, que viene haciendo gala de una encomiable responsabilidad durante los exigentes y largos diez meses de pandemia, se expresan dudas respecto a la oportunidad del adelanto en dos horas del cierre de los establecimientos de hostelería, del inicio a las 00:30 horas del toque de queda en Nochebuena y Nochevieja, de la reducción a seis del número máximo de comensales. No parecen basarse en un diagnóstico del esfuerzo y el verificado rendimiento en prevención de cumplir las restricciones. ¿De verdad es relevante que haya que posponer algunos contactos que no se mantienen regularmente, que no se pueda compartir mesa, que haya que adelantar las uvas? En Euskadi se han producido más de cien mil contagios y casi tres mil fallecimientos; más de trescientos vascos permanecen hospitalizados, casi un centenar de ellos en las Unidades de Cuidados Intensivos. La extensión y gravedad de la covid-19 no solo exige de los gobiernos un esfuerzo presupuestario (mil millones de euros hasta la fecha en el caso del vasco) para enfrentar la enfermedad y paliar sus consecuencias socioeconómicas; tampoco demanda únicamente las medidas precisas para el control exhaustivo de la transmisión del virus; ni siquiera reclama solo exacerbar la responsabilidad individual en el cumplimiento de las normas básicas de higiene y prevención. No es cuestión de obviar las dificultades y el aplomo con que enfrentan la situación los sectores económicos afectados por la ausencia de una actividad ciudadana normal, pero sí es preciso que el análisis sea honesto en términos del conjunto del panorama, de la pérdida y ganancia social. Sectorializarlo como si no nuestra realidad no fuera un sistema de vasos comunicantes llevaría al choque de intereses entre el derecho al trabajo y el de la salud. Sería un error gravísimo.