Editorial

Consecuencia ineludible

26.10.2020 | 23:03

Las nuevas restricciones aprobadas en Euskadi se dirigen a cada ciudadano en demanda de una responsabilidad que no siempre ha sido entendida por todos, lo que no es ajeno a la nueva situación

La decisión del cierre perimetral de la Comunidad Autónoma del País Vasco, la limitación de la movilidad a los municipios de empadronamiento salvo causas justificadas, el establecimiento de una restricción general de la movilidad en franja horaria nocturna, de 23.00 a 06.00 horas, o la confirmación de la limitación de los grupos sociales a seis personas, como medidas más relevantes entre las últimas adoptadas por el consejo asesor del Plan de Protección Civil de Euskadi (LABI), son consecuencia ineludible de una expansión de la transmisión del SARS-CoV-2 y de una aceleración del ritmo de los contagios que sitúa a Euskadi sensiblemente por encima de los quinientos positivos por cien mil habitantes en los últimos catorce días. Aun siendo cierto que ya con anterioridad, concretamente a finales de agosto, se han dado porcentajes de positivos por pruebas PCR similares al 8,7%, 9,2% y 8,9% de los últimos tres días y que lo mismo sucede con el índice RO que indica el número de posibles contagios por afectado, no lo es menos que esas cifras prácticamente doblan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y que esta nueva ola de la pandemia parece presentar una peculiaridad: la alta carga viral detectada en las pruebas PCR de los últimos días, lo que aumenta exponencialmente el riesgo de contagio y la posible gravedad de los casos, con la consiguiente afección al sistema sanitario. Por otro lado, expandir el cierre de los municipios en alerta roja a toda la CAPV se antoja lógico cuando la tasa de incidencia en Euskadi se sitúa en 527, es decir, por encima del límite que se establece a los municipios para someterles al cierre perimetral. Ahora bien y en todo caso, la aplicación de estas medidas, como sucedía con las que se habían adoptado con anterioridad, no puede ni debe apelar a la capacidad de control de su cumplimiento por la administración o los encargados del orden público, sino que se dirige a cada ciudadano en demanda de una responsabilidad individual y social que no siempre ha sido entendida por todos hasta la fecha tras haber dado una demostración general de civismo y comprensión durante el confinamiento. Porque solo de ese cumplimiento individual depende que la transmisión del coronavirus se ralentice de nuevo hasta cifras de control de la pandemia y, por tanto, que las restricciones ahora impuestas puedan ser paulatinamente superadas en las próximas semanas.