Bis a bis

Libertad y Democracia

02.05.2021 | 01:23
Libertad y Democracia

El intento de colonización del término "Libertad" por parte de la extrema derecha y de la propia derecha, representadas por el PP y por VOX en Madrid merece una reflexión: ¿libertad para quién?; ¿contra quién se esgrime tal reivindicación vacua de libertad?; ¿cómo frenar esta devaluación de la palabra pública?

A tan solo dos días de la celebración de las elecciones en la comunidad de Madrid (votación que dará paso, cabe recordarlo, a una legislatura reducida a dos años, ya que tras la disolución anticipada de la Asamblea de Madrid acordada por Ayuso los madrileños y madrileñas tendrán que volver a votar de nuevo en 2023), el lema "libertad" ha servido como palabra totémica a través de la cual pretender hilar un discurso electoral con la pretensión de ganar la confianza o la lealtad electoral de la ciudadanía madrileña.

El cinismo, la hipocresía, la provocación, el histrionismo, las dosis de populismo dialéctico, la banalización de la violencia y las amenazas, nada de eso ha faltado en esta pésima y antipedagógica (desde el punto de vista democrático) campaña electoral.

Y entre todos esos lamentables recursos dialécticos ha emergido desde todo el ámbito ideológico de la derecha y extrema derecha esa invocación casi sacralizada del concepto de libertad. En nombre de la libertad y al supuesto servicio de la misma se han formulado discursos xenófobos, discursos insolidarios y se han promovido actitudes (particularmente las de VOX, pero no solo las de esta formación política) que propugnan directamente una involución democrática.

Socavar la democracia desde el recurso y la apelación dialéctica a principios democráticos es, además de muestra de cinismo, una práctica inadmisible y contraria a las normas básicas de vida y de convivencia entre diferentes que, tal y como expresó R.Sennet, es el arte de vivir en desacuerdo.

¿Cómo reaccionar frente a quienes rechazan el diálogo y a la vez se escudan en él para provocar y profundizar en el antagonismo cuasi tribal?; ¿cómo proteger la democracia frente a formaciones que quieren el poder a costa de crear enemigos? Partidos políticos como VOX desean, ansían el poder y una vez que lo obtienen no saben en realidad qué hacer, porque necesitarían destruir todos los procedimientos democráticos para imponer sus programas.

Ante este tipo de formaciones políticas los demócratas nos movemos entre la indignación, por un lado, y la duda, por otro: indignación ante actitudes tan antidemocráticas como las mostradas de forma obscena durante esta campaña electoral y dudas en relación a cuál ha de ser la forma de responder democráticamente.

¿Por qué surgen dudas? Porque la libertad ideológica y la de expresión es un Derecho fundamental que cumple además una función social esencial en democracia: una opinión pública diversa y plural representa la antítesis de la "verdad oficial" y garantiza una ciudadanía con criterio. Ya en 1959 Stuart Mill expresó planteamientos válidos y extrapolables a debates actuales, al señalar que toda libertad es absoluta mientras no perjudique a otras libertades y derechos o que hay que proteger la discrepancia consciente del parecer mayoritario y lograr así un tratamiento no dogmático de la verdad.

El recordado Umberto Ecco afirmó que la piedra de toque de una verdadera democracia pasa por no conculcar el derecho a la divergencia. En democracia las ideas adversas se han de poder discutir y en su caso combatir dialécticamente.

Las limitaciones a la libertad de expresión han de ser la excepción y deben ser interpretadas de forma restrictiva. ¿De qué forma? El uso de la libertad de expresión no puede ir en contra de los propios valores democráticos: nunca puede, por ejemplo, ser utilizada para justificar el uso de la violencia.

El propio Tribunal Constitucional en varias sentencias ha sido muy claro cuando ha señalado que en el sistema jurídico no tiene cabida un modelo de "democracia militante" que imponga la adhesión a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Es decir, no acatar la Constitución no es ni puede ser un delito ni tampoco ha de ser causa de ilegalización de una formación política.

En todo caso, y frente a lo que con frecuencia se afirma, no todas las ideas son respetables o defendibles. Este tópico dialéctico no se sostiene en una vida en democracia, hay que tener siempre presente la eventual afección de las mismas a principios y valores troncales para la convivencia en sociedad. Hay que ponderar los intereses en juego y actuar en defensa de la democracia.

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