Inclusión de las personas sordas

La barrera del silencio

Decía el escritor francés Víctor Hugo que "la incurable sordera es la de la mente"

01.09.2020 | 00:20
Esther Ruiz de Arbulo y Kizkitza Velasco, en un parque cercano a la Asociación de Personas Sordas de Álava, en la calle Palencia.

desde el año 2008, a propuesta de la Organización de las Naciones Unidas, cada 23 de septiembre se celebra en el mundo el Día internacional de las lenguas de signos. La fecha trata de conmemorar la creación de la Federación mundial de los sordos en 1951, una organización no gubernamental que hoy por hoy ostenta el carácter de órgano consultivo de las Naciones Unidas y que se presenta como la máxima autoridad mundial para la defensa de los derechos e intereses de las personas sordas.

Se trata de una efeméride global que se festeja en conjunto con la Semana internacional de las personas sordas, y que tiene su segunda cita el último sábado del mes de setiembre, cuando se celebra el Día internacional de las personas sordas. En este caso, se busca –desde 1958– sensibilizar y concienciar sobre las necesidades particulares de las personas sordas y la importancia de crear programas que permitan su inclusión dentro de todos los ámbitos de la sociedad.

Esther Ruiz de Arbulo (Alangua, 1960) y Kizkitza Velasco (Donostia, 1977) conocen perfectamente las dos citas anuales. Ambas son sordas. Esther desde que nació y Kizkitza a raíz de una meningitis cuando tenía dos años. Y, ambas, coinciden en el mismo mensaje: queda mucho, mucho camino por delante para la inclusión, que no integración, de las personas sordas en nuestra sociedad.

A lo largo de mi carrera profesional es la primera vez que entrevisto a dos personas sordas. Y al terminar me voy con la sensación de que, quizás, ambas no puedan oír, pero la sociedad, hasta el momento, tampoco se ha parado a escucharlas del todo. Que "no hay –explica Velasco– personas con discapacidad, sino entornos discapacitantes".

Quedamos en los locales de la Asociación de personas sordas de Álava Arabako Gorrak, en la calle Palencia, número 6. Actualmente, Arabako Gorrak cuenta con alrededor de 90 personas socias.

Es una entidad sin ánimo de lucro y desde su fundación, en 1972, tiene como misión la eliminación de todas las barreras de comunicación existentes para hacer efectiva la inclusión de las personas sordas en la sociedad. Todo un desafío, por ejemplo, en el mercado laboral. Máxime cuando se es mujer sorda. Según el informe del Observatorio sobre discapacidad y mercado de trabajo en Españade 2016, las personas con discapacidad auditiva presentan una tasa de desempleo del 55,4%. Un mal dato que empeora desde la perspectiva de género. Según datos del Eurostat, en España trabaja el 67,9% de los hombres sordos frente al 56,95% de las mujeres sordas. "Es como si por ser sordas estuviéramos incapacitadas en distintos ámbitos de la vida. Tenemos capacidad, pero no nos dejan demostrarlo", subraya Ruiz de Arbulo.

La entrevista se hace posible gracias a la participación de Sheila García, como intérprete. No hubiera habido más dificultades, dice Velasco, si desde que estamos escolarizados aprendiéramos la lengua de signos. Y pone el ejemplo que de cuatro colegios bilingües de Madrid, donde hay menores sordos y oyentes en las mismas clases.

"Y les ves a todos usando la lengua de signos en clases y no sabes cuál es el niño sordo o el oyente", insiste. Y añade: "Aprender lengua de signos, es más práctico que el inglés. ¿Cuándo practicas un idioma extranjero? Cuando te vas fuera. Pero si tienes un vecino, un hermano, una amiga sorda, ¿cuándo usarías la lengua de signos? Todos los días".

Barreras

En contraposición, señalan, en Vitoria-Gasteiz la alternativa son los colegios de integración, que no de inclusión, como en Madrid. "Con integración lo que se quiere decir es que se pone a una persona sorda dentro de un colegio y ya está. Pero no hay ninguna adaptación a las personas sordas. Si es un colegio inclusivo, podría tener intérprete o los profesores sabrían lengua de signos. O habría una profesional que fuera sorda", subraya Velasco.

Una barrera añadida a las decenas que han tenido que superar a lo largo de su vida.

Ruiz de Arbulo nació en un pequeño pueblo cerca del puerto de Opakua. Y ser la única persona que no oía le llevó, a ella y a su madre, a vivir situaciones difíciles. "La gente le decía que yo no era normal", recuerda. También complicado el inicio de la relación con su marido, quien no sabía la lengua de signos. "Teníamos que escribir y repetirnos muchas veces para entendernos", explica. Y, después llegó, la maternidad. Y el cuestionamiento de si ella sabría poder cuidarla o no. "Tenemos la misma capacidad que cualquier mujer", relata Ruiz de Arbulo.

Y, así, hay, durante toda la entrevista un suma y sigue que desvela importantes dificultades para acudir al cine, al teatro, tener asistencia para cambiar una rueda del coche en una carretera o la ilógica oferta de 150 minutos gratis en llamadas en cualquier compañía cuando se adquiere un teléfono móvil. "¿Para qué los queremos?", se preguntan.

Con 42 años, Velasco se ha desenvuelto gracias a su habilidad en la lectura labial. Un aprendizaje que, sin embargo, ha encontrado su peor enemigo durante esta pandemia: la mascarilla. Hasta esta entrevista, yo tampoco había sido consciente de la limitación que supone para una persona sorda la obligatoriedad de llevarla dado que, a su aislamiento por la falta de audición, se levanta ahora otro muro en su aislamiento de no poder leer los labios de las personas que les hablan.

Así, el simple hecho de acudir a una tienda de ropa a comprar, por ejemplo, se ha convertido en una pesadilla. "Antes, cuando estaba en una tienda, avisaba de que soy una persona sorda, y pedía que me hablaran despacio para que pudiese leerles los labios. Pero ahora es muy angustioso", señala Velasco.

"Ahora mismo tengo ansiedad anticipatoria. Si mañana tengo que hacer algo, a la noche no duermo. Me pongo muy nerviosa porque no sé cómo me voy a poder comunicar. En el reconocimiento de la mutua, por ejemplo, quien me atendió se negó a quitarse la mascarilla. Me ha pasado también en El Corte Inglés. La vendedora estaba detrás de una mampara protectora y se negó a bajarse la mascarilla para comunicarse conmigo. Y muchas veces me tengo que ir de la tienda porque las barreras de comunicación se han hecho imposibles", señala.

En el futuro más inmediato, también hay mucha preocupación por cómo va a afectar a los niños y niñas sordas toda esta situación en este mes, cuando tienen que volver al colegio.

Y, por si fuera poco la barrera en la que se ha convertido la mascarilla, el uso absoluto del teléfono para muchas gestiones dada la suspensión de la atención presencial, termina por rematar la difícil situación. "Durante el confinamiento si tenías que ir al médico, era telefónico. O con el banco, todo teléfono. ¿Cómo lo hacemos nosotras? No hay un mail, no se puede mandar un mensaje", denuncian.

Reivindicación de este año
Precisamente, esta denuncia es la que va a centrar este año el Día internacional de las personas sordas. Reivindicar su presencia y derecho a una vida normalizada, como vienen haciendo desde siempre. Especialmente, ante las instituciones, donde "toman decisiones por nosotros personas oyentes" con un "paternalismo bastante evidente".

"Podríamos dar soluciones muy fáciles a los problemas que hay, pero no nos dejan participar", se queja Velasco. Como dice la frase No hay peor sordo que el que no quiere oír.