Una Europa con voz en el mundo, una Euskadi con voz en Europa

Iñaki Aguirre
Parlamentario del PNV

La profunda vocación europeísta de EAJ-PNV se remonta prácticamente a su fundación y queda avalada por la destacada participación que tuvo la formación jeltzale en las iniciativas y movimientos que acabarían por alumbrar lo que hoy es la Unión Europea, destino final de la nación vasca

En sus escritos, Sabino Arana mencionó poco el contexto internacional, aunque algunos artículos sí hacen referencia a los “pueblos oprimidos” de Europa: polacos, checos, rumanos o irlandeses. En el pensamiento nacionalista más general, la defensa de los derechos de los pueblos europeos que aspiran a tener un Estado propio aparece a principios del siglo XX. En 1913, dirigentes nacionalistas como Luís de Eleizalde, Engracio de Aranzadi, Elías Gallastegui o Isaac López de Mendizabal entablan relaciones con movimientos nacionalistas de Europa y entran en la Unión de Nacionalidades (Office Central des Nationalités). Eleizalde en particular tiene una clara visión y compromiso europeo, reclamando el derecho de las nacionalidades a tener un papel y reconocimiento propios en Europa.

Fue en el Aberri Eguna de 1933 cuando el PNV reivindica “un puesto como nación en el banquete de los pueblos libres de Europa”, tal y como escribió Irujo

De Lausana a Chaudfontaine El PNV participa en la III Conferencia Internacional celebrada en Lausana (1916), donde se pretende “propagandizar el derecho de autodeterminación de las nacionalidades, potenciar un futuro en paz y una federación europea”. El prestigioso escritor, abogado y activista por la paz, el belga Paul Otlet, afirmaba en su discurso de apertura que el objetivo principal del evento era “formular una Declaración de los Derechos de las Nacionalidades y así definir una parte importante del Derecho Internacional del mañana”. Ese mismo concepto sería recogido y desarrollado por el lehendakari Aguirre años más tarde.

En Lausana se aprobó la Declaración de las Nacionalidades, donde se recoge que “las nacionalidades tienen derecho a la libre disposición de ellas mismas”, que “el fundamento legítimo de los estados debe ser la soberanía manifestada por la voluntad libremente expresada por las poblaciones”, y se aboga por “mecanismos para el reconocimiento de las nacionalidades en cuestión”. La delegación vasca presentó su informe (Rapport de la Délégation Basque) en lo que posiblemente es el inicio de la acción exterior de EAJ-PNV y su apuesta decidida por una Europa donde Euskadi pudiera ser reconocida en pie de igualdad junto con tantas otras nacionalidades sin Estado.

El 5 de septiembre de 1929, Aristide Briand, presidente del Consejo y Ministro de Asuntos Extranjeros de Francia, pronuncia en Ginebra, en la X Sesión de la Asamblea de la Sociedad de Naciones (SDN), su discurso sobre el proyecto de Unión Federal Europea. En diferentes artículos del diario Euzkadi, Aranzadi y Aniceto Rezola valoran positivamente el proyecto paneuropeísta, entre otros por su reconocimiento de las minorías étnicas y las posibilidades que podría ofrecer a las nacionalidades sin Estado, aun reconociendo las dificultades para el triunfo de estas ideas. También Javier de Landaburu escribe en abril 1931 su artículo Nacionalismo, federalismo y universalidad, citando como ejemplo la idea de Briand. El crack de Wall Street y el estancamiento de los trabajos de la SDN terminarían con este primer gran proyecto europeísta. En el Aberri Eguna de 1933 organizado en Donostia bajo el lema Euzkadi-Europa, el PNV reivindica una vez más las aspiraciones del pueblo vasco en un marco más amplio de reivindicaciones de las nacionalidades sin Estado en Europa: un puesto como nación, en el banquete de los pueblos libres de Europa, escribió Manuel de Irujo. A lo largo de la década de 1930, el PNV asiste a las reuniones anuales del Congreso de Nacionalidades, del que ya forma parte.

Durante la II Guerra Mundial, Irujo con otras personalidades desde Londres y el lehendakari Aguirre desde Nueva York participan activamente en distintas iniciativas sobre la federación o confederación europea. Aguirre proponía ya en 1943 “ir estudiando desde ahora el encaje jurídico del problema de las nacionalidades insatisfechas, en las soluciones de paz y de organización universal de la postguerra”. Proponía que “la organización continental acordará una norma jurídica general que facilite el acceso a la libertad política de todos los pueblos que lo deseen” e incorporar la norma al Derecho Internacional positivo. Pero es sin duda a la salida de la II Guerra Mundial cuando el PNV entra de lleno en el proyecto europeísta. Participa en 1947 en la fundación de los Nuevos Equipos Internacionales (NEI), movimiento demócrata-cristiano europeísta (Chaudfontaine, Bélgica), y en 1948 asiste al Congreso de Europa en la Haya, auténtico pilar de la creación de la hoy UE.

El derecho a la libertad Más tarde, Aguirre escribe en la revista del Cuerpo Diplomático: “La insistencia con que eminentes pensadores defienden la necesidad de establecer definitivamente la Carta de los Derechos Humanos es un síntoma feliz. Pero, ¿dónde está la carta de derechos de las nacionalidades?”. Señala el principio que “todos los pueblos o nacionalidades, constituidos o no como estados, tienen derecho a la libertad”. El lehendakari propuso principios y reglas “para permitir a los pueblos que así lo desearan un proceso pacífico y legal para lograr el camino a la libertad”. Planteó la creación en la “Organización Federal Europea de una sección especial que se ocuparía de manera permanente de los intereses y la protección de las nacionalidades sin Estado propio y en la que estas tendrían representación directa y permanente […], mientras se gesta el proceso de una nueva situación jurídico-política”. En 1953, Aguirre afirmaba: “Sentimos solidaridad con Europa, porque la solución a nuestros problemas está ahí, en Europa. Esta solidaridad abarca todos los ámbitos de la vida, tanto individuales como colectivos. Nuestro concepto de derechos humanos y el de Europa son coincidentes, nuestro patrimonio cultural es el mismo, compartimos el mismo sentimiento democrático sobre la vida y deseamos ver extendida en nuestro territorio la pasión por el progreso económico y social que se aprecia en los europeos, al amparo de la libertad.”

Hoy, la Unión Europea es una realidad sin acabar, imperfecta y que a menudo avanza de forma desesperadamente lenta, pero por la que seguimos apostando. Una Europa en paz, modelo de justicia, de progreso económico y de cohesión social. Una Europa con voz propia en el mundo y una Euskadi con voz propia en Europa. Ese es el proyecto de EAJ-PNV.

El futuro de Euskadi como nación en Europa

Juanjo Álvarez
Catedrático de Derecho Internacional Privado por la UPV/EHU

En Euskadi, Europa fue desde su creación sinónimo de democracia, justicia y libertad. Estas tres son también las señas de identidad que definen al PNV en su histórica trayectoria que abarca ya 125 años, mostrando su capacidad para vertebrar y liderar nuestro país. El sentimiento abertzale -que en Euskadi nació, se ha mantenido y evolucionado con el PNV- ha estado estrechamente vinculado a los valores de humanismo y de democracia que desde sus orígenes impulsaron y caracterizaron al proyecto europeo.

La actual Unión Europea se constituyó hace 63 años, concebida como un proyecto de paz y libertad al finalizar la Segunda Guerra Mundial que había asolado el continente. A pesar de los desencuentros puntuales y los momentos de estancamiento, Europa representa un proyecto de paz, libertad y justicia social, una institución supranacional defensora de la multilateralidad y del diálogo entre culturas en los escenarios políticos mundiales y un espacio de bienestar y compromiso social que apuesta por la cooperación.

El PNV ha estado estrechamente vinculado a los valores de humanismo y democracia que impulsó el proyecto europeo

Es posible, y en estos momentos casi imprescindible, ligar o vincular nuestra dimensión vasca con la europea: una nación como Euskadi, en la que el poder de la identidad nacional es motor de avance del autogobierno, debe evitar un absurdo choque de simbolismos entre el viejo concepto de Estado-nación y el emergente valor o concepto de Estado-región, potenciado por el mercado y las fuerzas e inercias globalizadoras.

En efecto, el nuevo escenario mundial difumina el poder de los estados, y es preciso evitar la proyección mimética de los defectos y los tótems o mitos ya superados, para avanzar de forma efectiva hacia un nuevo concepto de soberanía más efectiva que simbólica.

Por encima del poder de lo intergubernamental frente a lo supranacional, Europa constituye para nosotros el ámbito geopolítico en el que el denostado y superado concepto de soberanía estatal se difumina en favor de una concepción menos vertical, menos jerárquica y menos rígida de la detentación del poder político.

Europa constituye el ámbito geopolítico donde el denostado y superado concepto de soberanía estatal se difumina

Un espacio en el que poco a poco cala la política de la cooperación frente a la de la imposición y la prepotencia del más fuerte, donde los consensos se alcanzan sobre la base de acuerdos y consensos basados en la racionalidad y no en meras sumas aritméticas de poder.

Pese a las imperfecciones y lagunas de su sistema institucional, Europa representa nuestro horizonte de futuro como nación sin Estado, que se muestra empática hacia el reconocimiento de lenguas y culturas minoritarias, que permite la defensa de la diversidad dentro de la unidad, que admite la pluralidad nacional y la diversidad de centros de decisión. Por todo ello merece la pena seguir trabajando desde Euskadi por una mayor integración y profundización del proyecto europeo.

Más Europa, más Unión Europea, supone profundizar en políticas y dinámicas basadas en compartir y no en dividir, en pactar y no en enfrentar, en ser más ciudadanos y menos súbditos, más respeto y menos prepotencia, más participación y menos exclusión, más auctoritas y menos potestas, más pluralidad y menos uniformidad, más consenso y menos imposición.

Ahí radica nuestro futuro como pueblo, como nación, como sociedad. Nuestro reconocimiento identitario no excluyente ni sectario, sino abierto a la riqueza de la mezcla y de la heterogeneidad, pasa por Europa. Y el PNV debe seguir trabajando como hasta ahora para que se nos tenga presentes en Europa, en cuanto vascos integrantes de la ciudadanía europea.