“¡Organización, organización, organización!”

Josu Bergara Etxebarria
Diputado General de Bizkaia (1995-2003)

Los recién llegados a la política creen haber descubierto la pólvora con las primarias, pero ignoran que EAJ-PNV cuenta desde hace décadas con un sistema asambleario imbatible que dota a cada afiliada y a cada afiliado de voz y voto en todas las cuestiones internas del partido, y les permite controlar la actividad institucional a través de la conocida bicefalia.

EN la noche electoral del 15 de junio de 1977, D. Juan de Ajuriaguerra, el hombre que había llevado sobre sus espaldas buena parte de la gestión de la resistencia del nacionalismo vasco contra el franquismo durante los 41 años que lo separaban del ominoso golpe militar del 18 de julio de 1936, esperaba los resultados sentado en una mesa, haciendo solitarios y fumando. Nadie sabía muy bien qué iba a pasar. El franquismo era una especie de agujero negro que parecía que se podía comer todo. La información sobre los resultados, que la red de miembros del partido remitía, ya dibujaba el resultado final. Y llegó el momento en que entendimos que en tres de los cuatro territorios vascos peninsulares EAJ-PNV había sido el partido más votado. El partido iba a tener ocho representantes en aquellas Cortes Constituyentes aún presididas por la bandera franquista.

La estructura basada en los batzokis asegura la presencia del PNV cerca de la ciudadanía y se convierte en antena de las necesidades sociales

Entonces, Ajuriaguerra paró de hacer solitarios y soltó una de esas frases que quedan para la historia: “Ha triunfado la memoria”. Estaba claro. La sociedad vasca al sur de los Pirineos no se había olvidado de que el PNV fue, fuimos, la columna vertebral, la de verdad, de la resistencia contra el franquismo. Desde el primer día de la guerra hasta el día de la muerte del tirano. Una resistencia basada en la defensa de Euzkadi desde la apuesta por la democracia, los derechos humanos y la justicia social. Y así lo recogían los resultados. Pero la memoria es la herencia que nos dejan los que nos precedieron. Empezaba nuestro turno.

Salíamos de la dictadura con una organización como partido adaptada a los tiempos de clandestinidad. Nos tocaba, con urgencia, recuperar la estructura que habíamos tenido antes de la guerra: una organización engarzada en la sociedad y con capacidad de liderazgo. Es cierto que teníamos una organización en mantillas, pero aun así con una gran capacidad, como se demostró aquella misma noche. Con aquellos datos acompañé a Ajuriaguerra al Gobierno Civil. Quería demostrar esa capacidad de organización del partido, y lo hizo. Se los entregó a Manuel María Uriarte, que sustituía al gobernador civil de Bizkaia y jefe provincial del Movimiento, José Antonio Zarzalejos, quien había dimitido al oponerse a la legalización de la ikurriña. Uriarte agradeció los datos: ellos aún no tenían una previsión de resultados.

La Asamblea Nacional de Iruñea Las bases para recuperar esa organización se pusieron poco antes: en la Asamblea General de Iruñea de marzo de 1977. No podemos dejar de tener en cuenta que era la primera que se realizaba desde la que se hizo en Elgoibar… ¡en 1933! Eran cuatro ponencias a debatir y aprobar: la política, dirigida por Xabier Arzalluz; la cultural, dirigida por Iñigo Agirre; la socio-económica, a cargo de Kepa Sodupe; y la de organización, de la que me encargué. Llegaban a la Asamblea tras año y medio de un debate muy participativo entre los alderdikides que conformaban aquellas incipientes organizaciones municipales, aún clandestinas. Un debate que, además, ayudó a consolidar y a desarrollar nuestra base organizativa histórica: la municipal.

En aquella Asamblea, en un momento que dejó una profunda huella, un histórico abertzale guipuzcoano, Gerardo Bujanda, subió a la tribuna. Y, cuando pudo hablar tras los aplausos, dijo una de las cosas más importantes que se oyeron en aquellos días: “¡Organización, organización, organización!”. Y bajó de la tribuna. Era la clave. Todo lo que pensásemos, todo lo que planteásemos, solo se podría llevar adelante si teníamos una organización fuerte, cohesionada, con capacidad y bien engrasada.

Batzokis, participación y bicefalia Tenemos hoy una estructura interna basada en los batzokis, que garantizan algo más que una toma de decisiones que va de abajo hacia arriba: también aseguran la presencia de nuestra organización cerca de la ciudadanía, y se convierten en antenas de las necesidades sociales y de las problemáticas que se viven en cada pueblo y en cada barrio.

Los afiliados tienen garantizada su participación en todos los procesos de decisión. Nuestro sistema asambleario es, en ese campo, imbatible: todas las decisiones pasan por asambleas y van subiendo, en función de su ámbito y alcance, de las organizaciones municipales a las territoriales, y de estas a las nacionales. Los representantes internos, bien sean de las juntas municipales o de los órganos de gobierno territoriales o nacionales, tienen que rendir cuentas a las asambleas que los han elegido. Todos los cargos públicos tienen que dar cuenta de su labor a dichas asambleas. En definitiva, las afiliadas y los afiliados tienen el control tanto del funcionamiento interno del partido como de su acción institucional.

Las incompatibilidades son estrictas; los miembros de los órganos internos no pueden tener cargo público: el controlador no puede controlarse a sí mismo

El tercer elemento clave de nuestra estructura organizativa es algo que se ve muy poco: la bicefalia. Las incompatibilidades son estrictas. Los miembros de los órganos internos no pueden ostentar cargos públicos, sobre todo si el control de la gestión de este último está en manos de dicho órgano interno. Como es imposible que el controlador se controle a sí mismo, nuestro sistema evita que pase eso.

Una de las funciones clave de nuestros órganos internos es controlar la gestión de nuestros cargos públicos. Porque es el partido el que marca la política que debe guiar la acción institucional en los ámbitos que están a nuestro cargo. Las experiencias que hemos tenido en estos últimos 40 años de intentos de actuar al margen o en contra de las directrices del partido han dado lugar a las tristes experiencias de las escisiones que tanto daño han hecho. A nosotros y al país.

Aprender de nuestra historia y seguir aquella recomendación de Bujanda han sido las claves para que el partido sea, desde hace 125 años, el eje que vertebra el camino de la libertad y del bienestar de nuestra patria.

Eskerrik asko, Gerardo!

Democracia, convicciones y realismo al servicio de Euskadi

Koldo Mediavilla
Responsable de Política Institucional del Euskadi Buru Batzar

El nacionalismo vasco surgió como un movimiento ideológico de carácter reactivo que pretendía defender la existencia de un pueblo, de una realidad nacional, amenazada por la influencia y –en su caso– por la coacción de otra/s que pretendían su reducción, subordinación y sometimiento. De la abolición del sistema foral, como tributo de guerra; de la asimilación de los territorios vascos a la “unidad constitucional de la monarquía”; y de la pérdida paulatina de los signos identitarios básicos –el idioma, las instituciones, etc– brotó a finales del siglo XIX el concepto de Euskadi, la patria común de los vascos. Fue una respuesta democrática por la cual se concitaba la adhesión de voluntades en la construcción de un Estado vasco, en pie de igualdad al resto de realidades amparadas por el principio de las nacionalidades.

Un partido que aspire a la liberación nacional de su pueblo debe ser muy consciente de cuál es la realidad de este

Y, en ese objetivo, el PNV fue creado como una herramienta que trabajara por alcanzar dicha meta. Desde su alumbramiento como organización han pasado ya 125 años de complicado tránsito. Muchos de ellos condenados a sufrir la represión, el castigo y la prohibición. Conocimos la miseria y el horror de la guerra y la violencia. Aquí, en Euskadi. En el Estado. Y también en Europa. Frente a la fuerza y la intolerancia, siempre optamos por la democracia. Por la libertad. En contra de las dictaduras, del genocidio y, también, de la aplicación del terror con intencionalidad política. Democracia, libertad, porque en nuestra convicción los derechos humanos son principios prepolíticos que nos asisten a las personas. Seamos estas vascas, españolas o alemanas.

Hemos sobrevivido a tanta desgracia contraponiendo nuestra voluntad de construir nuevas propuestas de convivencia. En Euskadi, en el Estado y también en Europa, donde la labor del PNV fue pionera en la búsqueda de un concierto entre naciones que floreciera en un espacio compartido de paz y progreso.

Somos conscientes de que a una sociedad no se le pueden proponer desafíos que no esté dispuesta a asumir

En todo este tiempo, cuando las condiciones democráticas nos lo han permitido, la acción del PNV ha sido fundamental para poner en marcha la estructura institucional y de poder de un país moderno y próspero. Una realidad homologable a las más avanzadas de nuestro continente europeo en lo que a calidad de vida se refiere, pero sin disponer aún del reconocimiento nacional pretendido.

Nos queda aún mucho camino que recorrer. No somos tan ingenuos como para pensar que el objetivo de Euskadi como patria de los vascos se forjará de la noche a la mañana. Pero, de igual manera que nuestros principios se mantienen fuertemente instalados en nuestro ideario, también somos conscientes de que a una sociedad no se le pueden proponer desafíos que no esté dispuesta a asumir. Un partido-movimiento que aspire a la liberación nacional de su pueblo debe ser muy consciente de cuál es la realidad de este. Identificar sus inquietudes, sus sueños y sus necesidades. Y acompasarlo en su caminar. Con paciencia, decisión y templanza. Convencer sin imponer. Volando bajo. Así hemos llegado hasta aquí. Un siglo y cuarto después.

Gracias a ello, a vivir intensamente la democracia interna y externa, con unidad con las ideas claras y con realismo, hoy el PNV puede decir que tiene la representación institucional y política más importante de su historia. Un poder cuya función está al servicio de Euskadi. O, lo que es lo mismo, al servicio del bienestar de las vascas y de los vascos.