Lepoan hartu ta segi aurrera!

Andoni Ortuzar | Presidente del Euskadi Buru Batzar

El “infatigable caminante”, como lo definí hace cuatro años en la Asamblea General de Iruña; el “partido-guía”, como nos llaman algunos desde el respeto, otros desde la envidia; o simplemente, y como so-lemos decir las y los alderdikides, “el Partido” está nuevamente en marcha. A pesar de todas las adversidades, a pesar de la pandemia y todas sus restricciones y negativas consecuencias, con 125 años de bagaje político y social, Euzko Alderdi Jeltzalea ha vuelto a colgarse la mochila de este país al hombro y con calzado cómodo y resistente y la makila bien sujeta se apresta a seguir el camino de la libertad para esta nación. Habrá obstáculos, repechos y climatología adversa, pero con “batasuna eta indarra” avanzaremos paso a paso, metro a metro, hasta alcanzar la soberanía plena de Euskadi.

Escribo este artículo profundamente agradecido al Grupo Noticias por haber tenido una idea editorial tan generosa y tan necesaria. Nuestro país tiene una larga historia, pero no muchas de sus instituciones u organizaciones tienen los 125 años que el 31 de julio cumplió el PNV. Una trayectoria que precisamente ha escrito páginas, muchas páginas de la reciente historia de nuestro país. El PNV es el fruto de una idea genial de Sabino Arana pero motivada por la postración y la crisis que vivían los territorios vascos tras las guerras carlistas y la llegada de la monarquía unitaria liberal que acabó con nuestra antigua constitución, los fueros. El PNV es la respuesta para salir de aquella parálisis. Una especie de pértiga que impulsara a nuestra sociedad desde el Antiguo Régimen al descubrimiento de la identidad nacional moderna, tal y como se vivía por entonces en toda Europa. Se saltaba así de la depresión por haber perdido el Viejo Fuero a la ilusión por construir, por primera vez, un proyecto nacional que abarcaba a toda Euskadi. Era una respuesta moderna a un viejo desafío.

El PNV fue la pértiga que permitió a la sociedad vasca saltar desde la depresión por la pérdida foral a la ilusión por un proyecto nacional que abarcaba a toda Euskadi

sinónimo de modernidad Esa es la primera característica que quiero rescatar del PNV. El partido siempre ha dado respuestas modernas, en cada época y a cada desafío. A pesar de todos los sambenitos que desde fuera de nuestro perímetro político se nos intentan colocar, PNV es sinónimo de modernidad. Modernidad, primero, a la hora de establecer su propia estructura como partido. Todavía hoy somos estudiados como un raro pero atractivo caso de organización abierta, asamblearia, con un reparto único del poder gracias a la bicefalia y a las incompatibilidades, y por su incardinación en todos los pueblos y estamentos sociales, merced a la red de batzokis y juntas municipales. Moderna también ha sido su línea de actuación política, trayendo siempre a Euskadi lo último y las tendencias más vanguardistas. Desde el renacimiento cultural del euskera y las artes vascas en las primeras décadas del siglo XX a la Renta de Garantía de Ingresos o el Guggenheim, las propuestas y las medidas impulsadas por nuestra gente en los gobiernos –desde aquel 1917 en que un nacionalista, De la Sota, dirigió por primera vez una institución vasca, la Diputación Foral de Bizkaia, hasta el actual Ejecutivo del lehendakari Urkullu– han sido pioneras y progresistas. Progresismo para poner a las personas como centro de todo el proyecto abertzale. Una Euskadi libre de mujeres y hombres libres.

Tan moderno como descubrir, bastantes años antes de que se fundara la Comunidad Europea, que el futuro de Euskadi estaba ligado al de Europa, una Europa unida, fuerte y democrática. Se ponía en práctica así el nacionalismo más internacionalista de cuantos existen. Porque el proyecto político del PNV tiene su centro en Euskadi, pero nunca nos hemos ensimismado en nuestra realidad, sino en compartirla con otros pueblos y naciones del mundo.

estar donde había que estar Otra característica de los 125 años del largo caminar del PNV es que sus dirigentes siempre condujeron al partido al lado bueno, aunque muchas veces ese fuera un sitio incómodo o de sufrimiento.

Pese al ‘sambenito’, PNV es sinónimo de modernidad: lo es su raíz asamblearia y su acción política, desde el renacimiento del euskera al hidrógeno verde

Así como Sabino supo idear un instrumento nuevo para salir de una vieja realidad, las sucesivas dirigencias del alderdi han sabido posicionarse en cada momento histórico en el sitio correcto, donde debían estar en la lucha por Euskadi y la democracia. Pasó frente a la dictadura de Primo de Rivera, en el advenimiento de la República, en la Guerra, la posguerra y el exilio, en el apoyo a las democracias europeas en la II Guerra Mundial –aunque luego ellas nos abandonaran–, poniéndonos desde el principio frente a ETA y contra la violencia, aceptando entrar en una Transición que no nos gustaba del todo pero que abría la puerta a un autogobierno gradual, encarnado después en el Estatuto de Gernika, o luchando después para defender y mantener ese autogobierno, y luego ampliarlo. Y en muchas de esas ocasiones, estar en el lado correcto ha sido situarse sobre una cama de clavos, que han forjado el mito de nuestros grandes dirigentes. Desde los primeros aranistas hasta los lehendakaris de la época moderna (Garaikoetxea, Ardanza e Ibarretxe), pasando por Agirre, Leizaola, Irujo o Landaburu en el Gobierno, y los Ajuriaguerra, Uzturre, Arzalluz, Unzueta, Sudupe, Retolaza, Atutxa o Imaz en el partido.

hacer lo que había que hacer Pero no solo supieron situarse donde era justo y bueno para su patria, sino que también hicieron lo que en cada momento era necesario y conveniente para el pueblo vasco. Las apuestas políticas, económicas y sociales del PNV han sido prácticas de éxito en su inmensa mayoría. Sin caer en harrokeriak, la Euskadi de hoy se explica en gran medida por los retos que a lo largo de cada etapa han ido lanzando las mujeres y los hombres del PNV.

Desde la creación de Euskaltzaindia o las primeras ikastolas en los inicios del siglo XX, hasta la futurista política energética de hidrólisis o el hidrógeno verde, hay un hilo conductor detrás de cada una de las propuestas y planes que se han desarrollado en este país a impulso del PNV. Progresar, fortalecer la sociedad vasca, crear empleo y riqueza para repartirla y no caer ni en rígidas ideologizaciones ni en nuevas tendencias facilonas.

Ha sabido posicionarse en cada momento histórico en el sitio correcto en la lucha por Euskadi y la democracia, aunque fuera un sitio incómodo o de sufrimiento

Frente a ETA, que pistola en mano decía que había que ir a la ruptura en 1977, el PNV optó por la apuesta política. Aunque el ministro socialista Carlos Solchaga decía en 1982 que la mejor política industrial era la que no existía, en Euskadi hemos tenido sucesivos planes estratégicos industriales que nos han llevado a ser punteros. Mientras había quien decía que hacer un museo era un despilfarro y que lo que teníamos que hacer era seguir manteniendo las empresas públicas del antiguo INI, la Diputación de Bizkaia y el Gobierno vasco sacaron adelante el Guggenheim. Lo mismo podríamos decir con la autovía de Nafarroa, los modelos lingüísticos o la educación concertada, la transformación de las capitales vascas o la apuesta por la cooperación transfronteriza con Iparralde. Por no citar el salario mínimo de inserción, hoy conocido como RGI. Proyectos que fueron discutidos, tachados de innecesarios o contraproducentes y que hoy dibujan la mejor Euskadi, ya que sin ellos nuestro país sería más pobre e injusto y estaría más aislado y dependiente.

el futuro se escribe andando Realizado este vistazo al pasado lejano y al presente reciente de nuestro partido y su acción, nos queda encarar el futuro. ¿Cuál va a ser el rumbo que va a tomar el “infatigable caminante”? ¿Qué ritmo va a imprimir? ¿Qué espera la sociedad vasca de su “partido guía”? ¿Cómo va a responder “el Partido” a los cambios sociales e intergeneracionales, empezando por su propia estructura de dirección? A todas esas preguntas deberá responder el PNV en su Asamblea General aplazada sine die por la situación de pandemia. A ellas se referirán lógicamente las comunicaciones, propuestas de resolución, documentos y estatutos que allí se traten. No sería honesto por mi parte que las respondiera yo ahora en este artículo. Pero sí me atrevo a adelantar que la respuesta va a ser el movimiento. El PNV no se va a quedar parado. Marcará una dirección clara y un ritmo seguro para seguir construyendo una Euskadi más próspera, más justa y más libre. Sabrá decidir dónde estar y qué hacer, como ha hecho siempre en sus 125 años de historia. Y lo hará estando atento a lo que la ciudadanía vasca diga que espera de nosotras y de nosotros. Y ofreciendo al país las mejores de sus mujeres y los mejores de hombres para guiar a esta nación a la cumbre y poner allí la ikurriña.