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Deportistas y personas

Detrás de esa coraza de héroes indestructibles de muchos deportistas, también está la persona. No es oro todo lo que reluce al hablar de las estrellas multimillonarias a las que, a menudo, se mira con envidia. Se me vienen a la cabeza ejemplos de futbolistas o baloncestistas de la NBA arruinados por tener una mala cabeza y no saber digerir el éxito. Los hay también que tras la retirada son olvidados de mala manera y caen en la más profunda depresión. Robert Enke, Yago Lamela, Marko Pantani, Jesús Rollán, Chava Jiménez... todos ellos padecieron enfermedades mentales antes de perder trágicamente la vida. El último capítulo de esta problemática afecta a Ricky Rubio. El base catalán, uno de los grandes del deporte español de las dos últimas décadas que ya dio un ejemplo de entereza cuando falleció su madre por un cáncer, se ha bajado del Mundial para, en palabras suyas, “cuidar su salud mental”. Desde luego, el asunto no es ninguna broma y airearlo en público le otorga un mérito añadido. En un mundo cada vez más profesionalizado y enormemente competitivo donde no solo vale contar con un físico privilegiado, sino también una fabulosa capacidad de adaptación psicológica a las situaciones más adversas, las secuelas pueden llegar a ser mortales de necesidad. Ahora empezamos a saberlo.