ltimamente se han descubierto algunos pasajes relativos a sus inicios. James Hetfield, el carismático cantante de la banda californiana, desvelaba el pasado mes de octubre en la radio de Manhattan Sirius XM cómo John Bush fue un firme candidato a haber sido vocalista de Metallica. El plan no llegó a ejecutarse debido a que Bush se había comprometido con el grupo Armored Saint. El también excantante de Anthrax, por su parte, ha reconocido recientemente que se siente “súper halagado” por la propuesta que le hicieron para unirse a las filas de los Cuatro Jinetes del heavy metal. “Ese nunca fue mi destino. Es lo que siempre digo. El cantante de Metallica es James Hetfield. No hay otro. Ese era su destino”, zanjó. Pero a veces las cosas suceden por golpes de suerte o decisiones inesperadas. “La historia pudo haber sido muy diferente”, expresó el propio Hetfield en 2011, entonces metido de lleno en la celebración del 30 aniversario del grupo. Otro cantante que se sumó a la lista de candidatos de Metallica fue Jess Coxx, de los pioneros ingleses Tygers of Pang Pang.

En todo este tiempo han publicado 10 álbumes de estudio y 8 discos en directo. Sus giras son estratosféricas, el público los adora. La evolución musical va del trash metal de sus comienzos, pasando por el heavy y el punk y cuentan incluso con una colaboración con Lou Reed que se materializó en el polémico disco ‘Lulú’, de 2011, una ópera rock arriesgadísima que irritó a los seguidores más conservadores de la banda y entusiasmó a algunos (pocos) críticos. Metallica, que entró en el Salón de la Fama del Rock and Roll en 2009, es toda una institución del metal. Su origen se remonta al 28 de octubre de 1981, cuando el batería Lars Ulrich y el guitarrista y cantante James Hetfield se conocieron a través de un anuncio en un periódico. Un amigo de la escena metalera, Ron Quintana, propuso que el grupo se llamase Metallica. Y así se quedó.

Dos años más tarde publicaron su álbum de debut, ‘Kill `Em All’, que ya atesora varios clásicos instantáneos como ‘The Four Horsemen’, ‘Seek and Destroy’ o ‘Whilplash’. El salto internacional se produjo en marzo de 1986. ‘Master of Puppets’, su tercer disco, llegó a las listas de éxitos y confirma el ascenso del cuarteto. Metallica era una máquina de trash metal que abría los conciertos de Ozzy Osbourne, líder de los seminales Black Sabbath. Pero ese mismo año un accidente de tráfico en Suecia se cruzó en su camino y marcaría el destino del grupo para siempre. El autobús de la gira patinó en la carretera, perdió el control y terminó volcándose. El bajista Cliff Burton, de 24 años, perdió la vida en este trágico suceso. Desde entonces, han pasado por sus filas dos bajistas más: Jason Newsted (1986-2001) y Robert Trujillo. Suele ser una fuente habitual de controversia y discusión entre los fans. En las conversaciones metaleras, el debate sobre la nula presencia del bajo en el cuarto trabajo del grupo, ‘...And Justice For All’, de 1988, es muy recurrente. La decisión de silenciar a Newsted se le suele responsabilizar al batería Ulrich, extremo confirmado hace poco por el responsable de las mezclas del disco, Steve Thompson. El cofundador de Metallica lo achaca, no obstante, a una cuestión de “equilibrio”. “Supongo que James y yo encontramos la manera de aportar nuestra visión y de que todo pudiese coexistir (letras, sonido, voces) sin que afectase al conjunto y nadie diera un paso atrás. Era como si todos estuviéramos conectados. Así avanzábamos. Así fue cómo funcionó”, argumenta. Y sobre el papel testimonial del por entonces nuevo bajista, sentencia: “Esto es lo que tenemos. Nadie nos lo va a joder. Nadie va a tocarlo. Nadie va a involucrarse. Somos los guardianes”. Sea como sea, ‘...And Justice For All’ se encaramó en lo alto de las listas de éxitos de Estados Unidos -alcanzó el número 6- y sacaron su primer vídeo musical, una oscura obra maestra concebida en blanco y negro titulada ‘One’. Era el anticipo del éxito masivo. La conquista mundial estaba a la vuelta de la esquina.

Del disco ‘Blanco’ de los Beatles se suele decir que contiene las mejores y peores canciones de su carrera. Tras el baño psicodélico de ‘Revolver’ y, sobre todo, ‘Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band’, el doble álbum se caracterizó por una apertura de miras sin precedentes y la ebullición creativa de un grupo en expansión. En el caso de Metallica, la portada del disco que publicaron en 1991 es negra y en un principio de título homónimo, aunque ha quedado para la posteridad como su particular ‘Black Album’. Aquí no hay discusión: es el disco más laureado del grupo (16 millones de copias vendidas, Premios Grammy y MTV) y la gira, estratosférica, duró tres años con un total de 300 shows. En uno de sus tramos unieron sus fuerzas con otras bestias pardas del hard rock, Guns N` Roses, dando pie a su primer disco en directo, ‘Live Shit: Binge & Purge’. Metallica había triunfado.

Los méritos de la reconversión y éxito planetario del grupo se los suele llevar el productor Bob Rock, habitual colaborador de Aerosmith, Mötley Crue o Bon Jovi, que llevó a buen puerto sus propuestas frente a un receloso Hetfield. De hecho, al cantante de Metallica le pusieron el apodo de ‘Dr. No’ por negarse una y otra vez a llevar a cabo las nuevas ideas. El plan era ir al grano, ser más directos. Fue una época delicada en la vida sentimental de los miembros del grupo. Tres de los cuatro miembros de Metallica atravesaron sendos procesos de divorcio y las composiciones se volvieron más íntimas, como se demuestra en la popular balada ‘Nothing Else Matters’. Los viejos fans pensaron que el grupo se había ablandado; a cambio, habían logrado conquistar el mundo. Por primera vez llegó al número uno de las listas de éxito en 10 países. Muy pocos discos de heavy metal pueden decir lo mismo.

1991 perdura en la memoria de los aficionados al rock como una de las últimas grandes cosechas. Nirvana (‘Nevermind’), Primal Scream (‘Screamadelica’), REM (‘Out of Time’) o U2 (‘Achtung Baby’) publicaron algunos de sus mejores discos. En el caso de Metallica ocurre lo mismo. La efeméride se ha celebrado a lo grande. Además de una fastuosa reedición que incluye múltiples formatos, directos, púas de guitarra, entradas de conciertos y tres pistas distintas de ‘Enter Sandman’, entre otras sorpresas, el año pasado salió a la luz ‘The Metallica Blacklist’. Se trata de un disco homenaje en el que 53 artistas de todos los géneros (indie, country, hip hop, pop, rock...) confiesan su amor por Metallica versionando las canciones del disco. Lars Ulrich, a sus 57 años, no vislumbra el final del grupo y augura “20 o 30 años más de vida”. Su argumento principal es que Metallica es una banda “sana” y así se tiene una “mayor probabilidad de alcanzar la longevidad”. Larga vida pues a los guardianes del heavy metal.

“Recuerdo que Naiara tenía la carpeta del cole forrada con pegatinas de Metallica”

“Fui a ver a Metallica a Donosti cuando tenía 13 años. Me llevó mi primo Iñaki y flipé”