Lorenzo Silva: “No necesito dinero para escribir una novela, necesito solo una idea”
Entre reflexiones sobre el azar cinematográfico y el fracaso de algunas de sus adaptaciones a la gran pantalla, el autor madrileño vuelve a la novela con la intención de revelar cómo el diálogo honesto con sus lectores sostiene su longeva carrera
Nacida de un encuentro fortuito con la familia del general Campins, en la novelaCon nadie, el escritor Lorenzo Silva explora las paradojas de un militar cuya historia no era muy conocida, pese que no dudó a la hora de anteponer su conciencia y su ética a la conveniencia de su persona.
La historia de esta novela surgió de un encuentro casual con el nieto del general Campins. ¿Qué le contó sobre él que lo convenció?
Vino a una presentación de otro libro, donde había un personaje un poco parecido -José Aranguren- que protagoniza Recordarán tu nombre, y vio alguna afinidad. Me dijo: “Creo que a usted le puede interesar esta historia”. Yo sabía de la existencia de Campins, lo que no tenía era un conocimiento profundo de su biografía. Me invitó: “Si usted quiere, le puedo dar papeles, documentación, el archivo de la familia...”. Cuando empecé a indagar en el personaje, sí que me interesó. Sobre todo, porque tiene muchas paradojas, contradicciones, cosas que -en principio- no deberían ir juntas... Por ejemplo, es un hombre de acción, un militar de primera línea, está en acciones de combate, en cargas de caballería, en asaltos de infantería... Y, al mismo tiempo, es un tipo estudioso, reflexivo, que lee, que estudia y que habla inglés y francés. Además, es alguien que se pone en contra de la sublevación militar el 18 de julio y, sin embargo, cuando lo condenan a muerte, Franco intercede por él. Esto también llama la atención, ¿no? ¿Qué tenía este personaje para que Franco, que no intercedía por nadie ni era una persona excesivamente compasiva, pidiera clemencia para él?
El título del libro es Con nadie, ¿preservar la conciencia es más importante que quedarse solo cuando el resto elige el bando que más le conviene?
Sí, él se ve en una encrucijada, porque realmente podría haber hecho lo que le convenía y le habría ido bien. Y, además, le respetaban, porque él tenía una hoja de servicio brillante. Piensa que tiene que obrar con arreglo a sus principios, y son mantenerse en la legalidad: cumplir la palabra que ha dado. Le han dado las armas no para quitar vidas, sino para preservarlas.
Respecto al resto de sus obras, firma la serie de la inspectora Manuela Mauri junto a Noemí Trujillo. ¿Cómo se negocia una trama y un final cuando se escribe a cuatro manos con una pareja?
Bueno, hay que hablar mucho, hay que tener algunas coincidencias fundamentales: algunos aspectos de cómo es la vida, y demás. Yo no veo la vida como Noemí, ni ella como yo. Además, no sería saludable para ninguno de los dos. Digamos que lo que tienes que encontrar es ese territorio de consenso, trabajar ahí y, luego, dejarle un poco de margen y de iniciativa al otro. Y estar abierto a que el resultado final sea en parte fruto de tus ideas y en parte fruto de ideas ajenas. Quizá lo que es más difícil, pero con el tiempo creo que se ha quedado en la práctica, es que tienes que trabajar con el mismo entusiasmo con tus ideas y con las ajenas, si las has aceptado. Ahí siempre pasa, ¿no? Si algo no lo vemos, lo quitamos. Tú primero negocia, si te estás dando cuenta de que estás intentando llevar al otro por un lugar que no quiere ir, es mejor buscar otro camino.
Su obra, La flaqueza del bolchevique, fue un éxito en el cine. ¿Esto le ha influido hasta el punto de escribir pensando en futuras y posibles adaptaciones?
No, no por una razón. Esa novela llegó al cine en el año 2003, hace bastantes años. Esa adaptación fue bien, ya se había adaptado antes otra novela en 2002: El alquimista impaciente. En estos 20 años, a mí me han hecho muchas ofertas cinematográficas, y muchas han fracasado. Es decir, el cine al final intenta muchos proyectos, pero la inmensa mayoría fracasa. Yo he podido firmar con productores cinematográficos, a lo mejor, 25 contratos, y se han hecho 3 películas..., las demás han fracasado. Como es un terreno tan azaroso, no pienso en eso. Sobre todo, porque en el ámbito de la literatura yo no estoy sometido a esas incertidumbres. Cuando yo me propongo un proyecto, lo termino. ¿Por qué han fracasado esas veintitantas películas? Porque no han encontrado dinero para rodarlas. Yo no necesito dinero para escribir una novela, necesito solo una idea.
Este año se va a estrenar otra película de su novela Carta blanca...
Yo siempre pensé que nunca se iba a hacer, porque es una película de acción, de época, en exteriores, cara... Digo: “Esto no lo va a hacer nadie”. Y al final se ha hecho. Tampoco me muero por ello, pero si alguien del cine entiende que el proyecto literario le puede dar para uno cinematográfico, yo estoy abierto y me parece siempre interesante. Yo he escrito también guiones, y lo que te desespera de la escritura cinematográfica -yo por eso prácticamente la he abandonado- es que tú emprendes proyectos que no dependen de ti. A lo mejor, estás trabajando un año y el proyecto no sale. No porque no tenga valor creativo, sino porque no consigues encontrar el dinero para hacerlo.
Con más de dos millones y medio de lectores a sus espaldas, ¿cuál cree que es el secreto para mantener esa gran afluencia de personas interesadas?
Intento no defraudar a mis lectores, hay que mantener un pacto de lealtad y honestidad. Intento pensar mientras escribo que es una conversación. Si tú eres capaz de ofrecerle a alguien una conversación interesante, la gente se incorpora. Otra cosa es lo que provoca el vínculo a largo plazo: un aspecto afectivo, de cariño.
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