Opinión

Una derrota merecida

15.12.2020 | 00:43
Una derrota merecida

el Deportivo Alavés y la SD Huesca escribieron el sábado otro renglón, el decimotercero, en el histórico de enfrentamientos con un saldo muy positivo para el conjunto albiazul teniendo en cuenta solo los resultados de liga desde Segunda B a Primera: ocho victorias por cuatro derrotas. Las únicas tablas se produjeron en el partido de la tercera jornada de la campaña 1991-92 del grupo II de Segunda B disputado en Mendizorroza, en la que el Alavés no comenzó con buen pie ya que encadenó tres empates de forma consecutiva. El míster albiazul era Luis Astorga que en la temporada anterior, en su segunda etapa en el club, había llevado al equipo a la fase de ascenso, que no consiguió, y en esta fue sustituido por Tomás Balbás, entrenador de un cadete albiazul, en la jornada dieciocho. De nuevo jugaron la promoción pero tampoco en esta ocasión se alcanzó el ansiado ascenso a Segunda. Recuerden, hasta la quinta no fue la vencida. Participaron en aquel partido jugadores como Eladio, Ocenda, Berástegui, Aguirreoa (marcado por el partido en Badajoz), Feijoo y Urbina. En el rival, con Manolo Villanova al frente, ningún futbolista que destacara en la profesión. Cabe mencionar a Arnedillo, que en la temporada 1984-85 jugó en Vitoria.

Retrocediendo unos años, temporada 1974-75, nos encontramos con una eliminatoria copera en la que se impuso el conjunto albiazul con un triunfo por la mínima en Mendizorroza después de las tablas en El Alcoraz. Y rebobinando un poco más, los más veteranos recordarán que en las temporadas 1971-72 y siguiente se enfrentaron en Tercera con un balance equilibrado, un triunfo para cada uno y dos empates. La última victoria aragonesa databa de la temporada 2008-09, en el primero de los seis encuentros que dirigió Mandiola al Alavés. Era directivo del club Javier Ortiz de Zárate, figura clave para evitar la desaparición de la entidad tras el paso del ucraniano por el club y padre del presidente en aquel tiempo, que nos dejó días atrás.

Al Huesca se le resistía la primera victoria de esta temporada, parecía que se les había olvidado ganar. Pero, claro, no contaban con el buenismo de la escuadra vitoriana que cedió con excesiva benevolencia ante el mayor empuje de los locales. Así que, ¡a la decimotercera fue la vencida! Por fin, se hizo efectivo el triunfo oscense en su larga pelea por conseguir el primero tras doce tentativas infructuosas, que les permite abandonar la última posición en detrimento de Osasuna. La verdad es que los jugadores de Machín perpetraron un partido decepcionante, rozando lo indolente y contemplativo, totalmente ineptos para conseguir algo de provecho. El partido no respondió a las expectativas creadas, ya que fue un encuentro sin ritmo, con fallos continuos en el pase y tampoco supieron aprovecharse de las urgencias del rival. Los albiazules no tuvieron su mejor día y el choque se decantó desde el inicio a favor de los azulgranas que mostraron mayor ambición y merecieron los tres puntos ante un Alavés que, sin capacidad de reacción, no hizo nada por ganar.

El choque ya se le torció poco después de comenzado el encuentro, cuando Laguardia se retiró con molestias musculares. Por si esto no fuera suficiente, tras el descanso se quedó en la caseta Navarro como consecuencia de la fuerte patada recibida, de forma involuntaria, poco antes del final del primer período. Esto, unido a la baja obligada de Lejeune, obligó a Machín a configurar una línea defensiva de circunstancias. Pero el problema no era defensivo. Posiblemente haya sido el equipo que menos producción ofensiva les ha generado. El problema radica en la no creación de juego y en la endeblez ofensiva. Los alavesistas atacaron sin fe ni convicción, sin confianza en sí mismos. Los delanteros dejaron de lado sus responsabilidades laborales y se tomaron un descanso sabático. Bien es cierto que no les enviaron balones en buenas condiciones, algo muy habitual, pero tampoco ellos hicieron todo lo posible para recibir en ventaja y causar algo de inquietud a una defensa rival que vivió muy feliz y relajada durante toda la tarde pues no sufrió en absoluto. Por si tienen curiosidad, el guardameta que defendió la portería azulgrana fue el riojano Álvaro Fernández que, en su segundo partido del curso, no tuvo que intervenir en ningún momento; cuando fue necesaria su participación, la acción fue anulada por encontrarse Joselu en fuera de juego. Y respecto al goleador, Ontiveros, no marcaba un gol desde hacía catorce meses; intentó la misma jugada numerosas veces con anterioridad y no cesó hasta que acertó. Ni los defensas ni el portero hicieron nada por evitarlo.

En resumidas cuentas, mañana tienen una buena oportunidad para desquitarse ante el CD Rincón, un equipo de primera. De Primera Regional. Vamos a ver qué nos depara el encuentro.

Los jugadores perpetraron un partido decepcionante, rozando lo indolente y contemplativo, ineptos para sacar algo

Los delanteros albiazules se tomaron un descanso sabático, la defensa rival vivió todo el partido muy relajada y feliz